La federal apoyo una mano sobre su brazo para calmarle, y despues me miro.

—?Senor Morgan??Podemos entrar? —Exhibio sus credenciales con paciencia, mientras yo les miraba. Por lo visto, era la agente especial Brenda Recht, del FBI—. El sargento Doakes se ofrecio a acompanarme para hablar con usted —dijo, y yo pense que habia sido muy amable.

—Pues claro que pueden entrar —concedi, y entonces tuve una de esas felices inspiraciones que llegan a veces en el momento preciso—. Pero los ninos se han llevado un susto tan grande… Y es posible que el sargento Doakes les asuste. ?Podria esperar fuera?

—?Cabronazo! —bramo Doakes, como si estuviera gritando alegremente, «?Hola, vecino!»

—Ademas, su lenguaje es un poco grosero para los chicos —anadi.

La agente especial Recht miro a Doakes. Como agente del FBI no podia admitir que nada la asustara, ni siquiera Doakes el cyborg, pero dio la impresion de pensar que se trataba de una buena idea.

—Claro. ?Por que no espera aqui fuera, sargento?

Doakes me fulmino con la mirada durante un largo momento, y en la oscura distancia casi pude oir el rugido airado de su Pasajero. Pero se limito a levantar su garra plateada, echar un vistazo al teclado y pulsar una de sus frases pregrabadas.

—Aun te sigo vigilando, cabronazo —me aseguro la metalica voz risuena.

—Me parece estupendo —reconoci—, pero vigileme a traves de la puerta, ?de acuerdo?

Indique a Recht con un ademan que entrara, y cuando lo hizo cerre la puerta a sus espaldas, dejando que Doakes la traspasara con la mirada.

—Parece que no le cae usted muy bien —observo la agente especial Recht, y me quede impresionado por su agudo ojo para los detalles.

—No. Creo que me culpa de lo que le paso.

Lo cual era cierto en parte, aunque ya le caia mal antes de que perdiera las manos, los pies y la lengua.

—Aja —prosiguio la mujer, y si bien me di cuenta de que estaba meditando al respecto, no comento nada mas sobre el tema. Se acerco al sofa, donde Rita seguia aferrando a Cody y a Astor—. ?Senora Morgan? —Volvio a mostrar sus credenciales—. Agente especial Recht, FBI. ?Puedo hacerle algunas preguntas sobre lo sucedido esta tarde?

—?FBI? —inquirio Rita, con un tono tan culpable como si estuviera sentada sobre bonos al portador robados—. Pero eso es… ?Por que…? Si, por supuesto.

—?Lleva pistola? —le pregunto Astor.

Recht la miro con cierta ternura cautelosa.

—Si —contesto.

—?Dispara a la gente con ella?

—Solo en caso necesario —preciso Recht. Paseo la vista a su alrededor y localizo la silla disponible mas cercana—. ?Puedo sentarme y hacerle unas preguntas?

—Oh —dijo Rita—. Lo siento muchisimo. Yo solo estaba… Si, por favor, sientese.

Recht se acomodo en el borde de la silla y me miro antes de dirigirse a Rita.

—Cuenteme que paso —la insto, y como Rita vacilo, continuo—: Iba con los ninos en el coche, entro en la U.S. 1…

—Aparecio como caido del cielo —senalo Rita.

Bum —anadio en voz baja Cody, y yo le mire sorprendido. Estaba sonriendo un poco, lo cual tambien era alarmante. Rita le miro apesadumbrada, y despues prosiguio:

—Nos embistio. Y mientras yo aun estaba…, antes de que pudiera…, aparecio en la puerta y trato de apoderarse de los ninos.

—Le di un punetazo en la ingle —intervino Astor—. Y Cody le apunalo con un lapiz.

Cody la miro con el ceno fruncido.

—Yo le apunale antes.

—Da igual —dijo Astor.

Recht miro a los chicos con moderado estupor.

—Bien por los dos —celebro.

—Y entonces, el policia llego y el huyo —preciso Astor, y Rita asintio.

—?Como es que usted se encontraba alli, senor Morgan? —pregunto Recht. al tiempo que volvia la cabeza hacia mi sin previo aviso.

Sabia que haria esa pregunta en algun momento, por supuesto, pero aun no habia encontrado una respuesta chachi piruli. Mi afirmacion ante Coulter de que habia querido dar una sorpresa a Rita no habia logrado el menor exito, y tenia la impresion de que la agente especial Recht era muchisimo mas lista, pues me estaba mirando expectante mientras los segundos se desgranaban, a la espera de una respuesta cuerda y logica de la que yo carecia. Tenia que decir algo, y pronto. Pero ?que?

—Hum —masculle—. No se si se ha enterado de que sufri una conmocion cerebral…

La entrevista con la agente especial Brenda Recht del FBI jamas aparecera en ningun documental que busque mi aprobacion. No parecio creerse que habia vuelto a casa temprano porque me encontraba mal, que me habia dejado caer por la escuela porque era ese momento del dia…, y la verdad es que no puedo culparla. Sonaba de lo mas endeble, pero como era lo unico que se me habia ocurrido, tenia que cenirme a ello.

Tambien dio la impresion de que le costaba tragarse mi afirmacion de que, quienquiera que hubiera atacado a Rita y a los ninos, era un maniaco aleatorio, el producto de la rabia de la carretera, el trafico de Miami y demasiado cafe cubano. No obstante, al final acepto que no iba a obtener ninguna respuesta mas. Se levanto por fin y me miro con una expresion que podria calificarse de pensativa.

—Muy bien, senor Morgan. Aqui hay algo que no encaja, pero supongo que no va a decirme que es.

—No hay nada que decir —conteste, tal vez con excesiva modestia—. En Miami siempre pasan cosas por el estilo.

—Aja. El problema es que da la impresion de que un monton estan sucediendo cerca de usted.

Consegui abstenerme de contestar, «Si supiera…», y la acompane hasta la puerta.

—Mantendremos un policia apostado aqui durante un par de dias, por si acaso —anuncio, lo cual no era una buena noticia, y por una desgraciada coincidencia, mientras lo decia abri la puerta y vi al sargento Doakes casi en la misma postura en que le habiamos dejado, con su mirada malvada clavada en ella. Me despedi carinosamente de los dos, y cuando la cerre, lo ultimo que vi fue la mirada imperturbable de Doakes, como si fuera el gemelo malvado del gato de Cheshire.

El interes del FBI no habia contribuido a mejorar el estado de animo de Rita. Seguia aferrando a los ninos y hablaba con frases a medio terminar. La tranquilice lo mejor que pude, y durante un rato estuvimos sentados todos juntos en el sofa, hasta que al final los movimientos inquietos de Cody y de Astor impidieron que siguieramos alli todos juntos. Rita se rindio, les puso un DVD y se fue a la cocina, donde empezo su terapia alternativa antidepresiva de trajinar con ollas y sartenes, y yo me encamine por el pasillo hacia la habitacion extra que ella llamaba la «Oficina de Dexter», con el fin de echar un vistazo al cuaderno de Weiss y abstraerme en oscuros pensamientos.

La lista de gente que no podia ser considerada amigable estaba creciendo: Doakes, Coulter, Salguero, y ahora el FBI.

Y, por supuesto, el propio Weiss. Seguia suelto por ahi, y aun queria vengarse de mi. ?Volveria a intentar raptar a los ninos, emergiendo de las sombras para apoderarse de ellos, tal vez provisto de pantalones de kevlar y un protector para la ingle? En tal caso, tendria que quedarme con ellos hasta que todo hubiera terminado, pero esa no era la mejor forma de cazarle, sobre todo si no probaba algo diferente. Y si queria matarme, quedarme con Cody y Astor les pondria en peligro. A juzgar por su truco de volar la casa por los aires, estaba claro que los danos colaterales no le preocupaban.

Pero a mi si. Era preciso. Estaba preocupado por los ninos, y protegerles era la maxima prioridad. Era una epifania muy extrana, darme cuenta de que estaba preocupado por su seguridad tanto como por proteger mi identidad secreta. No encajaba con la opinion que me habia forjado de mi, con la imagen de mi mismo que habia construido. Siempre habia obtenido un placer especial persiguiendo a depredadores que elegian como presa a los ninos, pero nunca habia pensado en el motivo. Y desde luego, pensaba cumplir mi deber con Cody y Astor, tanto

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