Gimio un poco, porque su propio peso habia hecho que entrara apenas en su verdad. Pero ninguno de los dos queria ceder en ese pulso de orgullos y desconfianzas.
– ?Para que quieres la verdad si me puedes tener a mi? -pregunto.
– Para saber -conteste furioso. Tire de su cuerpo hacia abajo mientras el mio empujaba hacia arriba y entre trepando nuestros gritos contenidos.
No hablamos mas. El agua se movia y nos movia y todo ocurria con otros, en las profundidades de la noche. La musica de nuestra respiracion anfibia era el unico insulto al silencio, pero hasta eso era leve y ajeno. Ella me miraba por momentos, cambiando la mascara en las sombras, y lo mismo era deseo y punto, algo parecido al amor, triunfo despiadado, revancha infantil, o solo una ilusion de la luna, que ya que no podia dormir se divertia pintandole expresiones para mi despiste. Se apago la unica luz de la recepcion y unos pasos cerraron la puerta de cristales. Estabamos solos, la luna, Nina y yo. Y su verdad, que era la mas mentirosa, humeda y querida de las verdades.
– Eres el peor tramposo de la historia -murmuro-. Y el mas dulce.
Retrocedimos sin separarnos, hasta tocar con su espalda la pared de la piscina. Me dio un beso largo y encendido.
– Noelia nunca podra tenerte asi -suspiro y volvio a besarme hasta que las preguntas se hicieron urgencia y algo de rabia, necesidad que no necesitaba de aferrarme a alguien con el peso de mis dudas, camino de ida y vuelta de su cuerpo a mi cuerpo y un mar de por medio que se embravecia.
Sin pactarlo empujamos la tormenta y ella bajaba y yo subia y la pared de la piscina rasparia pero no pensamos en eso ni en nada que no fuera el viaje sin destino en el que estabamos embarcados y zozobrando. Cuando la colision se produjo temblo el agua de nosotros hacia fuera y en lugar del grito que retenia desde tanto tiempo atras, me salio una frase acompanando los ultimos estremecimientos del naufragio que buscaba una y otra vez:
– Por favor, por favor, por favor.
MIERCOLES
«?Deci, por Dios, que me has dao,
que estoy tan cambiao!…
?No se mas quien soy!
El malevaje, extranao,
me mira sin comprender,
me ve perdiendo el cartel
de guapo que ayer
brillaba en la accion…»
JUAN DE DIOS FILIBERTO
ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO,
35
Antes de despertar supe que Nina ya no estaba. La nota decia que no la esperaramos a comer, que volveria por la tarde con noticias de Noelia aunque tuviera que tirarse a la mitad de los tipos de Marruecos (lo lamente por la otra mitad), que Serrano y yo podiamos hacer tiempo visitando el zoco de Tanger, pero que no pagaramos nada a mas de la mitad de la mitad de la mitad de lo que nos pidieran. Y que la proxima vez, de espaldas contra la pared de la piscina, se iba a poner mi puta madre.
La puerta temblo. Cuando abri, la colorida camisa de Serrano me quito el poco apetito que tenia.
– Que sean cuatro poemas -dijo-. Y con rima, no esas mierdas modernas.
Asenti entregado. Iba a inventar una excusa para la ausencia de Nina, pero tambien le habia dejado una nota.
– Ademas, nos dejo dinero moruno, por si vamos al zoco. Es una chavala muy maja, Sotanovsky.
Dije que si y me vesti con la sensacion de que alguien escribia a mi costa un pesimo argumento. Serrano advirtio que desayunaria algo ligero, porque estaba
– ?Sabe lo que le digo? Que me gusta viajar con ustedes, yo casi no habia salido de Madrid -confeso Serrano-. Cuando todo esto acabe…
– Si no acaba con nosotros…
– Tenga fe, Nicolas. Cuando esto se acabe, estaba pensando que nos podriamos ir de vacaciones los cuatro. A Elida le encantaria.
– No se lo recomiendo, Serrano. El ultimo que hizo planes de vacaciones conmigo esta viendo crecer los rabanitos desde abajo…
No dio senas de entender. Igual no sabia nada del asesinato de Mar Lopez.
O si, y lo del maton ingenuo era una pose para hacerme bajar la guardia. Todo era una moneda con dos caras, con dos posibilidades posibles girando en el aire y yo nunca alcanzaba a ver de que lado caia.
Seguimos el consejo de Nina, porque el queria comprar algo para Elida. Y sacarse una foto junto a las piramides. Me deje llevar. A esas alturas, si me hubiera dicho que queria bailar un tango con la momia de Nefertiti, no me hubiera asombrado.
El taxi era un Mercedes enorme y anticuado, con mil parches de masilla senalando otros tantos mordiscos en la carroceria. Y la mirada del botones del hotel cuando nos vio subir no presagiaba nada bueno. El taxista dijo algo que no entendi. Serrano pidio amablemente que hablara espanol, cono.
– Real Madrid, Real Madrid -dijo el tipo bajito y flaco-. Cristiano Ronaldo, Espana, El Corte Ingles.
Serrano asintio satisfecho y el taxista tambien. Todos eran muy felices pero el taxi no se movia.
– Oiga -dije-, estamos buscando a una pelirroja que…
– ?Real Madrid, El Corte Ingles, Espana, Espana!
– Argentino -dije en plan
– ?Argentina! -se alegro-. ?Maradona! ?Messi!
Antes de que se acordara de Pele, consegui hacerle entender que queriamos ir al zoco de Tanger.
– Ali Baba -dijo sonriente senalando mi barba.
Metio primera y el Mercedes derrapo por el camino de tierra. Sin mirar a los costados subio al asfalto y volo hacia Tanger. La tecnica del taxista era envidiable. Con una mano llevaba el enorme volante y con la otra cargaba el minimo peso de su cuerpo sobre la bocina. Adelantaba a los viejos camiones y los coches raidos como si fueran piedras a un costado del camino.
– ?Este nos mata! -dijo Serrano-. ?Haga algo, Sotanovsky!
– ?El que sabe idiomas es usted!
Se miro el puno y luego la nuca del taxista, pero opto por la via diplomatica y saco un billete del bolsillo. Antes de que pudiera advertirle, se lo habia dado al tipo que, agradecido, apreto mas el acelerador. Decidio que con semejante propina habia que darse prisa, y nos llevo hasta Tanger por el carril contrario. Los coches nos esquivaban por poco y se tiraban a un costado, no se si por el bulto del Mercedes lanzado o por los insultos del taxista que sacaba medio cuerpo por la ventanilla sin dejar de pisar el acelerador y tocar la bocina.
Cuando freno, Serrano estaba palido y con las manazas hundidas en el respaldo del asiento. Yo quise decir
