todos tan contentos. Cantabamos a coro (yo tarareaba), y cada vez que parecia que ibamos a salirnos de la carretera y el bajito conseguia dominar el volante, la gente gritaba:
– Oooooleeeee -y empezaban a cantar otra vez.
Recorrimos el repertorio popular, incluidas las coplas mas picaras, en las que las viejitas llevaban la voz cantante. Uno empezo con
Poco a poco la gente se fue amodorrando. Nina se acurruco en el asiento, la cara contra el cristal y dandome la espalda. Alguien, delante, empezo a roncar. Creo que era Serrano.
Yo no podia dormir y hasta el mareo de los whiskys se habia evaporado. Otra vez sentia que algo iba a romperse en diez pedazos desiguales. Fui hasta el asiento del fondo. Mire hacia atras y vi que un coche seguia la estela del autobus a prudente distancia. Hubiera jurado que era el mismo coche negro del bar. No podia saberlo.
Volvi a mi asiento. Me sente un poco encogido, porque Nina, dormida, se habia estirado. Seguia con la cara apoyada en la ventanilla, de espaldas a mi, las piernas dobladas sobre el asiento. Levante un poco su vestido y estaba en lo cierto: seguia desnuda, no se habia puesto otro tanga cuando fue al bano en el bar. La estudie con cuidado, como si fuera a romperse. La piel brillando en la noche, las nalgas tan bien dibujadas, la linea oscura que las partia y bajaba, senalando desde atras el sexo, que era una mancha dulce y oscura.
Mirandola asi, en la impunidad del sueno, me senti como un viejo vicioso espiando a una nena. Y la sensacion me gusto. Levante mas el vestido, y quedo descubierta de cintura para abajo. No dio senales de enterarse. Vestida, Nina respiraba menos. Deje que mi mano jugara en sus caderas y bajara hasta las comarcas vecinas a su sexo. Murmuro algo y siguio dormida. Mis dedos vagaron en torno a los labios, memorizando piel, y siguieron hasta tocar delante la sensacion aguda de su vello afeitado. Ronroneo y siguio en su sueno. Deje que uno de mis dedos acariciara los labios y subiera. Toco una zona sensible y me arrepenti, porque ella se revolvio un poco. Iba a dejarlo, pero murmuro complacida un nombre de hombre que no era el mio. Me enfureci. Con dos dedos de una mano separe los labios de su sexo, mientras la otra mano buscaba despacio la entrada. No desperto y repitio el nombre. Deje que el dedo se deslizara dentro, solo un poco y alli se quedo, bebiendo un pulso humedo. La sensacion de que algo iba a romperse se hizo mas fuerte. Espere. Nina no se movia. Yo tampoco. Mi dedo latia con su latir. Y cobro voluntad lenta y se movio con cuidado, esperando la respuesta de su cuerpo que al fin llego, bostezante. Le espie la cara y seguia fingiendo dormir. El ritmo aumento y mi dedo era un ojo, una piel, una antena que emitia y recibia sensaciones y mensajes. Sobraba tiempo, en el medio de la nada y de la noche, mientras el autobus avanzaba a los tumbos por un camino que no era el suyo. Pero avanzaba. Tambien mi dedo que pronto fue bebido, expulsado y vuelto a beber, mientras ella, olvidado su papel, movia las caderas y lo cabalgaba hacia una meta que yo no podia ver. Seguimos asi hasta que de Nina hacia dentro algo se derramo y siguio derramandose en espasmos tiernos. Me mordio la mano que acariciaba su cara y siguio explotando, y no dejo de explotar ni siquiera cuando el autobus se salio blandamente del asfalto, resbalo en la tierra y volco en camara lenta.
29
– ?Hemos sido nosotros? -pregunto Nina besandome.
No estaba seguro, asi que no conteste. Le pregunte si estaba bien y dijo que que me parecia. La bese. Me extrano que nadie gritara, pero la caida habia sido tan suave que los pasajeros seguian durmiendo. ?O estaban muertos? El conductor no, porque lo oi gritar, las vocales alargadas por la borrachera:
– ?Otra vez la jodia vaca!
El autobus estaba en una especie de zanja, apoyado sobre un costado, en un angulo de unos 45 grados o mas. La geometria siempre se me dio fatal. Bese a Nina y me fui gateando entre los asientos. Algunos pasajeros miraban extranados, pero nadie parecia herido. Una de las viejitas roncaba, apoyada en la otra. Me parecio que esa no respiraba. La sacudi y no desperto. Volvi a sacudirla:
– ?Senora! ?Senora! ?Senoraaaa!
Abrio los ojos y me vio.
– ?Esta usted bien, senora? No se mueva. Hemos tenido un…
– ?Milagro! -aullo la vieja-. ?Milagro! ?Estaba mudo y gracias a la Virgen ha vuelto a hablar!
La otra desperto y le hizo coro. Se pusieron a rezar, como si no les llamara la atencion estar colgadas, con el autobus medio volcado. El chofer pataleaba en el aire sujeto por el cinturon de seguridad. El reloj cuadrado que habia sobre el parabrisas era el unico dano evidente del vuelco. Se habia desprendido y estaba roto en pedazos desiguales contra la puerta. No los conte: sabia que eran diez.
Serrano roncaba como un bendito, apoyado el cuerpo en el costado del coche. Ni se habia enterado. Entre los gritos de las viejas, el conductor que subio el volumen de sus quejas contra
– Nasnoche, ?un bocadillo?
Cuando estuvimos todos fuera del autobus comprobamos que no habia heridos. Las viejas seguian contandole al que quisiera oirlas que yo era mudo y habia ocurrido el milagro.
Nina tambien estaba entera, y me miraba con maldad. Y con carino. No sabiamos donde estabamos. Ese asfalto desparejo y estrecho, sin ninguna senal, no podia ser una carretera principal. Fui a hablar con el conductor, pero estaba euforico.
– ?Esta vez la jodi! Punetera vaca, pero la esquive, vaya si la esquive…
Le pregunte si aquellas luces que se veian a lo lejos serian algun pueblo y a que distancia calculaba que estaban. Me miro como si fuera transparente, eructo alcohol puro y se sobresalto:
– ?Ahi esta otra vez, la muy puta! ?Ven aqui, vaca de mierda! ?Ven que te parto el culo!
Levanto unas piedras y corrio por el pavimento, persiguiendo una sombra.
El guiri se fue detras, gritando
Hable con el vasco, que parecia el menos borracho, y acordamos que el se quedaria alli, a esperar ayuda y evitando que la gente se dispersara. Yo iria con Serrano hasta el pueblo o lo que fueran esas luces. Mandamos a un calvo esmirriado a traer al conductor y al guiri, que doscientos metros mas alla seguian tirandole piedras a la nada.
Serrano y yo empezamos a caminar. Habia un buen trecho hasta las luces. Unos pasos leves se acercaron y no necesite mirar para saber que era Nina. Me agarro la mano y seguimos andando.
Serrano carraspeo dos o tres veces para empezar a hablar, pero no se decidio. Doblamos la curva y perdimos de vista el autobus. Las luces parecian mas lejanas que antes.
De pronto, algo se acerco rugiendo bajo. Un coche.
– Viene de donde estan los demas -dijo Serrano feliz de abandonar la caminata-. Seguro que lo han mandado para que nos lleve al pueblo.
Cuando el coche estuvo a quinientos metros, lo reconoci. Era el mismo que estaba fuera del bar, el que nos habia seguido en nuestro absurdo viaje sin rumbo. Salte la zanja y tire de Nina.
– ?Rajemos, Serrano! -grite.
El grandote se quedo inmovil. No entendia nada.
– ?Que le pasa? Yo no doy un paso mas si no me explica -se empaco.
Pase bajo el alambre seguido de Nina y le grite:
– ?En que quedamos, no era que tenia que seguirme adonde fuera? Como se entere El Muerto…
Y empece a correr por el campo, con Nina colgada de mi mano. Serrano rezongo y salto la zanja. Lo esperamos. Nina pregunto divertida:
– ?A que jugamos?
– A escapa y sobrevivi -conteste.
Consegui que me siguieran hasta un bosquecito cercano. Desde ahi vimos como el coche negro se detenia a un costado de la carretera y bajaban cuatro tipos que miraban hacia todos lados.
– Nos buscan a nosotros -dije, sin necesidad.
