las brujas tocasen la tierra en su camino a la carcel: habia que llevarlas hasta alli en parihuelas. De otro modo, recibirian a traves del suelo nuevas fuerzas del demonio que les posibilitarian negar las acusaciones, incluso cuando estuvieran ya entre las llamas. Habia que registrarlas a su llegada a la carcel, pues frecuentemente las brujas llevaban consigo objetos utilizados para despedazar a los ninos pequenos, que les daban su fuerza. Tambien se estipulaba que habia que cortarles el pelo pues en el podian ocultar los trozos de nino, y por eso era imprescindible afeitarlas hasta llegar al cuero cabelludo. Asimismo se indicaban las vias que permitian dificultar la defensa, por ejemplo se senalaba que habria que registrar los testimonios de los testigos de la defensa en dos hojas: en una estaban los testimonios, pero los nombres de los testigos se anotaban en la otra, de modo que fuera imposible saber quien decia que. La unica finalidad, naturalmente, era dificultar la identificacion en los casos en que un testimonio se daba a conocer a la acusada, lo que no siempre estaba autorizado, y habia una pormenorizada discusion acerca de las ocasiones en que tal autorizacion era posible y cuando no. Cualquier persona estaba autorizada a actuar como testigo, a diferencia de lo que sucedia en otros casos, cuando las personas de reputacion dudosa no se consideraban testigos fiables.

Se explicaba como habia que aplicar el tormento, cuanto tiempo debia transcurrir entre una sesion y otra, y que era preciso comprobar con regularidad si la persona a la que se estaba torturando era capaz de llorar en presencia de los jueces, en el potro del tormento, pues tal cosa podia indicar su inocencia. Pero se hacia la reserva de que las mujeres solian utilizar saliva para aparentar que lloraban. Era de esperar que a la pobre gente a la que se torturaba sin pausa le quedaran pocas lagrimas cuando el juez y sus auxiliares les ordenaban llorar; ?ora se dijo, pensativa, que aquello era privarlas de toda defensa. El llanto que se producia sin que estuvieran presentes los jueces (en la mazmorra, el potro, etcetera) no era valido. Todo iba dirigido a obtener confesiones, confesiones que se fabricaban siguiendo lo expuesto en la primera parte del libro, y que se utilizaban para demostrar la naturaleza demoniaca de las brujas. A cualquier persona en su sano juicio le habria resultado obvio, al leer aquello, que las confesiones eran totalmente invalidas, al haberse obtenido mediante la tortura, y que no podia caber duda alguna de que se hacian con la finalidad de detener la tortura y acabar asi con los sufrimientos.

?ora hizo una pausa y se sento en la cama. Dirigio los ojos hacia la mesilla de noche, a aquel libro perverso. Intento calmarse fijandose solamente en lo unico positivo que habia sacado de aquella lectura: la sensacion de que desde aquellos anos, en torno a 1500, la humanidad no habia hecho mas que progresar.

Se levanto y se metio en la ducha. De paso toco en la puerta del dormitorio de su hijo para despertarle. El desayuno fue un rato tan patetico como de costumbre, pues la unica que podia sentarse a comer tranquilamente era su hija. Camino del coche, ?ora les recordo que tenian que ir a casa de su padre esa tarde. Nunca parecia que les apeteciese demasiado ir, pero despues siempre se alegraban de haber estado con su padre. Si conseguian evitar que les hiciera montar a caballo.

Despues de despedirse de los ninos, ?ora se dirigio al bufete. Llevaba consigo la hoja manuscrita que habia aparecido en el libro para ensenarsela a Matthew. No habia llegado nadie todavia, pues faltaba media hora para que abriera la oficina, a las nueve. Tiempo de sobra para un cafe y para echar un vistazo al correo… para ver lo que pasaba fuera de aquel extrano caso que ahora le absorbia todo su tiempo.

Brict llegaba a tiempo a la clase que empezaba a las ocho y cuarto, pero Gunnar, el decano, la detuvo cuando estaba a punto de entrar en el aula. Despues de hablar unas palabras con ella, desaparecio toda posibilidad de llegar a la hora. En lugar de entrar en el aula, se dirigio a toda prisa hacia las escaleras y salio del edificio para fumar. Tenia que calmarse un poco… ademas, debia llamar a los demas para contarles la noticia. Dio una profunda calada a su cigarrillo verde mentolado, un tipo que a Marta Mist le parecia tan ridiculo y tan flojo que decia que Briet habria podido afirmar con pleno convencimiento que no fumaba. Marta Mist preferia el Marlboro y mientras Briet marcaba su numero de telefono, confiaba en que su amiga tendria cigarrillos suficientes… le harian falta.

– Hola -dijo precipitadamente en cuanto contestaron al otro lado-. Soy Briet.

– Que tempranito llamas. -La voz de Marta Mist estaba ronca; evidentemente, Briet la habia despertado.

– Tienes que bajar a la uni: el Gunnar ese anda como loco y dice que va a hacer todo lo que haga falta para que nos expulsen de la universidad con deshonor, como una puta mierda, si no hacemos lo que nos dice.

– Pero que estupidez es esa. -La voz de Marta Mist indicaba que ahora ya estaba perfectamente despierta.

– Tenemos que llamar a los demas y decirles que vengan. Yo no estoy dispuesta a que me echen de la universidad. Mi padre se pondra hecho una furia y me quedare sin beca.

– Calmate un momento -la interrumpio Marta Mist-. ?Como cree Gunnar que nos va a echar de la universidad? Yo no se tu, pero mis notas estan todas perfectamente.

– Dice que va a presentar al claustro una queja por consumo de drogas… dice que tiene bastantes cosas en el saco. Asi podria echarnos a Brjann y a mi inmediatamente, y luego se encargara de que os hagan lo mismo a ti, a Andri y a Dori. Tendremos que hacer lo que dice. Por lo menos, yo no estoy dispuesta a jugarmela. -Briet estaba enardecida. ?Que le pasaba a Marta Mist?… ?nunca seria capaz de hacer lo que se le decia?

– ?Que quiere que hagamos? -El nerviosismo de Briet habia hecho mella en Marta Mist.

– Quiere que hablemos con unos abogados que trabajan para los padres de Harald. Desean tener una reunion con nosotros, y Gunnar esta empenado en que colaboremos. Lo cierto es que dijo que no era tan tonto como para creer que ibamos a decir la verdad en todos los extremos, aunque a el le daba lo mismo… bastaba con que hablaramos. -Dio una fuerte calada y dejo escapar una espiral de humo. Le parecio oir que habia alguien con Marta, que preguntaba que pasaba.

– Vale, vale -dijo Marta Mist-. ?Que hacemos con los demas? ?Ya les has llamado?

– No, tienes que ayudarme tu. Quiero acabar con esto… nos reunimos todos a las diez y nos quitamos este asunto de encima. Hoy tengo que ir a clase.

– Yo hablo con Dori. Tu llama a Andri y Brjann. Nos vemos en la libreria. -Marta Mist colgo sin decir nada mas.

Briet se quedo mirando el telefono, enfadada. Claro que era Dori el que estaba con Marta. Asi que ella no tenia que telefonear a nadie… le dejaba a Briet toda la faena, como de costumbre. Si se hubiera ofrecido a llamar a Andri o a Brjann, pues estupendo. Briet tiro destempladamente el cigarrillo, lo apago en las escaleras y se puso en pie. Se fue en direccion a la libreria mientras se dedicaba a localizar el numero de Brjann en su telefono.

Desde la ventana de su despacho de Arnagar?ur, Gunnar vio a Briet alejarse. «Estupendo», penso; «les tengo bien agarrados por el cuello». Cuando se lanzo a hablar con la chica un rato antes, tuvo que usar todas sus fuerzas para no perder el animo. No tenia nada contra aquella gente: ni siquiera la conviccion de que estuvieran metidos en drogas y Dios sabe en que cosas mas. Cuando se ofrecio a ir con ellos a la reunion con la abogada, en realidad lo hizo sin intencion de cumplir: hasta entonces aquellos chicos no habian hecho nunca el menor caso de lo que les decia, por eso no esperaba que aceptasen ahora con tanta facilidad. Asi que echo mano de las amenazas… Tenia que ser algo que les importara, y al parecer su artimana habia resultado.

Aquel grupo siempre le habia sacado de sus casillas. Harald parecia el peor, pero los demas no le iban demasiado a la zaga. Claro que lo importante era que su aspecto externo no les habia deformado la inteligencia. Cuando se le metio entre ceja y ceja librarse de aquella estupidez que llamaban «sociedad historica», expulsandolos de los locales de la facultad, revolvio Roma con Santiago y descubrio, con gran asombro, que algunos de ellos eran alumnos de sobresaliente.

Dejo caer la cortina y cogio el telefono. Delante de el, sobre la mesa, estaba la tarjeta de la abogada… tenia que mantener buenas relaciones con ella y con el aleman si queria encontrar el documento que habia robado Harald. ROBADO. Era inaguantable tener que hacer semejante papelon… creia conocer bien a aquel joven tan desagradable, y siempre hablaba de el con respeto. Y resulta que era un ladron como una casa, para verguenza de si mismo y de todos los demas. Gunnar dejo el telefono. Tenia que calmarse un poco: no podia llamar a aquella mujer en el estado de nervios en el que se encontraba. Respirar hondo y pensar en otra cosa. La beca Erasmus, por ejemplo. La solicitud ya habia entrado y habia bastantes opciones de que la aprobaran. Gunnar logro tranquilizarse. Levanto el telefono y marco el numero que figuraba en la tarjeta.

– ?ora, buenos dias, aqui Gunnar -dijo con toda la amabilidad de la que era capaz-. Respecto a los amigos de Harald… querian una reunion con ellos, ?no?

Вы читаете El Ultimo Ritual
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату