respuesta. Con los dedos sin peso, segui el nombre, que era el mio, como si fuera el de otro al que iba a envidiar para siempre. Lo di vuelta con cuidado y segui el nombre, que era el de Ella, como si fuera el tramo final de un camino muy largo, la entrada a un valle fertil despues de tanto desierto.
Entonces adverti el silencio quebradizo a mi alrededor. Los empleados seguian ahi, recogiendo cada gesto, esperando.
– ?Donde hay que firmar? -pregunte.
El viejo me alcanzo una planilla salpicada de firmas. Marco dos cruces. Firme al lado de una y le devolvi la planilla y la carta de Ella.
– ?Esta no?
– No es para mi -dije convencido.
– Pero… El nombre coincide.
– No soy
Le di la mano, salude con la cabeza a los demas, y sali de Correos.
En la escalera no tropece con ningun hueso.
41
Caminaba por la calle, despreciando la supuesta seguridad cuadriculada de las aceras. El sol vertical me negaba la sombra y mi sombra se dejaba. Caminaba despacio, porque no tenia tiempo. Y tiempo era lo unico que me sobraba en mi ultimo dia de vida.
Me arrepenti de no haber devuelto tambien el sobre de Lidia, pero me intrigaba. En el cede no habia ninguna nota aclaratoria.
?Cual de las dos Lidias habria grabado el mensaje, cual habria pagado el franqueo, de que prostitucion habrian salido las monedas para enviar ese paquete que ni esperaba ni queria; del puteo autodestructivo y secreto de la nueva Lidia, que no acaba de entender, o del otro, mejor considerado pero igual de mercantilista, del puteo de redaccion y mensajes adecuados a la linea editorial de la empresa, si senor, no senor, pues entonces quien lo tiene, el periodistico puteo de las medias verdades en papel prensa que yo conocia tan bien?
El sol no se movia y todavia me quedaba algo que hacer para despedirme de mi vida reciente. Pero no sabia si queria hacerlo, si me convenia. Sacudi la cabeza, divertido: estaba yo como para ponerme a calcular conveniencias, perdidas y ganancias, cuando faltaban horas para el cierre definitivo de mi pobre negocio de fabricar y contar y contarme mentiras sin vocacion.
Llegue a la casa de Lidia porque tenia que llegar, y no me importaba mucho que eso anticipara mi entrada en la boca del lobo. En realidad, no tenia posibilidades de salvar a Nina, si es que todavia estaba viva. Lo mas que podia hacer era ofrecerme en sacrificio junto a ella, o negociar con El Muerto un canje imposible.
Pero ahora, otra vez, queria saber, y por eso abri el portal con la copia de la llave que Lidia me dio para tentarme, por eso trepe las escaleras angostas y empuje la puerta entreabierta como la habia dejado una madrugada lejana, dias atras, miles de kilometros y dudas atras; y por eso cruce el salon vacio buscando respuestas en el suelo, y por eso me enoje, y mucho, con Lidia al encontrarla como la habia dejado, desnuda y en la cama, con las piernas abiertas; y por eso le dije cosas duras y feroces y me negue a perdonarla a pesar de que ella, la que fuera de las dos, ya no podria reirse de mi rabia o llorar mi ausencia, porque alguien (yo sabia quien por la firma reconocible de un tajo limpio en el cuello) habia resuelto para siempre su problema y su guerra de dos Lidias.
Ahora eran una sola Lidia.
Muerta.
Sin dejar de insultarla, rebusque por los cajones, en su bolso, en los estantes de libros. Buscaba su agenda, una tarjeta, algo que me permitiera localizar a Manolo. Al fin y al cabo, era un policia. No me permiti siquiera vomitar y segui buscando por toda la casa, hasta que una irracional incursion en la cocina me convencio de que Manolo no podria ayudarme, con sus manos atadas a la espalda, inmovil en una silla y con un profundo tajo en la garganta. Me convenci tambien de que necesitaba vomitar.
Despues cerre con cuidado las puertas de la cocina y el dormitorio, coloque el cede en el equipo de musica y me sobresalte cuando la voz de Lidia, la de siempre, me aconsejo desde los altavoces:
–
–
–
Las deje seguir su pelea en la grabacion, su eterna pelea que ni la muerte habia logrado interrumpir. Me tumbe en el sofa mientras ellas, las dos Lidias, me contaban de a poco y cada una a su modo, la parte de la historia que les correspondia. De como Lidia la nueva y nocturna habia conocido a El Muerto en una de sus caidas mas profundas, de como el habia sospechado de su doble vida y descubierto a Lidia la de siempre, conservando la informacion como un dato util, mas util todavia cuando supo que salia con un pasma. Y de como el buen Manolo, el recto ingenuo y moralista Manolo, se entero por su cuenta del asunto del dinero negro perdido y al verme entrar en escena decidio utilizar mi amistad con Lidia, la de siempre, para seguirme los pasos.
Ellas siguieron en la cinta, desgranando a duo y a destiempo una historia que ya podia imaginar. Todos persiguiendome y persiguiendose unos a otros, mientras yo perseguia el rastro de una pelirroja escurridiza a la que nunca habia visto.
Me faltaban piezas para el rompecabezas, pero ya no eran tantas. Mentalmente intente completarlo, pero cuando ponia en el extremo izquierdo una que parecia la rama de un arbol, se me borraba otra que hubiera jurado era la cresta de una ola, el pico de un pajaro, o la palida nalga de una dama nocturna, por que no. No habia manera. Lo mas que consegui fue una imagen difusa y fugaz, que se desvanecio antes de saber si el dibujo completo del rompecabezas era un cementerio, un patio o un basural.
Entonces el telefono movil volvio a sonar.
Le quite el volumen al equipo de musica y atendi la llamada.
– ?Tiene el dinero?
– No. Pero tengo una idea de donde puede estar -menti-. ?Ella esta bien?
– De momento. Y no se si creerme lo del dinero.
– ?Tiene una oferta mejor, Muerto?
Resoplo, nervioso. Nunca imagine que pudiera ponerse nervioso.
– ?Cuanto tiempo necesita? -pregunto.
– Tres horas.
– Ni un minuto mas. Volvere a llamar y nada de bromas.
Colgo. Subi el volumen. Las Lidias seguian su duelo que ya casi no era el relato de esa historia sucia de traiciones, sino un acido ajuste de cuentas entre ellas, en el que ocasionalmente recordaban al destinatario de la grabacion, y volvian a disputar por convencerme para huir y salvarme o intentar hacerme con la plata.
Saque de la mochila las cajas de puros y vacie una.
Meti adentro la pistolita de Nina, despues de quitarle el seguro. Volvi a guardarlas en la mochila. No es que me pareciera un truco genial, pero al menos era la ilusion de que podria intentar algo, un espejismo para enganar a mi instinto de supervivencia y no salir corriendo.
No sabia donde estaba la plata, aunque empezaba a sospecharlo. Pero no la buscaria, porque en cuanto la tuviera, El Muerto nos liquidaria a los dos.
Antes de salir, rompi el cede en varios pedazos y los tire por el inodoro. No supe bien si para proteger la imagen de la Lidia de siempre, o para borrar mi nombre de la suciedad pegajosa de toda esa historia.
