que tan irritado le tenia. Creia haberle dejado bien claro que podia acudir a ella en cuanto quisiera y para lo que la necesitara. Le dio un beso cuidadoso en la mejilla y le agradecio la ayuda, y a cambio recibio una sonrisa grotesca. Luego se marcho a su cuarto.
?ora decidio aprovechar la tranquilidad que se habia creado de pronto para mirar las cosas que habia copiado del ordenador de Harald. Saco su portatil y se instalo en el sofa del salon. Contemplo varias fotos de las preparaciones culinarias y de la operacion de la lengua. Las fotos de la intervencion eran del 17 de septiembre. Las fue abriendo una tras otra y ampliando aquellas en las que aparecia algo que pudiera ser de interes. Durante un rato todas las imagenes eran igual de desagradables. El tema principal de todas era la boca abierta y la operacion en si, pero de vez en cuando se llegaba a vislumbrar la barbilla de Harald. Al parecer, la intervencion se habia realizado en una casa particular (hasta ahi estaba claro), pues lo poco que se veia del entorno no permitia pensar en una clinica ni un despacho de dentista. Se podia ver una mesita baja de tresillo, cubierta hasta el ultimo centimetro de vasos vacios o medio llenos, de latas de cerveza y otras cosas de esas… asi como por un gran cenicero lleno hasta el borde. Tambien estaba claro que no era la casa de Harald. Aquel apartamento parecia mucho mas desarreglado y decorado con un gusto radicalmente inferior al que caracterizaba las inmaculadas y minimalistas habitaciones de Harald. En una foto se veia el cuerpo del que realizaba la intervencion, o que ayudaba a ella. El, o ella, llevaba puesta una camiseta de color marron claro con una inscripcion que ?ora no podia leer porque unos pliegues se lo impedian. Pero consiguio distinguir el numero «100» y las letras «…lico…». No habian empezado aun a cortar cuando se tomaron esas dos fotos, pero la tercera la habian hecho despues de clavar el bisturi: la sangre corria por las comisuras de la boca de Harald y el brazo que se veia estaba cubierto de manchas de sangre. Debia de haber salpicado por todas partes cuando cortaron la lengua: si los tajos eran como las heridas en la cabeza, habria sangrado muchisimo. ?ora desplazo el puntero al brazo y aumento una zona en la que creyo ver un tatuaje. Resulto ser cierto: en el brazo se distinguia la palabra
Las fotos de cocina habian despertado la atencion de ?ora porque estaban datadas justo antes del asesinato de Harald: en la epoca en que, segun Hugi, habia estado practicamente aislado, sin relacionarse con los amigos. Las indicaciones de los archivos lo confirmaban: las fotos se habian tomado un miercoles, tres dias antes del asesinato de Harald. ?ora estudio detenidamente dos de las imagenes, en especial las manos, que estaban atareadas preparando una ensalada y cortando pan. Hasta un ciego se habria podido dar cuenta de que se trataba de dos personas distintas. Unas manos estaban cubiertas de cicatrices: tatuajes en cicatriz, que formaban entre otras cosas una estrella de cinco puntas y un tipo sonriente con una herradura y cuernos. Aquel tenia que ser Harald. Las otras eran mucho mas finas, manos de mujer con dedos finos y bien cuidados, unas cortas. ?ora amplio una de las fotos, en la que se podia distinguir en el anular un anillo sencillo con lo que parecia un diamante o alguna otra piedra preciosa blanca. El anillo era de aspecto demasiado corriente para ser de autor, pero quiza se le podria ensenar la foto a Hugi y comprobar si le resultaba conocido.
Algo surgio de pronto en la memoria de ?ora: algo que la habia perturbado en su primera visita al apartamento de Harald. El ejemplar de la revista alemana
– ?Donde estas?… ?Te pillo en mal momento? -pregunto en cuanto oyo el clic.
– No, no -respondio el, evidentemente con la boca llena. Trago-. Estoy fuera, comiendo, he pedido carne. ?Que pasa? ?Quieres venir a acompanarme en el postre?
– ?Eh? No, gracias -?ora descubrio que se moria de ganas de hacerlo. Era estupendo eso de salir a comer, acicalarse y brindar con unas copas que otra persona tendria que fregar-. Manana es dia de colegio y tengo que ocuparme de que los ninos se vayan a la cama a una hora prudencial. No, solo llamaba para saber si tendrias el numero de telefono de la mujer que limpiaba en casa de Harald: tengo la sospecha de que hubo alguien en su casa justo antes del crimen… alguien que incluso dormia alli. Creo que todo apunta a que era alguien de Alemania: una mujer.
– Pues si, lo tengo en algun sitio, en la agenda del movil. ?Quieres que la llame yo? Ya tuve una conversacion con ella, y habla ingles estupendamente. Quiza sea eso lo mas facil… a ti no te conoce pero seguramente se acordara de mi, porque le pague el sueldo que se le debia.
?ora se mostro de acuerdo, y Matthew prometio llamarla enseguida. Ella aprovecho el rato para decirle a su hija que se fuera a acostar, y estaba ayudandola a cepillarse los dientes cuando Matthew volvio a llamar. ?ora se puso el telefono en el hombro y lo sujeto con la mejilla, para poder hablar y ayudar a su hija con la higiene dental, todo al mismo tiempo.
– Oye, dice que la cama del dormitorio de invitados habia sido usada. Ademas, en el bano habia unos trastos… maquinillas de afeitar desechables… maquinillas de esas para mujer, lo que indica que tienes razon.
– ?Informo a la policia?
– No, pensaba que no tendria importancia, porque a Harald no lo habian asesinado en su casa. Ademas dijo que muchas veces habia huespedes, mas de uno y mas de dos. Y habia habido varias fiestas, que al parecer coincidieron en el tiempo con la visita del huesped.
– ?Puede ser que Harald tuviese una novia alemana?
– ?Que atravesaba el mar para venir a visitarle y luego se acostaba en el cuarto de invitados? Me parece absurdo. Y nunca he oido hablar de ninguna novia alemana.
– Claro que podrian haberse peleado -?ora se lo penso mejor-. O quiza no era una novia, sino una amiga, o un familiar. ?Su hermana, quiza?
Matthew callo por un momento.
– Creo que de ser asi, deberiamos dejarlo correr.
– ?Estas loco? -chillo ella-. ?Pero por que demonios?
– Todo se le ha complicado mucho ultimamente… su hermano asesinado, y ella esta pasando una crisis por su propio futuro.
– ?Y eso? -pregunto.
– Es una magnifica interprete de cello y quiere seguir formandose. Su padre quiere que estudie comercio y se ponga a trabajar en el banco. No le queda nadie mas… y aunque Harald hubiese vivido, no habria habido forma de convencerle. Pero el asunto de los estudios de su hermana es algo que surgio antes de que lo mataran.
– ?Usa joyas? -pregunto ?ora. Las manos de las fotos habrian podido ser perfectamente las de una chelista: muy finas, las unas recortadas.
– No, en absoluto. Ella no es asi -respondio Matthew-. No le gustan nada esas cosas de presumir.
– ?Ni siquiera un sencillo anillo con un diamante?
Un breve silencio, y luego:
– Bueno, eso si. ?Como lo sabes? -?ora le hablo de las fotos y concluyeron la conversacion con la promesa de Matthew de pensar en la posibilidad de ponerse en contacto con la chica.
– ?Temino ya o toavia do? -dijo su hija a traves de una boca llena de espuma de dentifrico. Habia dejado que el cepillo siguiera trabajando mientras duro la conversacion telefonica: hoy por lo menos no vendria de visita el senor Caries. ?ora la llevo en brazos a su cuarto y le leyo un poco hasta que empezo a quedarse dormida. Le dio un beso en la frente, apago la luz y cerro la puerta. Luego volvio al ordenador.
Despues de pasarse dos horas repasando otros archivos de Harald sin encontrar nada que pudiera serle de utilidad, se dio por vencida y apago el ordenador. Decidio relajarse un poco leyendo un trozo del
Abrio el libro y de el cayo una hoja de papel doblada.
– Callate -exclamo Marta Mist con brusquedad-. Esto no saldra a menos que estemos perfectamente
