– Si vamos a intercambiar elogios, sera mejor que nos tuteemos…

– Vale. Habia superado mis celos de ti y empezabamos a hacer planes, no directamente, pero casi. Y Lidia, que ha sufrido mucho, estaba…

– ?Feliz? -complete. Fue honesto y no mintio.

– Dudo que pueda ser feliz como lo entendemos tu o yo, que tampoco creo que coincidamos. Lidia tiene… - buscaba las palabras- problemas para expresar su verdadero yo. Y lo consigue solo en contadas ocasiones.

Yo sabia a que ocasiones se referia. Y el tambien, porque se demoro en imagenes y tactos de la memoria. Despues volvio a la carga:

– Despues de esos desahogos venian etapas tranquilas, cenas y paseos. Pero desde hace unos dias, esta rara y casi diria desconocida. Es como si…

– Como si fuera otra Lidia -propuse.

– Algo asi. ?Y tu, como lo sabes? -pregunto desconfiado.

– Lo se y punto. Mira, Manolo, creo que eres lo mejor que le podia pasar a la Lidia que yo conoci. Esta otra Lidia te puede destruir. Pero si alguien puede ayudarla, eres tu. Mi reaparicion y su cambio te hicieron creer que tengo algo que ver. Pero no. La Lidia que buscas esta muerta o encerrada en la otra que asomaba en algunas noches brutales. No, no me mires asi, porque de tonto no tenes un pelo. ?Vos la queres? A lo mejor vale la pena intentarlo…

– ?Intentar que?

– Lo que salga, rescatar a la vieja o domesticar a la nueva. Pero no me uses como excusa para perderlas. Bastante tengo con mis propias culpas.

Fumo en silencio y le acompane en el humo y las palabras no dichas. Aplasto el cigarrillo contra las baldosas y se puso de pie.

– Creo que lo intentare. -Miro el reloj-. ?Sera muy tarde?

– Siempre es tarde, Manolo. Yo, en tu lugar, iria ahora mismo a su casa y no haria preguntas. -Recorde las puertas abiertas y la bella mujer desnuda en la oscuridad-. Creo que, a su manera, te esta esperando.

– Queda lo otro -dijo-. Estas en un lio y no podre ayudarte mucho…

– ?Por lo del detective? -pregunte.

– No tanto por eso. Sabemos que fue El Muerto. El testigo que te describio tambien nos hablo de el. Y su visita coincide con la hora de la muerte. Por ese lado, no creo que tengas problemas, aunque yo que tu cambiaria de aires. El problema es El Muerto, Nicolas. Ese no olvida ni perdona. Y si esta detras de ti, sera por algo que sospecho, pero prefiero no saber.

– Voy a preguntar una pelotudez: ?Si es culpable, por que no lo detienen?

– Yo sere ingenuo con las tias, pero tu has leido muchas novelas. Con el trabajo que hay en comisaria, la muerte de un pobre diablo no le interesa a nadie. El Muerto ya caera por otra cosa, y entonces saldra a relucir lo que tiene pendiente.

Me dio las gracias y me recomendo que me cuidara. Y salio corriendo en busca de la mujer a la que iba a redimir de sus propios apetitos. Parecia un buen muchacho. Y aunque siempre desconfie de los estereotipos, pense que lo era. Me pregunte si llevaria un hijo de puta dentro, como Lidia, como Nina, como yo y como Noelia. Envidie su capacidad para creer y confiar en una causa, para pelear por su casilla en el tablero y seguir en juego aunque supiera que la derrota estaba asegurada y la victoria dependia del azar de un dado cargado.

Aspire hondo el aire de la madrugada.

Quise sentir que habia hecho una buena obra y no pude. La voz enana dijo que en realidad le habia pasado al tal Manolo un problema que me asustaba. Para callarla, dije en voz alta que desde el mediodia no habia probado bocado.

Abri la puerta y subi los escalones de tres en tres. Solo tenia algo en claro despues de ese dia agotador: que necesitaba emborracharme y comer algo.

O viceversa.

26

El mundo era un amarillento espejo rajado que auguraba setecientos setenta y siete anos de mala suerte si abria un ojo y lo dejaba entrar en la oscuridad de mi resaca. Abri un ojo y lo volvi a cerrar. Tarde. Habia caido en la trampa. Eran por lo menos las cinco de la tarde, alguien me habia desnudado, y mi cabeza iba a explotar, para salpicar de ideas lugubres todo el dormitorio y arruinar el trabajo de Nina, que llevaria un par de horas adecentando la casa. Olor a limpio, a pino o limon. «Pino», pense sin seguridad. La voz quebrada de Armstrong competia con su trompeta por ver cual de las dos se desgarraba primero.

Abri los ojos. Nina cruzo frente a la puerta acarreando una bolsa con basura en la que tintineaban las botellas. Llevaba una de esas tunicas sueltas que se ponia para estar en casa. Iba descalza, las piernas morenas disfrutando del ejercicio, el pelo recogido en una cola. Entro en el dormitorio y empezo a recoger cosas del suelo, abrir y cerrar puertas, todo con el mayor ruido posible. Estaba junto mi y su mirada no anunciaba nada bueno.

– ?Que hora es? -pregunte.

– Hora de levantarse, o perderas el turno de la proxima borrachera.

Se sento en la cama, lejos de mi.

– Mira, majo -enumero, severa y desplegando dedos de su puno cerrado-: que no te fies de mi, pase. Que te de por emborracharte un dia si y otro tambien, es cosa tuya. Y si prefieres perder tus energias con la sosa de Lidia, habiendo lo que hay ante tus ojos sanguinolentos, tu sabras. ?Pero ni suenes que te voy a hacer de asistenta y enfermera todo el tiempo!

– ?Por que me desnudaste?

– Porque cuando alguien se vomita encima, hay que lavar la ropa, guarro. Te arrastre hasta el bano, y como pesas, cabron. Te desnude y te lave sin mucha colaboracion. Algun monosilabo y poco mas. Te traje hasta la cama y, como no habia una grua libre, me deje un rinon para acostarte.

– Te ganaste una nube en el mejor barrio del cielo. Y despues, ?que?

– Nada -mintio. Cruzo las piernas sobre la cama-. Bueno, ?y que? ?Acaso me vas a acusar de violacion? Lo mas que podras achacarme sera intento… ?Te veia tan tierno, asi dormido! Empece a acariciarte casi sin morbo. Ronroneabas. Respondias, aunque no mucho, y empece a besarte todo el cuerpo. Queria amarte un poco, sin tu desconfianza ni tus putas preguntas -reprimio un sollozo-. Y parecia que reconocias mis labios…

Recogio un envase de limpiador que habia en el suelo y fue hacia la puerta. Pero la rabia pudo mas y me fusilo con los ojos mientras mordia las palabras:

– ?Y sabes lo que paso cuando estabas a punto de correrte, cuando te revolvias dormido, pero que muy despierto en mi boca? ?Empezaste a gemir: «segui negrita, segui; segui, Lidia, segui», o como hableis en tu puto pais! ?Eso ocurrio, pedazo de mamon, eso!

Dos lagrimas se asomaron a sus ojos. Me tiro el envase de limpiador y salio corriendo. No llego a darme, reboto en la pared. Lo levante. Tenia razon: era de pino.

Junte fuerzas para buscar un vaquero y me lo puse sin calzoncillos. El tanga de Nina que llevaba en el otro vaquero estaba plegado y limpio en la mesita al lado de la cama. Lo meti en el bolsillo y sali. Ella estaba en la cocina, sirviendo un gran jarro de cafe. Los hombros le temblaban. Paso delante de mi y se tumbo en los almohadones del salon. Me sente frente a ella y bajo la cabeza. Habia pasado del orgullo escarpado a la pena lisa y llana. Le alce la cara.

– Tendria que estar muy borracho para confundirte con otra, porque sos unica. Pero al margen de Lidia y de nosotros dos, esta lo otro, Nina. Y no puedo seguir a medias: o confio en vos, o le busco la vuelta a este lio por mi cuenta. Me pedis que te quiera y me gustaria. Pero para eso tengo que seguir vivo…

– Hagamos un pacto. Te cuento, me cuentas, y hasta que esto acabe, seremos camaradas sin sexo. Salvo que vengas a pedirme otra cosa… por favor.

– Tampoco hay que exagerar -proteste.

– Si hay que exagerar, senor Sotanovsky -corrigio-. Usted ha rechazado mis atenciones, y ahora, si quiere probar este manjar -se levanto la camisola y no llevaba nada-, tendra que pedirlo por favor. Y con

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