– Estan de moda las viudas, Nina. ?Que tal te sienta el negro?

– Depende. Conoci a un senegales que…

– Ya se que lo unico que te ha faltado tener entre las piernas es un tipo con la piel a rayas -dije-. Pero no me sobra el tiempo para pelotudeces.

– De acuerdo. Ya que no quieres mi ayuda…

– No la tengo. Solamente hable yo.

– No tenia nada que decir, Nicolas. Pero si Noelia esta en Madrid, puedo ayudarte. -Se acerco, desnuda y dulce-. No se por que, pero quiero que vivas.

Se ducho mientras yo fumaba en la cama. Cruzo chorreando el salon y me hizo un gesto de complicidad. Estaba preciosa y supe que acabaria por ceder. Pero tambien agradecia ese descanso forzado. Desde que Nina aparecio tras la bolsa de El Corte Ingles, mi vida sexual se habia multiplicado y ya no sabia si mis piernas temblaban de miedo o por pura debilidad.

Aparecio vestida, si es que a su manera de ponerse encima transparencias se le podia llamar vestir. Pense en Lidia. En eso eran diferentes. Aunque Nina se pusiera un habito de monja seguiria respirando sensualidad natural. Lo de Lidia, acaso mas fuerte, salia tambien de adentro, pero se parecia al rencoroso desquite contra con todos en general y contra ella misma en un particular deseo homicida.

– Conseguire un coche para movernos. Vuelvo en un rato.

Soplo un beso y fue hacia la puerta. Oi girar la llave, abrirse la puerta, y una pausa antes de que se cerrara. Despues me llego nitida la voz de Nina:

– ?Cago en la puta!

Sus pasos sonaron veloces hacia el dormitorio y grito:

– ?Noelia ha estado aqui!

En la mano tenia un sobre de los que se usan para las postales.

27

Una playa, una palmera acunada por vientos amables, un aguador marroqui vestido para hacerse fotos con los turistas a cambio de algunos dirhams o, mucho mejor, euros. Ya conocia la imagen de memoria, pero la seguia estudiando como si fuera un jeroglifico. Tambien me sabia el texto, palabra por palabra en la pulcra letra de Noelia, las «o» con un flequillo largo, las «e» apretadas en la curva del cruce, las «i» apenas dunas del trazo, bajo un gran punto que era el sol o era una nube:

«Nina: lamento que te hayas visto envuelta en esto y te pido perdon. A el tambien. Debia de estar loca. Prometo que el domingo tendre respuestas y soluciones. No intenteis encontrarme: seria peligroso para todos. Besos: Noelia».

– ?Y ahora que?

– Lo pone bien claro: hay que esperar.

– Ya. Solo que por un pequeno problema tecnico, yo no voy a poder estar presente en la cita del domingo, Nina. Me mataran el viernes, ?recuerdas?

– Hostia, no habia caido.

Nina estaba ausente, repentinamente adulta y sin picardia.

– Si no podemos esperar a que ella venga -dijo-, la iremos a buscar.

– ?Adonde? -me asombre.

– Adonde esta o quiere hacernos creer que esta. Conozco este paisaje. Marruecos. Es la playa de Kabila, cerca de Tetuan. Suele ir ahi. La ciudad importante mas cercana es Tanger. Siempre se aloja en el mismo sitio.

– Y despues de jugar a la escondida, me deja una postal del lugar donde se esconde. ?Ya que estaba, nos hubiera mandado los pasajes!

Espero a que me calmara, pero como yo seguia caminando en circulos y hablando solo, me intercepto con los brazos en jarras:

– ?Te dije que podia ser una trampa! Y no te extrane que Noelia haga cosas asi: esta un poco loca. Un poco, no: ?esta como un cencerro! Hasta en eso me gana la muy puta…

Me tire en el sofa.

– Todo encaja. Estaba metida en un lio y lo mejor era irse lejos. Pero como lo dejo todo prendido con alfileres, igual quiso acercarse a controlar la marcha de su plan… Y lo de la postal sigue sin convencerme. Es como si quisiera llevarnos alli, pero sin asumir toda la iniciativa, dejando que decidamos nosotros…

– Tambien puede ser una forma de hacernos ir hasta la quinta puneta mientras ella sigue oculta en Madrid…

– ?Tengo la solucion! -grite-. No en vano uno tiene una cultura, carajo. Y ademas, para estas cosas, no hay como los metodos cientificos.

Busque en el bolsillo, saque el tanga de Nina y me puse a hurgar en el. Se echo a reir.

– Habia visto leer el futuro en los posos del cafe, o en bolas de cristal. ?Pero nunca en unas bragas! Y veo que te falta una. ?Se la has regalado a Lidia?

– No, a un taxista. Y no hagas preguntas. ?Tenes una moneda?

Rebusco en el bolso y me la alcanzo.

– No, tirala vos. Si cae cara, me voy a Marruecos. Si no, me escondo hasta el domingo.

Revoleo la moneda, que giro en el aire, mareando mi destino. Cayo sobre la alfombra, rodo, y fue a parar abajo del sofa.

– Es infalible -dije.

Nina intentaba alcanzar la moneda, estirando el brazo.

Camine hacia el dormitorio.

– ?Que haces? -pregunto-. Ayudame, vamos a mover el sofa.

– No hace falta, Nina. Ya esta decidido: me voy a Marruecos.

– Nos vamos, querras decir. Nos vamos.

***

La decision me dejo hueco y con un monton de preguntas rebotando en el vacio. Nina localizo el telefono del hotel, llamo y comprobo que Noelia se alojaba alli desde hacia semanas. Despues tomo las decisiones practicas: no era necesario que fuera a su casa, le robaria un bolso a la pelirroja, saquearia de su armario «algunos trapos, un banador y unas bragas»; el dinero lo proporcionaria un cajero automatico y amistoso. O la Visa. Sabia organizar el caos, y su figura cruzaba frente a la puerta del dormitorio, a diez centimetros del suelo, activa y feliz.

– Ademas de tocarte los cataplines, podrias hacer algo util -me dijo.

– Yo siempre tengo listo el equipaje, Nina. Siempre me estoy yendo.

– Muy romantico, pero no iremos andando. -Senalo la computadora-. Busca el numero de Iberia y averigua los horarios de salida de los vuelos a Tanger.

Obedeci y cuando estaba anotando los datos, me acorde de Jamon. El tenia mi pasaporte. Busque el papel y marque el numero de la viuda.

Tenia una voz recia, pero suavizada, de mujer que recupera las artes de la seduccion despues de muchos anos. Cuando pregunte por el, lo llamo con un «Senor Serrano, para usted», que anticipaba mayores confianzas.

Jamon tambien representaba su papel de invitado que acabara por quedarse, agradeciendo cortes mientras ofrecia recomendaciones sobre el punto de coccion de ciertas verduras, a las que les faltaban «un par de minutos».

– Esta hecho un chef, Serrano.

– Senor Sotanovsky, ?como esta usted?

– No tan bien como usted, parece. ?Que esta cocinando?

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