lluvia de mierda que les arrojaba.
– ?Ma-ra-do-na, Ma-ra-do-na! -gritaba yo enardecido, a falta de otro grito de guerra que acompanara mi gesta.
Pero todo lo bueno se acaba y tambien la mierda de burro.
Con el penultimo proyectil le di al rubio en la cara y se restrego con la camisa como si le quemara, mientras hacia arcadas. Pero el pelado esquivo mi disparo y sonriendo confiado cruzo la frontera que convertia mi callejon sin salida en un matadero. Levanto la navaja y fue a decir algo antes de saltar sobre mi.
No pudo.
Lo que parecia un tronco de roble aparecio por el costado del callejon y le dio en toda la nariz. El tipo volo hacia atras y cayo sobre la mierda que tan trabajosamente habia evitado.
Serrano asomo por la esquina sin soltar la gruesa alfombra y me dijo avergonzado:
– Me parece que van a tener que ser seis poemas, Sotanovsky.
Despues dio una zancada, medio giro monstruoso con la alfombra, y calzo al rubio en el estomago. El pelado se levanto y fue a decir algo, una queja supongo, pero Jamon demostro el porque de su apodo pugilistico y le sirvio un trompazo atomico en la mandibula, mientras con la otra mano seguia sacudiendo a su compinche con la alfombra.
– ?Serrano viejo y peludo! -grite enardecido.
Marso, a mi lado, tambien lo alento con unas frases que no entendi. El rubio con la cara llena de mierda intento buscar algo en el bolsillo, imagino que un revolver, pero Serrano sacudio la cabeza como un padre comprensivo ante un hijo travieso, y le pego un alfombrazo en la panza. El otro se doblo y empezo a vomitar sobre la alfombra.
– Seis poemas y el tinte -dijo Serrano mirando hacia nosotros.
– ?Como si quiere que le reescriba las obras completas de Neruda! -acepte entusiasmado.
– Oiga, ?ese no era comunista? -objeto-. A mi no me meta en lios, Sotanovsky…
–
– ?Que bonito! Lo voy a apuntar…, pero no cuenta para el trato, que no es suyo, ?eh?
– Es de todos, pero no importa. ?Cuidado!
El rubio se habia recuperado y trato de sorprenderlo. Serrano ni se molesto en esquivar el golpe. Lo encajo como si fuera una brisa y despues echo atras la derecha, se lo penso, y descargo. El otro cayo contra la pared, se deslizo hasta la mierda esparcida y ahi se quedo.
Serrano le rebusco en los bolsillos, arrojo al suelo la pistola, una cartera, condones, y por fin encontro un boligrafo. Saco una libretita de su camisa y exigio, con un pie sobre el pecho del maton dormido:
– Venga, los poemas.
– ?Le parece que es momento, Serrano? -proteste.
– Un anticipo, por lo menos. Que en cualquier momento me lo matan y me quedo sin poesia.
Marso nos miraba sin entender, pero seguia divertido por la pelea. Hice memoria, buscando en el pasado algun poema mio, por malo que fuera. El tipo acababa de salvarme la vida.
– Oiga, que tampoco fueron tantas y a los puntos…
Lo unico que se oia era mi respiracion.
El poemita habia cruzado de un salto diez anos de olvido, para llegar con toda la brutal cursileria de un tiempo en el que sentir no me asustaba. Serrano aplaudio con la alfombra y un respeto nuevo en los ojos. Marso juntaba con rapidez las monedas que habian caido de los bolsillos de los matones, y uno de ellos me miraba asombrado desde el suelo y la mierda.
– ?Ves? -le dijo Jamon-. ?Mi amigo es un poeta y te lo querias cargar!
Casi amistosamente le dio un coscorron y el tipo se desmayo. Con gestos y un billete, le pedi a Marso que trajera agua y, mientras volvia, me ocupe de vaciar los bolsillos de los matones inconscientes.
– ?Que hace, ahora se va a poner a robarles?
– No es robo sino expropiacion, Serrano. Ademas, ?que quiere, que los dejemos aqui para que vuelvan a seguirnos?
– Oiga, no ira a…
– Tranquilo -dije mientras le echaba arena en la camisa al que estaba lleno de mierda.
Marso volvio con el agua y me lave las manos antes de usar el resto en adecentar a los tipos. Revise sus carteras. No eran policias, pero eso ya lo sabia. Saque el dinero y lo dividi en dos partes. Habia una buena cantidad. Le di una mitad a Marso y me guarde la otra, junto con las carteras. El nene devolvio el dinero, como si se lo hubiera dado para que me lo tuviera.
– Para ti, para Marso -dije.
Tardo en creerselo, porque para el era una fortuna.
– Usted trama algo, tiene cara de hacer una putada -dijo Serrano.
Le conte mi idea y no paro de reirse hasta que, cargando con los dos tipos, llegamos a la zona de los taxis. Daba igual cualquiera, pero el primero en vernos fue nuestro conductor suicida que empezo a saltar de alegria. Pense que en mi vida la repeticion de taxistas no respetaba fronteras. Le dije por senas que mis amigos estaban borrachos y que los llevara.
– ?Maradona, Ali Baba! -acepto el tipo feliz.
Consegui que Marso saliera de su ensonacion de billetes ya bien escondidos y le pregunte por la ciudad mas alejada. No fue de mucha ayuda, no hizo mas que besarme las manos.
– ?A Rabat? -propuse y el taxista se asusto por el tamano del viaje.
Era lo que yo queria. Le mostre los billetes restantes de los matones y se le paso el susto. Creo que si le hubiera pedido que los llevara a la Antartida, lo hubiera hecho. Cerro las puertas con fuerza y antes de que pudieramos decir Maradona, ya se habia perdido con su destartalado Mercedes, medio cuerpo fuera de la ventanilla, con la bocina sonando sin parar.
– Me dan pena -dijo Serrano-. Sin un duro ni documentacion, les va a costar un huevo volver.
– De eso se trata, Serrano, de eso se trata.
El se quedo un rato en silencio, pensativo. Despues solto un insulto en voz baja y me dijo:
– Tome. Esto es suyo.
Me tendia el sobre con mi pasaporte y el pasaje de vuelta a la Argentina.
– Serrano… yo… -Las palabras no me alcanzaron y le di un abrazo agradecido. Se separo, turbado.
