No estaba seguro de lo poco que podia decirle, al tiempo que aportaba una respuesta satisfactoria, y por desgracia no podia achacarlo otra vez a mi cabeza y lanzar un gemido. Estaba convencido de que ayer habia agotado aquel truco. Y decir que el Pasajero y yo habiamos llegado a la conclusion de que Weiss iria a secuestrar a los ninos, porque eso seria lo que nosotros habriamos hecho en su lugar, tampoco llevaria a nada. Decidi probar una version algo edulcorada de la realidad.

—Es que, hum… Es ese tipo que volo la casa ayer. Tuve la corazonada de que volveria a intentarlo. —Rita me miro—. Es decir, secuestrar a los ninos para hacerme dano.

—Pero tu ni siquiera eres un policia de verdad —protesto Rita, con cierta indignacion en la voz, como si alguien hubiera quebrantado una regla basica—. ?Por que intentaria hacerte dano?

Era una buena observacion, sobre todo porque en el mundo de Rita (y hablando en terminos generales, tambien en el mio), los expertos en salpicaduras de sangre no acaban enzarzados en reyertas de sangre.

—Creo que es por Deborah —argumente. Al fin y al cabo, ella si era una policia de verdad, y no estaba presente para contradecirme—. Era alguien a quien ella perseguia cuando la apunalaron, y yo estaba delante.

—?Y por eso ahora intenta hacer dano a mis hijos? —pregunto Rita—. ?Porque Deborah intento detenerle?

—La mente criminal es asi —argui—. No funciona como la tuya.

De hecho, funcionaba como la mia, y en aquel momento la mente criminal estaba trabajando en una idea acerca de lo que Weiss habria dejado en el coche. No habia esperado huir a pie. Era muy posible que hubiera quedado alguna pista en el sobre adonde iria y cual seria su siguiente movimiento. Y todavia mas: podia contener alguna horrible pista que apuntara con un dedo empapado en sangre en mi direccion. Con ese pensamiento, me di cuenta de que necesitaba registrar su coche ya, mientras Lear estuviera ocupado y antes de que llegaran mas policias al lugar de los hechos.

—Esta loco —continue, porque vi que Rita seguia mirandome expectante—. Puede que tal vez nunca entendamos que esta pensando. —Parecia casi convencida, de modo que, en la creencia de que un mutis veloz era, con frecuencia, el argumento mas persuasivo, indique el coche de Weiss con un cabeceo—. Creo que deberia ver si ha dejado algo importante. Antes de que llegue la grua.

Rodee el coche de Rita y me dirigi a la puerta delantera del de Weiss, que estaba abierta.

El asiento delantero albergaba la habitual variedad de basura de coche. Envoltorios de chicle sembraban el suelo, habia una botella de agua tumbada en el asiento, un cenicero contenia un punado de monedas de veinticinco centavos para los peajes. Ni cuchillos de carnicero, ni sierra para cortar huesos, ni bombas. Nada de interes. Estaba a punto de entrar y abrir la guantera, cuando repare en una libreta grande en el asiento trasero. Era un cuaderno de bocetos de artista, del cual sobresalian los bordes de varias paginas sueltas, sujetas con una goma elastica, y mientras lo miraba la voz de la Habitacion Oscura de Dexter grito, ?Bingo!

Baje del coche e intente abrir la puerta de atras. Estaba cerrada, hundida por el impacto contra el coche de Rita. Me arrodille delante del asiento delantero, agarre la libreta y la saque. Una sirena aullo cerca, asi que me aleje del coche de Weiss y me acerque a Rita, con el cuaderno apretado contra mi pecho.

—?Que es eso? —me pregunto.

—No lo se —conteste—. Vamos a echar un vistazo.

Y ocupado tan solo en pensamientos inocentes, quite la goma elastica. Una pagina suelta cayo volando al suelo y Astor la piso.

—Dexter —dijo—. Se parece a ti.

—Eso no es posible —repuse, al tiempo que le arrebataba la pagina.

Pero si era posible. Era un bonito dibujo, muy bien ejecutado, de un hombre de cintura para arriba, en una especie de pose risiblemente heroica tipo Rambo, sosteniendo un gran cuchillo que goteaba sangre, y no cabia la menor duda.

Era yo.

27

Solo me quedaban unos segundos para admirar la esplendida reproduccion de mi mismo. Y despues, en rapidisima sucesion, Cody dijo, «Guay», Rita dijo, «Dejame ver» y, lo mejor de todo, llego la ambulancia. En la confusion que siguio consegui deslizar el retrato dentro del cuaderno y acompanar a mi familia hasta los paramedicos para que fueran sometidos a una breve pero concienzuda exploracion. Y si bien tuvieron que admitirlo a reganadientes, no pudieron encontrar miembros amputados, craneos desaparecidos ni organos internos reventados, de modo que, al final, no tuvieron otro remedio que dejar marchar a Rita y a los ninos, con siniestras advertencias sobre la obligacion de estar alertas, por si acaso.

Los danos sufridos por el coche de Rita eran en su mayor parte superficiales (un faro roto y el guardabarros hundido), de modo que los meti a los tres dentro. En circunstancias normales, Rita les habria dejado en alguna actividad extraescolar y habria vuelto a trabajar, pero existe una ley no escrita la cual te garantiza que puedes tomarte el resto del dia libre cuando tu y tus hijos habeis sido atacados por un maniaco, asi que decidio llevarles a casa a todos para que se recuperaran del trauma. Y como Weiss seguia suelto, decidimos que, en mi caso, tambien era mejor que hiciera lo mismo y fuera a casa para protegerles. De modo que me despedi de ellos con la mano mientras se internaban en el trafico, y yo emprendi el largo y cansado paseo hasta el lugar donde habia dejado el coche.

Me dolia el tobillo y el sudor resbalaba sobre mi espalda irritada por las mordeduras de hormigas, de modo que para apartar mi mente del dolor abri el cuaderno de Weiss y pase las paginas mientras andaba. La sorpresa de mi dibujo se habia desvanecido, y necesitaba averiguar que significaba, y cuales eran los objetivos de Weiss. Estaba bastante seguro de que no era un simple garabato, algo que habia esbozado distraido mientras hablaba por telefono. Al fin y al cabo, ?quien le quedaba para hablar? Su amante, Doncevic, habia muerto, y el habia matado a su querido amiguete Wimble. Ademas, todo cuanto habia hecho hasta el momento iba dirigido a un proposito muy concreto, y se trataba de un proposito del cual yo habria podido pasar alegremente.

De modo que volvi a estudiarlo. Estaba idealizado, supongo. La ultima vez que mire, no recordaba haber reparado en que tenia unos musculos abdominales tan bien definidos. Y la impresion general de inmensa y feliz amenaza era, aunque tal vez acertada, algo que yo siempre me habia esforzado por ocultar. Pero debia admitir que habia capturado algo, hasta digno de enmarcarse tal vez.

Pase las otras paginas. Era un material muy interesante, y los dibujos eran buenos, sobre todo aquellos en que aparecia yo. Estaba seguro de que mi aspecto no era tan noble, feliz y salvaje, pero quiza se tratara de una licencia artistica. Mientras los examinaba todos y empezaba a hacerme una idea de hacia donde apuntaban, tambien estaba muy seguro de que no me gustaba, por halagador que fuera. En absoluto.

Muchos dibujos plasmaban ideas para decorar cuerpos anonimos en el espiritu que Weiss ya habia demostrado. Habia uno de una mujer con seis pechos. No explicaba de donde habian salido los suplementarios. Llevaba un vistoso sombrero de plumas y un tanga, el tipo de indumentaria que habiamos visto en el Moulin Rouge de Paris. No ocultaba casi nada, y el efecto del sujetador de lentejuelas que apenas cubria los seis pechos era absolutamente fascinante.

La siguiente pagina llevaba un fragmento de papel tamano carta encajado en la encuadernacion. Lo saque y desdoble. Era un horario de vuelos de Cubana de Aviacion, impreso por ordenador con la lista de los vuelos entre La Habana y Mexico D.F. Iba acompanado de un dibujo que plasmaba a un hombre con sombrero de paja y sosteniendo un remo, en el que habian escrito en letras mayusculas ?Refugiado! Pase la pagina. La siguiente mostraba a un hombre con la cavidad corporal abierta y rellena de lo que parecian puros y botellas de ron. Estaba apoyado en un coche descapotable antiguo con la capota bajada.

Pero los dibujos mas interesantes, al menos para mi, formaban la serie protagonizada por una potente imagen central del Intrepido Dexter. Tal vez no diga gran cosa de mi que considerara aquellas imagenes mucho mas atractivas que las que presentaban a desconocidos destripados, pero hay algo fascinante en mirar dibujos de ti descubiertos en el cuaderno de un homicida psicopata. En cualquier caso, fue esta ultima serie la que me dejo sin aliento. Y si Weiss era su creador, me quitaria el aliento definitiva y literalmente.

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