culparla.

Me senti jugueton, aunque sabia que el tipo no era tan facil de manejar como Philip. Se habia dejado ver porque queria y no me habia alcanzado porque no le daba la gana. Como si quisiera ponerme nervioso.

– Vas a ver lo que es la furia de un gaucho -murmure, mientras cruzaba otra vez la calle y en tres zancadas doblaba la esquina.

Corri hasta la otra calle, mirando para comprobar que todavia no estaba a la vista. Me aplaste contra la pared y pude contar sus pasos. Se paro a mitad de camino. No era un tipo al que ibas a llevar asi nomas a una emboscada. Cruce manteniendome fuera de su vista y despues me asome, para sorprenderlo.

La calle estaba vacia. Entonces me asuste. Busque la avenida mas cercana, pero todas estaban a varias calles de distancia y mi miedo mucho mas cerca. Segui caminando, ahora mas rapido, por el centro del asfalto y estudiando las zonas oscuras antes de cruzarlas. Eran muchas. Busque el llavero en mi bolsillo y lo meti en mi puno izquierdo, con tres llaves sobresaliendo entre los dedos. Era una medida de defensa que me enseno un amigo y a la que recurria cuando andaba solo y asustado. La habia usado en un par peleas de discoteca, y creo que con buenos resultados, aunque estaba tan borracho que no me acordaba bien. Pero eso habia sido en otro tiempo y en otro lugar que se me antojaban borrosos y falsos, como una mala novela leida sin ganas y de a pedazos. Ahora estaba sobrio, con los sentidos alerta y el corazon a la altura del ombligo.

El taxi salio de la nada y salte de alegria al verlo. Ni siquiera grite cuando descubri que el conductor era el mismo de siempre, el vecino de Jamon. El no me reconocio. Veria tantas caras raras mientras rodaba por las noches de Madrid, que una mas no le importaria.

No quise ir directamente a casa de Noelia hasta comprobar que ya no me seguian. Invente una direccion mientras miraba por las ventanillas. El taxi se metio por calles que no conocia, pero al menos me alejaba del miedo pegajoso y el sonido de los pasos repitiendo los mios. Todo volvia a estar bien, pense. Y lo segui pensando hasta que me pregunte por que el coche estaba detenido y al mirar me encontre con el unico y profundo ojo de una pistola que me apuntaba a la cabeza.

– Oiga, si no le gusta ese barrio, podemos ir a otro -dije con apenas un temblor en la voz.

– No podemos ir a una calle que no existe, listo -dijo el viejo al que no le temblaba el pulso-. De modo que bajando, que es gerundio.

– M-m-e equivoque de calle -asegure mientras bajaba las manos al bolsillo para buscar dinero que mostrar. El gesto del tipo con la pistola me detuvo. Abri la puerta para obedecer su invitacion.

– ?Momento! -ordeno-. Mira, chaval, que quieras atracarme, pase. Que son muchos anos en la calle y todavia me ocurren cosas raras. Si yo te contara… Pero nunca se me ha ido un pasajero sin pagar la carrera, asi que mueve las manos con cuidado y afloja el dinero.

– ?Pero si todavia no he llegado a destino!

– A destino vas a llegar si no aflojas mi dinero de prisita.

– ?Que le debo? -pregunte mientras rebuscaba en el bolsillo del vaquero bajo su atenta mirada de tres ojos.

– ?Cuanto llevas?

– Cuarenta euros y dos tangas de una chica morena que esta muy buena y muy loca -declare vencido.

– ?Tangas, de esos que se meten por la raja del culo? -Se asombro-. La otra noche un tipo…, pero no: era mas alto. Y rubio. Chileno, creo. Tambien llevaba unos tangas en el bolsillo. ?Hay cada loco suelto por las calles de noche!

– Tengo otra amiga que esta muy buena y opina lo mismo que usted.

– ?De esa tambien llevas tangas?

– No. ?Que, vamos a estar aqui hasta que sea mediodia? Le advierto que esto se parece mucho a un atraco…

– ?Verdad? ?Venga, deja de ganar tiempo y dame la pasta, que como tengas un complice y aparezca de repente, me los cargo a los dos!

Vacie el bolsillo y lo saque hacia fuera en universal gesto de pobreza. Sin dejar de apuntarme, el tipo agarro los billetes y el vaporoso bultito de los tangas de Nina. Se los llevo a la nariz y aspiro con deleite.

– Que bien huelen, chaval. No entiendo como con una tia asi te dedicas a atracar taxis por la noche, en vez de estar dale que te pego. Ademas, perdona que te lo diga, pero lo de la delincuencia se te da fatal…

No dije nada y baje. Me asome por la ventanilla del acompanante.

– Jefe, suponga por un instante que se equivoca. Entonces seria usted el que me esta robando a mi. Me deja aqui, perdido y sin un duro… Por lo menos deme algo para el viaje.

Lo penso un momento y asintio.

– Tienes razon, chaval: nadie es infalible. Toma, para el viaje -dijo paternal mientras me daba uno de los tangas. Acelero y cuando ya habia desaparecido por la esquina, su carcajada seguia resonando.

***

No tarde mucho en llegar. El malhumor sera fatal para la ulcera, pero pone alas en las piernas. Yo le habia pagado el viaje cuando el estaba maniatado en el maletero del coche. Llegue al portal de Noelia rumiando mi rencor y tan ocupado en imaginar futuras venganzas contra el taxista ladron que no vi al tipo hasta que no lo tuve frente a mi. Era el mismo que me habia estado siguiendo. Lo supe por la camisa. Tenia mas o menos mi edad, tal vez un par de anos mas. Era dificil saberlo, porque la seriedad de su cara lo envejecia. Vestia como tantos jovenes que ganan un sueldo regular o tienen en casa una madre santa y abnegada que plancha los vaqueros con raya y espera paciente el regreso del hijo calavera. Otro tango.

– ?Por que ha hecho todas esas gilipolleces? -pregunto con gravedad.

No sabia si se referia a mis maniobras de evasion o a mi vida.

– Solo lo dire una vez, Sotanovsky -advirtio, repitiendo, sin saber, al finado Mar Lopez-: Marchese, mientras pueda.

Era mas alto que yo, pesaria unos diez kilos mas y tenia hombros anchos. La unica ocasion que tenia de derrotarlo era desafiarlo a hacer crucigramas y teniendo en cuenta mi estado de fatiga, deberia pedir cuatro palabras de ventaja. Y de las largas. Pentasilabicas o algo asi. Nada de dos letras, empieza con R y es el nombre que los egipcios le daban al dios del Sol. La voz enana, dentro de mi, se impaciento. El sacudio la cabeza y entro en el tapiz de luz del portal.

– Se ha metido en algo demasiado grande, Sotanovsky. Y cuando empiecen los problemas, no podra hacer mucho con un manojo de llaves. Es un buen truco, pero la mano tiene que estar firme o se lastimara mas que el que reciba el golpe…

Me di cuenta de que todavia tenia el llavero en el puno, con las tres llaves sobresaliendo. Lo habia llevado asi, desde antes de subir al taxi.

– Es mejor que use una sola llave, dos como maximo; y no de las largas: la palanca al aplicar el golpe le haria soltar el llavero. Adios, y recuerde mi aviso, antes de que sea demasiado tarde…

Giro y empezo a alejarse. Me sente en el portal y dije:

– Gracias por el consejo, inspector Saenz.

Lo tome por sorpresa. Volvio y se planto frente a mi.

– De modo que me conoce. ?Tan mal hice el papel de maton?

– Al contrario. ?Sabe una cosa? La forma que tienen los policias de meter miedo es muy parecida a la que usan sus competidores. ?Quiere un cigarrillo? Venga, sientese un rato. Total, no creo que este de servicio…

Acepto el cigarrillo y se sento en el portal.

– Lo vi en una foto, hace un rato -explique-. Usted es un policia eficiente, Manolo. Pero tambien es un hombre enamorado. ?Por que vigilaba la casa de Lidia? No es la primera vez que voy y me quedo hasta las tantas…

– Es la primera vez desde que ella y yo…

– Conozco a Lidia desde hace anos. Es como una hermana para mi -le menti a medias, porque hablaba de la Lidia de siempre.

Se estaba humanizando. Queria preguntarme, juntar indicios para enfrentar el interrogante de una Lidia que no alcanzaba a entender.

– Vale, estoy celoso. Ella siempre estuvo algo enamorada de usted. Pero me acostumbre, y al ver que era tan estupido como para ignorarla…

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