carrera despareja con un rotundo ?Chaaaann-Chan! final, la bata cayo al suelo espantada por su derrota, y aparecio la nueva Lidia, completamente desnuda y brillando como un faro que llevaria a cualquier barco hacia el naufragio inevitable. Y por eso era imposible no seguir su luz.

Di el paso que me faltaba para abrazarla por la espalda, y todo empezo a girar, enloquecido.

Entonces me desmaye.

24

Me desperte desnudo y en su cama. Ella tambien estaba desnuda.

– No se que me paso… Habra sido el calor -me disculpe-, pero en cuanto se me pase el mareo…

– Cuando se te pase el mareo, te vas -corto ella-. Y quedate tranquilo, «bebe», que no te viole mientras estabas desmayado o agotado. Lo intente, pero no hubo caso. La Nina esa te tiene bien exprimido.

La mire. No pude ver su cara, pero la voz despejaba cualquier duda posible.

Era la nueva Lidia y supe que la vieja no iba a volver.

– No te quiero a medias, Nicolas. No mas limosnas ni gestos piadosos. Eso era para la otra Lidia; conmigo es todo o nada, aunque todo dure unos meses. Dame un cigarrillo.

Se retrepo en el colchon y apoyo la espalda en la pared, las piernas separadas y ocupando espacio, como si me echara de la cama. Y me estaba echando. Rebusque los cigarrillos en el suelo y se los alcance. Encendio dos a la vez y me dio uno. Me deje caer en un sillon o algo asi, porque la oscuridad no ofrecia detalles de ese dormitorio desconocido.

Todavia me sentia raro, un ciego que de pronto enfrenta el amanecer, aunque por algun motivo, el deslumbrante descubrimiento de esta otra Lidia me sonaba a crepusculo triston. O algo peor.

La brasa de su cigarrillo la dibujaba de rojo cuando aspiraba con fuerza y mis ojos se habituaron a la penumbra. La cama era un pais extranjero para el que no tenia visado y del que me habian expulsado amablemente pero con firmeza. Queria volver pero antes, estaba claro, debia cumplir los burocraticos requisitos de rigor.

Ella tenia una pierna contra su pecho y apoyaba un codo en la rodilla. La otra pierna se abria en diagonal y la mano libre caia sobre su sexo, abandonada.

Empece a vestirme a ciegas, sin dejar de mirarla.

– Si no llegas hasta el fondo de esto, voy a tenerte incompleto. Y, la verdad, estas bien, pero no tanto como para gastarme los ahorros en llevarte a Venecia a suspirar por una pelirroja puta y desconocida.

La escuchaba en parte, mis calzoncillos habian desaparecido y no me importaba. No podia apartar los ojos de ella. La mano sobre su sexo no estaba dormida, se movia despacio, acariciandolo como a un pequeno animal carinoso y desobediente. Su voz no mostraba excitacion y su cara, cuando el cigarrillo la iluminaba, estaba seria e indiferente.

– El plazo que te hayan dado, Nicolas. El mismo. Buscala, resolve el enigma que tanto te importa, o renuncia para siempre. Pero no ahora, con la noche y el cansancio y las ganas de tenerme en la mesa baja del salon.

– ?Tanto se me notaba? -pregunte mientras conseguia que la zapatilla izquierda fuera al pie correspondiente y no a una mano, porque la suya seguia en circulos y lineas recorriendo el sexo con vigor creciente.

– Sos transparente -dijo sin agitacion-. Decidi de dia, cuando te des por vencido y sepas que elegis venir conmigo. Tu Lidia de antes te espero demasiado tiempo como para que yo me conforme con tu confusion de una noche llena de sorpresas. Ella era piadosa, Nicolas, y te hubiera aceptado con todas tus dudas. Yo no. Cuando estes seguro, volve.

– ?Me vas a esperar? -pregunte con miedo mientras caminaba hacia la puerta. Conocia la respuesta. Ella la seguia buscando con la mano perdida en el sexo. Me miro, mientras tiraba el cigarrillo en un cenicero.

– No se. Y ahora tampoco me importa. ?No ves que estoy ocupada?

Bajo la pierna y la otra mano y se olvido de mi, concentrada en el placer que buscaba y me excluia. Me quede en la puerta, mientras la veia acariciarse con pericia, retorcerse y ondular. Ya no hablo, y gemia olvidada de todo lo que no fuera esa ola que la ahogaba a solas. Me recoste contra el marco de la puerta, encendi otro cigarrillo, y me quede observando, un miron sin pudor ni interes. Lidia volaba sobre la cama, se proyectaba en caderas disparadas, la espalda clavada en el colchon, el cuerpo saltando y cayendo. Vista de perfil, parecia como si un hombre invisible la estuviera violando con ferocidad de maquina. Cada vez que yo chupaba el cigarrillo con fuerza, el rojo de las brasas la pintaba.

Grito y cayo y volvio a elevarse, y quedo tendida, las piernas separadas y flojas. Despues gimio con pena y apreto las caderas contra las sabanas, como si el hombre invisible estuviera saliendo de ella.

Me aparte de la puerta, para dejarlo salir de la habitacion.

Lidia no me miraba.

Yo tambien sali. Cuando estaba cruzando el salon, oi que me decia:

– Deja la puerta abierta, Nicolas. Y la del portal, entornada.

– ?Esperas visitas?

– No. Pero nunca se sabe. Igual pasa alguien, ve la puerta abierta y entra…

Pense decir algo ingenioso, pero no se me ocurrio nada. Empece a bajar las escaleras y la voz de Lidia, de la vieja Lidia de siempre, me dijo:

– Y anda con cuidado por la calle, bebe. Es tarde y hay mucho loco suelto por ahi.

LUNES

«-Depende del punto de vista

– dijo un senor enormemente bajo.»

JULIO CORTAZAR, Rayuela

25

Alguien me seguia. Me importaba un carajo, pero me seguian. Tenia muchas cosas en que pensar, asi que hice mi marcha calle abajo al estilo Bogart, con varias horas y unos cuantos asombros de retraso. Sin mirar los nombres de las calles, volvia a la casa de Noelia, fumando mientras la noche se preparaba para recoger su cortina oscura y pesada. «Esto de andar medio perdido y con el alba pisandome los talones va a terminar gustandome», pense. Y no era cierto. Tal vez el que me seguia era Silvestre, o el fantasma de Mar Lopez, o el Jamon. O El Muerto.

– Mierda, de repente tengo frio -le dije a nadie.

Aproveche una esquina para comprobar que no era ni el gato ni el fantasma ni el maton enamorado. Tampoco era El Muerto porque vestia una camisa de manga corta y unos vaqueros.

Segui al mismo paso. No estaba asustado. No mucho.

Podia tratarse de un ladron que, en caso de decidirse, conseguiria como botin unos pocos billetes, medio paquete de cigarrillos y dos tangas de Nina. Pero no creia que fuera a robarme, le habian sobrado ocasiones desde que sali de casa de Lidia. La zona por la que ibamos ya estaba mas concurrida, con algun coche ocasional, y grupos lejanos que volvian de la juerga dominguera, o buscaban otro bar para la ultima copa, que siempre seria la siguiente. Todo eso pense mientras avanzaba por la ciudad que no queria despertar al lunes. No podia

Вы читаете Un jamon calibre 45
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату