El rabi insistia en que la caligrafia habia de ser perfecta.
– ?Veis? Asi, si… -dijo tras escribir.
En cambio, no parecio desagradarle el desparpajo de su nuevo alumno al hablar en la lengua de su pueblo; aunque otra cosa era escribir y sobre todo, leer bien el hebreo. Algo debian de haberle dicho al viejo judio sobre como instruir al discipulo, pues en lugar de centrarse en frases coloquiales parecia mas interesado en que Rodrigo fuera capaz de leer y, sobre todo, traducir, acepciones y caracteres mas tipicos del hebreo antiguo. ?Por que?
A Rodrigo se le antojaba dificil llegar a intimar con aquel hombre severo; ademas, ?que iba a saber aquella rata de biblioteca de lo ocurrido diez anos atras a siete sabios judios de Paris?
Segun habia dicho, ninguno de sus companeros provenia de la capital del reino; luego quiza debia buscar en otra parte. No le quedaba mas remedio que aplicarse al maximo, tanto para agradar a los gerifaltes de la orden como para hacerse con la confianza de su nuevo maestro. Cuando salio de la estancia situada sobre la teneria portaba multitud de pergaminos, tinta y pluma. Tuvo que pasar toda la tarde trabajando y parte de la noche ejercitando su caligrafia: aquel rabi le habia puesto trabajo como para una semana. Y el queria agradarle.
A mediodia pudo conocer a Bernardo de Claraval, que resulto ser un hombre tremendamente educado. Su humilde habitaculo no era sino una extension de su ascetica personalidad. Recibio a Arriaga con amabilidad, con una amplia sonrisa. Era ya un hombre maduro pero su figura, delgada y fibrosa, le proporcionaba cierta agilidad de movimientos que lo hacian parecer mas joven. Se notaba que era de buena cuna.
– Vaya, vaya -dijo, indicando a Rodrigo que tomara asiento frente a el-. Aqui tenemos a una de las mas esperanzadoras incorporaciones al Temple de los ultimos tiempos.
– Favor que me haceis -dijo humildemente el templario aragones.
– No seais modesto, hermano. El proyecto requiere de manos y mentes privilegiadas.
?Habia dicho «el proyecto»?
– Si -dijo Rodrigo como si supiera de que le estaba hablando.
– No solo necesitamos guerreros, buenos comerciantes y sabios, tambien requerimos buenos traductores y gente de confianza; ya sabeis, buenos oidos, caballeros que hablen idiomas, que escuchen lo que se dice en la corte del rey de Francia, en Roma o en los zocos de Jerusalen.
– Espias.
– Exacto. Pero vayamos a conversar fuera: hace un buen dia hoy, Rodrigo.
Salieron al exterior y el templario anduvo entre los frutales con aquel prohombre de la Iglesia, que se paraba aqui y alla pura observar las hojas de un ciruelo o arrancar una mala hierba junto a las lechugas. Parecia familiarizado con el trabajo en la huerta, pese que era un autentico intelectual.
– ?En que nivel os encontrais? -pregunto el abate.
Parecia creer que Rodrigo sabia mas de lo que en realidad conocia. Primero le habia hablado del «proyecto» y ahora le preguntaba en que «nivel» se hallaba. Recordo su conversacion con Jean, cuando este le conto algo sobre «la iluminacion» y un largo camino. Era obvio que Bernardo de Claraval pensaba que estaba al corriente de aquel asunto, fuera lo que fuese. Decidio fingir que sabia de que hablaban.
– Estoy al principio del camino, padre -dijo.
– No sois, pues, un iniciado.
– No -contesto-. Pero con esfuerzo espero serlo.
?Habia dicho un «iniciado»? Aquello se ponia interesante.
– Bien, Rodrigo, bien. Vuestro maestro esta haciendo un buen trabajo; lo primero, la humildad. ?Quien os guia?
– Jean de Rossal.
– El hijo de mi buen amigo, se que sirve bien al Temple y a la causa.
«?Que causa?», penso Rodrigo. Bernardo, sin dejar de caminar, anadio:
– La gnosis es un camino duro, incierto a veces, pero merece la pena.
– Si, Su Paternidad, lo es. Pero algun dia habremos cambiado este mundo -se atrevio a decir dando un palo de ciego.
– Es verdad, hijo, es verdad. Pero el proyecto ha de ir cumpliendo poco a poco sus objetivos. Tiene sus pasos. Mas vale ir despacio, se que no lo vere concluido, pero…
– No digais eso.
– Hay que ser realistas -dijo Bernardo de Claraval, mirando a Arriaga profundamente con sus hermosos ojos azules. ?Podria leer aquel hombre su mente? Parecia que mas que caminar, levitara. Era seguro que el abad tenia una gran y profunda vida espiritual. Estaba en otro plano, en otro nivel. Sintio miedo-. No temais. El camino es largo y azaroso. Vuestro miedo os obceca, Rodrigo, pero confiad en vuestro maestro. Por cierto, habeis yacido con hembra no hace mucho, ?verdad? Se nota. -Aquel comentario dejo helado al templario-. No temais, mirad en vuestro corazon y arrepentios. Los placeres del cuerpo distraen al alma de su camino a la luz. La iluminacion es la unica salida de este mundo. A proposito, ?que tal anda el joven Saint Claire?
Aquel cambio de tema alivio a Arriaga, que se sentia escrutado en lo mas profundo de su ser.
– Me temo que mal -contesto-. Ha perdido un poco la cabeza.
– Vaya, es una pena. Algo habia oido. Dicen que hace alusiones a nuestro negocio y eso no le importa a nadie, ?verdad? -Rodrigo asintio-. Puede descubrirnos. Me temo muy mucho que o vuelve en si o se plantearan eliminarlo.
?Era cierto lo que habia oido? Aquel padre de la Iglesia estaba hablando con absoluta naturalidad de la eliminacion del joven. Temio por su amigo Robert; tendria que ayudarle de alguna manera. El abad continuo:
– El hecho de que sea de tan buena estirpe, nada menos que los Saint Claire, dificulta las cosas. No en vano su familia es de las que inicio el proyecto, pero este pobre demente puede ponerlo todo en peligro. Rezare para que vuelva en si. Si no, me temo que habra problemas con los Saint Claire, y no pequenos.
Los dos hombres se sentaron en una bancada de piedra frente al inmenso estanque. El abad comenzo a tirar migas de pan que arrancaba de un chusco que habia sacado de su habito. Inmensas carpas y truchas saltaban mostrandose lustrosas.
– Su Paternidad… -empezo a decir Rodrigo.
– ?Si? -El asceta lo animo a hablar con una gran sonrisa de aire inocente.
– Sobre mi amigo Robert… quiza seria suficiente con alejarlo del centro de todo, de Paris… creo que seria injusto que le hicieran dano. Es inofensivo, os lo juro. Lo ideal seria llevarlo a las tierras de sus mayores, a Escocia. Alli estara alejado de los asuntos que no le conciernen…
– Si, es cierto, en aquellas tierras dejadas de la mano de Dios no haria dano; total, solo podrian escucharle cuatro labriegos analfabetos.
– Exacto. Ademas, estaria bajo el cuidado de su familia, de sir Henry. El no permitiria que su hijo hiciera nada inadecuado para la orden. Ha servido bien al proyecto.
Bernardo de Claraval lo miro como sorprendido. Parecia pensativo.
– Ahora entiendo por que dicen que sois hombre valioso. Quiza sea lo mejor; no me agrada la violencia: nos aleja del camino. Escribire al Gran Maestre a Jerusalen.
Rodrigo respiro aliviado.
Un novicio llego al estanque y comento algo al oido a Bernardo. Este dijo con cara de fastidio:
– Me reclaman obligaciones mas mundanas, hermano. Os dejo. Nos veremos. ?Ah!, y aprovechad las lecciones.
Rodrigo vio alejarse a los dos monjes por el camino de tierra bajo las hayas. Le habia salvado la vida al joven Saint Claire, eso era seguro.
Tanta vuelta, tanto rodeo y habia obtenido mas informacion del mismisimo Bernardo de Claraval en unos minutos que en varios meses de pesquisas aqui y alla. «Asi son los grandes hombres -penso-. No conocen los pequenos detalles y su autocomplacencia les impide ver mas alla: se confian en exceso.»
Le habia confirmado que habia un «proyecto», que habia grandes familias en el, que habia un camino hacia algo llamado la «gnosis», el conocimiento. Aquello habia de ser heretico, sin duda. «La iluminacion», habia dicho. Le habia preguntado si era un iniciado. Iniciado… ?en que? Alli habia gato encerrado. Eran una organizacion, quizas un nuevo culto religioso, y querian cambiar el mundo, como el propio Bernardo habia reconocido. Tenia que
