nos sentaron a los dos en la parte delantera del coche. El jefe iba en el asiento de atras apoyando el canon de la pistola en mi cabeza. El coche subia lento la montana, con el precipicio a un lado.
– Busca un sitio para dar la vuelta -ordeno el jefe.
No habia espacio y seguimos subiendo, a paso de hombre. Era un coche potente y caro, pero demasiado grande para ese sendero. Por fin llegamos a lo alto de la montanita. Abajo, a la distancia, se veia el pueblo. El calvo encontro un lugar para dar la vuelta y empezamos a bajar, de regreso a la carretera. Iban mirando con cuidado, en busca de su complice. No faltaria mucho para que amaneciera, pero todavia era noche cerrada, que las luces del coche quebraban al avanzar.
Una mancha clara y veloz se cruzo en nuestro camino a varios metros.
Era una mujer.
Desnuda.
Nina.
Fue un relampago que se perdio en el monte mientras el jefe ordenaba frenar y el de la cabeza rota saltaba y corria detras de ella, gritando
– Bajen -dijo despues de un rato.
Nos coloco contra la montana, su espalda apoyada en el coche. Supe que nos iba a matar. No importaba cuales fueran sus instrucciones, la cosa se habia complicado y el tipo no queria lios.
Anticipe el sonido ahogado del taponazo,
– ?Como lo dice usted? -pregunto.
– ?Rajemos!
– Eso.
Nos alejamos dando una vuelta y buscamos un escondite. Yo llevaba una piedra grande en cada mano. Pensaba en Nina.
– Tendriamos que haberlo atacado entre los dos cuando cayo -lamente.
– Ni lo suene. Ese tipo sabia lo que se hacia. ?O usted se cree que siempre salgo corriendo? -se ofendio.
Oi un ruido y me levante con las piedras preparadas. Era Nina. Completamente desnuda y deslumbrante. Llevaba en la mano un pistolon enorme. Era el de Serrano, que tardo en reconocerlo.
– No os quedeis mirando -dijo ella-. Esta bien que sea verano, pero a esta hora refresca.
Serrano se volvio, pudoroso y me tendio su camisa floreada. Debajo llevaba una camiseta sin mangas. Sin camisa parecia mas viejo. Nina termino de abrocharse los botones y esa tela pretendidamente hawaiana la cubria mas que toda la ropa que le conocia.
Nos quedamos en silencio y no se oia nada. Discutimos. Nina era partidaria de esperar ocultos a que se hiciera de dia. Yo proponia que bajaramos al pueblo, pensaba que los tipos no querian llamar la atencion y no nos seguirian. Serrano estaba abstraido y dijo que si con la cabeza a las dos propuestas. Nina cedio. Empezamos a bajar la montana.
– ?Me podes explicar que paso? -pregunte abrazandola.
– Que cuando vi de que iba la cosa y que os dedicabais a discutir, me escabulli. Vi como ese tipo os capturaba, pero en lugar de llamar a los otros se alejaba, y me oli algo feo. De modo que cuando el terreno quedo libre, volvi hasta la zanja y busque su arma. -Senalo a Serrano con el menton-. Pero eran muchos. Y sabian que yo iba con vosotros. Dos se internaron en el bosquecito para buscarme, imagina con que intenciones. El del coche estaba nervioso y solo se preocupaba por «el sudaca». Pero los otros se hacian los sordos. Me desnude y deje el vestido colgado de un arbol. Lo vieron, pero el jefe ordeno que solo uno se ocupara de mi. Se lo echaron a suertes con una moneda.
– Que se cayo y no pudieron encontrar -dije.
– ?Como lo sabes? El caso es que el jefe llamo al calvo y el otro quedo solo. El bosquecillo tampoco es el Amazonas y no podia ocultarme por mucho tiempo, de modo que me deje ver, arrinconada contra un arbol, con el revolver escondido en una rama baja. El tipo me vio y se olvido hasta de su arma. Empezo a desnudarse, fingi escapar y…
– ?Y que? -preguntamos Jamon y yo.
– Que como dice el chiste, corre mas una mujer desnuda que un tipo con los pantalones por los tobillos. Le pegue varias veces con el revolver en la cabeza y hay que ver lo que pesa…
Jamon acariciaba su arma como a un gato mimoso. Nina siguio con su relato. En un rato empezaria a amanecer y todavia nos faltaba media montana por bajar. Algo asi como ciento cincuenta curvas.
– Despues vi las luces del coche y que os habiais dejado atrapar otra vez. De modo que ya que estaba en pelotas porque el otro guarro se habia llevado mi vestido, decidi daros una oportunidad y me cruce en el camino. No fue dificil perder al calvo que me seguia, porque estaba medio tarumba. Y despues, un tiro contra el coche, aunque yo le apuntaba al jefe, y aqui estamos, vivos y coleando…
El coche atrono de repente y supe que habian bajado con el motor apagado para no hacer ruido, empujados por la pendiente del camino. Estaban a unos metros de nosotros y hasta la curva nos quedaba un trecho. A un lado la pared de la montana, al otro el precipicio.
– ?Metales bala, Serrano! -grite-. ?Un corchazo con ese trabuco y se acabo la joda!
Serrano empezo a correr hacia la curva, y nosotros detras. Pero era inutil, nos iban a alcanzar.
– ?Por que mierda no dispara? -pregunte.
– Tenia una sola bala -explico Serrano jadeando.
– ?Usted, como asesino es una mierda! -me enoje.
Dignamente se volvio y les tiro la pistola, que cayo dentro del coche sin parabrisas. -Genial -grite-. Ahora, ya les hemos dado un arma mas…
No tenian prisa por alcanzarnos y habia algo de sadismo en la decision de hacernos correr de esa manera. La curva estaba a la vista y redoblamos esfuerzos. Nina volaba a mi lado, cerca de la pared de la montana, Serrano unos pasos detras y a menos de cincuenta metros, el coche negro ocupaba todo el ancho del camino. Doblamos la curva pero no significaba nada, no habia escape. Y mucho antes de llegar al pie de la montana nos iban a pasar por encima, eso estaba claro.
Se oyo la acelerada antes de que vieramos la forma negra del coche, levantando nubes de polvo.
Era el final.
Aparecio rugiendo y se nos vino encima. Entonces, algo se cruzo, como salido de la nada. El de la cabeza rota clavo el freno, el coche derrapo, arrastrado por su peso, y se salio del camino. Cayo barranco abajo durante un rato. No era mucha altura, pero la suficiente como para encargar una misa por ellos, si uno era creyente. El coche, desde luego, no exploto. Eso pasa solo en las peliculas.
Nos quedamos clavados en el centro del camino, mirando hacia el lugar en el que el coche habia derrapado.
Una vaca, impasible y masticadora, nos miraba, nos miraba.
Juro que me guino un ojo.
31
Despues, mucho despues, cuando intente contarme toda la historia para asumir mis culpas, tuve que admitir que, de no ser por Nina, hubieramos seguido dando vueltas por ese paraje en el centro de la nada, hasta ser cazados como conejos indefensos. Suya fue la idea de volver hacia el autocar dando un rodeo, porque dijo que si los matones del otro coche nos esperaban ahi, no se atreverian a tocarnos delante de tantos testigos. Cuando estuvimos cerca hizo que nos tumbaramos en una zanja, para ver sin ser detectados. Varios coches se habian detenido junto a la mole tumbada con la mitad de sus ruedas apuntando al cielo que todavia remoloneaba para no amanecer.
