MARTES

«Voy hacia el fuego como la mariposa,

y no hay rima que rime con vivir;

no te pares, no te mates,

solo es una forma mas de demorarte.»

ADRIAN ARBONIZIO, El Tempano

28

Nos sentamos casi al final. Jamon se quedo en la mitad, saludando con el paquete de bocadillos. Le hice gestos de que mas tarde. Las viejitas suspiraban al verme tan animado.

El conductor era un tipo bajito y calvo, con un bigote tupido. Estaba nervioso y feliz. Se le notaba. Se miro en el retrovisor, apreciando la camisa celeste de manga corta como si fuera un esmoquin. Pense que lo suyo era mas bien ropa de mecanico decorada con manchas de grasa. Otro tipo, tambien de camisa celeste, le dio unas instrucciones y le tomaba el pelo. Con una voz demasiado grande para su estatura, el de los bigotes le grito que no le tocara los cojones, que el sabia que hacer y que donde cono tenia ese trasto la quinta marcha. El otro bajo y dijo algo que no pude oir. Pero el bajito respondio que no lo jodiera, que demasiado que le hacia el favor a la puta empresa, y que si llevaban diez anos sin dejarlo conducir por lo del accidente, ahora bien que se ponian suavones porque lo necesitaban. Y que la culpa del choque, insistia, la habia tenido la vaca.

El silencio en el coche era absoluto.

Cerro la puerta con ruido de aire que se va, y empezo a pedir los billetes. El coche iba medio vacio, informo Nina, porque era el decimo que agregaban ese dia, a causa de la cantidad de viajeros. De la mitad hacia atras, estabamos solos, a excepcion de una inglesa flaca y dormida que al otro lado del pasillo hamacaba la cancion de su iPod.

El de los bigotes llego a nosotros refunfunando una ofensa antigua. Recogio los billetes y gesticulo por encima de nuestras cabezas. Al otro lado de los cristales, junto al coche, un grupo de tipos vestidos como el le hacian gestos burlones y despedidas con panuelos.

– Cabrones -murmuro el tipo-. Seguro que se han olvidado.

Uno de los de abajo saco algo que ocultaba a sus espaldas y le mostro una bota de vino. El bajito suspiro.

– ?A que hora llegaremos a Algeciras? -pregunto Nina.

– Supongo que de dia -dijo el bajito. El aliento le olia a ginebra-. Y eso si encuentro el camino, que hace la tira que no llevo un bicho de estos…

– Ya: la culpa la tuvo la vaca -dijo Nina.

– ?Y tanto! Pero ellos que no, que si habia bebido, que si la vista, ?sabe lo que le digo? Que si acepte conducir esta noche fue por la apuesta, que a la empresa le pueden ir dando por el culo. Diez anos enterrado en los talleres…

Fue hasta la puerta, recogio la bota y la dejo junto a su asiento.

– ?Alguno de los senores pasajeros conoce el camino? -pregunto.

Nadie respondio.

– Pues la hemos cagao -comento por lo bajo.

Se acomodo en la butaca, acelero y salimos a la noche.

Al principio se olia el miedo de los pasajeros, a excepcion de los guiris, que no entendian nada pero se reian por todo. Cuando salimos de Madrid empezo lo mas dificil. Algunos se animaron a opinar y aconsejaban por donde ir. Llegamos a una bifurcacion de carreteras y hubo division de opiniones y dos bandos gritaban que «por ahi». El de los bigotes detuvo el coche a un costado del asfalto. Le pego un buen trago a la bota y Jamon se asomo sobre el respaldo de su asiento para ofrecerme bocadillos. La hice senas de que mas tarde.

La gente no se ponia de acuerdo y el bajito se limpio la boca con el antebrazo antes de gritar:

– ?Votemos, companeros!

– ?Crees que alguna vez llegaremos? -dijo Nina divertida.

– No se. Pero sera un viaje muy democratico. ?Tienes una moneda?

Me dio una de un euro. Le pedi que silbara como ella sabia. Silbo y todos miraron hacia nosotros. Le mostre la moneda al de los bigotes.

– Cono, por fin un tio sensato -dijo y atrapo la moneda.

Una de las viejitas sollozo al ver que era yo. La otra me grito que tuviera fe.

El bajito tiro la moneda, que giro en el aire.

Cayo al suelo, rodo y se perdio bajo los asientos.

«Ya lo dijo Fito Paez en su cancion», pense. «La vida es una moneda.»

El tipo se sento otra vez, exprimio la bota y tomo por el primer cruce.

***

Llevabamos ya un buen rato de viaje y el miedo se disipo cuando fuimos capaces de encontrar el bar para la parada reglamentaria. Despues supimos que no era, pero aprovechamos para festejar con el conductor su pericia. El tipo quiso invitar a todo el pasaje a una copa. Algunos aceptaron y devolvieron la cortesia. El dueno del bar, que nos miraba sorprendido, fue preguntando uno por uno «que va a ser». Las viejitas se pusieron en la barra a mi lado y Nina me salvo de la sed pidiendo un whisky. Las viejitas pidieron dos tilas y me acorde de Philip.

– Y dos copazos de anis -agrego la llorona.

Todos brindamos, mientras el dueno parecia a punto de preguntar algo. Entonces uno de los pasajeros, un vasco cuadrado y campechano, grito que llenara otra vez, «que cono». Volvimos a brindar.

El conductor invito otra vez, y un gringo que ya estaba achispado reclamo su derecho a pagar. Cuando llevabamos una hora en el bar, alguien dijo que si no seria mejor seguir viaje, pero todos lo abucheamos. Cuando el griterio termino, se oyo la voz de la viejita llorona que decia:

– Gilipollas -y se acabo de un trago la tercera copa de anis.

Nina se divertia y yo dije que no con la cabeza cuando el dueno fue a servirme el cuarto whisky.

– ?Para donde van? -me pregunto. Nina respondio por mi que a la Costa del Sol y el tipo puso cara de asombro. Iba a decir algo cuando el aleman o lo que fuera se arranco por lo que el creeria eran bulerias. Todos empezamos a hacer palmas, menos la inglesa flaca conectada al iPod.

Antes de irnos, el patron invito una ronda y no era cosa de hacerle un feo.

Brindamos por la hermandad de las carreteras y por el Destino.

– Y por su puta madre -agrego la viejita entre hipidos.

Cuando salimos, antes de subir al autobus, vi un coche negro y largo a un costado del bar. Me parecio que habia gente dentro. Pero estaba muy mareado como para pensar en otra cosa que no fuera subir los peldanos. Jamon me ofrecio un bocata y le dije que despues con un gesto.

***

Tenia la certeza de que estabamos perdidos. No se veian carteles y el camino era irregular. Pero estabamos

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