lo que hace crecer la determinacion de la persona por lograrla, y eso mismo facilita su consecucion.
– ?Puedes darme un ejemplo de uno de esos objetivos? -pregunto ?ora.
– Conseguir el amor de alguien o mayor riqueza; curar, hacer dano a un enemigo. En realidad no son objetivos. La mayoria de las brujerias antiguas tienen que ver, naturalmente, con las necesidades fundamentales: la vida no era tan facil ni variada como ahora.
?ora se permitio no estar de acuerdo, despues de haber leido el
– ?Y que se usa para practicar los conjuros? -pregunto, anadiendo para fastidiar a Marta-: ?Aparte de gallinas cojas y munecos artesanales?
– Muy graciosa -dijo Marta Mist, aunque sin dejar escapar sonrisa alguna-. En Islandia eran sobre todo los signos magicos… aunque, muchas veces, para poder completar el encantamiento hacia falta algo mas que grabarlos o dibujarlos. Los signos magicos se conocen tambien en otras partes de Europa y se les puede aplicar lo mismo que a los islandeses: con frecuencia era necesario algo mas que simplemente dibujarlos.
– ?Como que? -pregunto Matthew.
– Pronunciar encantamientos, reunir huesos de animales, huesos de persona, pelo de una virgen. Algo por el estilo. Nada serio -respondio Marta Mist con voz gelida.
– Eso, y a veces partes del cuerpo de personas muertas -interrumpio Briet. Aquello produjo el silencio en el grupo. Enrojecio y se quedo en total silencio.
– ?Y? -pregunto Matthew con falso asombro-. ?Como cuales? ?Manos? ?Pelo? -Solto una risita en medio de la lista-. ?O quiza ojos?
Nadie dijo nada hasta que Marta Mist se aventuro a responder.
– Yo nunca he leido de ningun conjuro que necesitase ojos… excepto ojos de animales.
– ?Y los demas? ?Conoceis algun conjuro que los exija? -pregunto Matthew.
Ninguno dijo nada, pero todos sacudieron la cabeza.
– No -dejo escapar Brjann.
– ?Y dedos de la mano? -se apresuro a anadir ?ora-. ?Habeis leido, o practicado, algun conjuro en el que se tuvieran que usar dedos?
– No. -La voz de Dori era decidida y se aparto el pelo de los ojos para poder apoyar su argumento mirando a los ojos a ?ora y Matthew-. Lo mejor es que quede bien claro que nosotros no nos hemos dedicado a practicar ninguna clase de magia que necesitara partes del cuerpo humano. Se lo que estais queriendo dar a entender, y es total y absolutamente absurdo. Nosotros no matamos a Harald… eso podeis descartarlo desde ya. La policia comprobo lo que estabamos haciendo cada uno de nosotros, y les quedo bien claro. -Dori se echo hacia delante para coger un cigarrillo de uno de los paquetes que habia sobre la mesa. Lo encendio, dio una profunda calada y fue echando el humo despacio.
– ?De modo que fue Hugi quien le mato? -pregunto ?ora-. ?Es eso lo que estas diciendo?
– No, yo no he dicho nada por el estilo. No te inventes cosas -dijo Dori, su vez delataba su nerviosismo. Se echaba hacia delante de nuevo para decir algo mas, pero Marta Mist extendio el brazo y lo empujo hacia el respaldo del sofa.
Tomo la palabra, aunque mas tranquila que Halldor.
– No se donde estudiaste logica, pero que nosotros no mataramos a Harald no significa automaticamente que fuese Hugi quien lo hiciera. Lo unico que ha dicho Dori es que nosotros no matamos a Harald. Punto. -Ahora le llego a Marta Mist el turno de reclinarse en el sofa. Saco el cigarrillo de entre los dedos de Dori, dio una chupada y lo devolvio a su lugar. En el rostro de Briet se vio brotar la rabia; aquella muestra mas que evidente de amistad intima la habia alterado.
– Hugi no le mato. El no es asi -farfullo Dori con gesto de enfado. Apoyo el brazo en Marta Mist y se inclino sobre la mesita para tirar la ceniza del cigarrillo.
– ?Y tu? ?Eres tu asi? Si no recuerdo mal, no tenias una coartada tan buena como tus amigos. -Matthew miro fijamente a Dori esperando su reaccion.
Esta no se hizo esperar. La voz de Dori se hizo mas grave por la ira y cuando empezo a hablar avanzo hasta el borde del sofa… acercandose a Matthew tanto como podia sin llegar a caerse.
– Harald era amigo mio. Un buen amigo. Hizo muchisimo por mi, y yo por el. Yo no le he matado. No. Estais mas perdidos que la policia y tu no tienes ni puta idea de lo que estas insinuando -anadio enfasis a sus palabras apuntando a Matthew con su cigarrillo encendido.
– ?Que hacias tu por el? Aparte de ayudarle a traducir documentos -anadio ?ora para poder meter baza.
Dori aparto los ojos de Matthew y dirigio su mirada a ella, sin abandonar la colera. Abrio la boca como si fuera a decir algo, pero se detuvo. Despues de una ultima calada y de apagar el cigarrillo, volvio a su lugar en el sofa.
Brjann, el estudiante de Historia, se asigno a si mismo el papel de conciliador.
– Venga, entiendo perfectamente lo que pretendeis decir: naturalmente, alguien mato a Harald, y si no fue Hugi, ?quien fue? Pero os ahorrariais tiempo y trabajo simplemente con creer que estamos diciendo la verdad, ninguno de nosotros mato a Harald. No teniamos ningun motivo para ello… era simpatico, imaginativo, un anfitrion esplendido, un gran amigo y un estupendo colega. Sin el, por ejemplo, nuestra asociacion no es nada de nada. Ademas, no podriamos haberle matado nosotros… no estabamos cerca de donde andaba el, y hay un monton de testigos que lo pueden confirmar.
Andri, que estudiaba el master en Quimica, tomo la palabra a continuacion. Sus ojos estaban empanados y ?ora penso que debia de estar pasando un mal trago.
– Eso es totalmente cierto. Harald era unico; ninguno de nosotros habria querido jamas quitarle de en medio. Podia ser caustico y desconcertante, pero siempre era tremendamente amistoso cuando llegaba el momento.
– Que bonito-exclamo Matthew con tono de burla-. Hay una cosa que quiero saber. Estabais todos en la fiesta excepto Halldor; ?podeis recordar si Hugi y Harald entraron juntos al bano y luego salieron con manchas de sangre en la ropa?
Todos los jovenes sacudieron la cabeza excepto Halldor.
– A nadie le iba nada en la ropa de nadie -dijo Andri encogiendose de hombros-. Puede ser perfectamente cierto, pero, al menos yo, no lo recuerdo. -Los otros tres asintieron.
Estuvieron un rato sentados sin decir nada. Se apagaban cigarrillos y se encendian otros nuevos. Matthew rompio el silencio.
– ?De manera que no sabeis quien mato a Harald?
– No -dijo el grupo al unisono, con determinacion.
– ?Y nunca habeis utilizado partes del cuerpo, como por ejemplo dedos, en vuestras practicas? -continuo Matthew.
Ya no todos a la vez:
– No.
– ?Y no conoceis este signo magico? -Matthew arrojo sobre la mesita un dibujo del signo que habian grabado en el pecho de Harald.
Todos a la vez:
– No.
– Resultaria mas convincente si miraseis el papel -dijo Matthew en tono de burla. Ninguno de ellos habia concedido al dibujo mas que una mirada brevisima.
– Los maderos nos ensenaron el signo este. Sabemos perfectamente adonde quieres llegar -respondio Marta Mist. Puso la mano con descuido sobre el muslo de Dori.
– Vale… comprendo. ?Pero podeis decirnos que fue de todo ese dinero que Harald se trajo al pais poco antes de morir? -pregunto entonces Matthew.
– No, de eso no sabemos nada -dijo Marta Mist-. Eramos amigos de Harald, no inspectores de hacienda.
– ?Compro algo, o hablo de comprar algo? -pregunto ?ora dirigiendose a Briet, que le parecia, de todos ellos, quien mas probablemente diria la verdad.
– Siempre estaba comprando algo -respondio esta, mirando de reojo a Marta Mist y Dori. Cuando vio la mano de Marta en el muslo de Dori, se volvio otra vez hacia ?ora y anadio-: Si no era para el mismo, era para Dori. Estaban muy unidos. -Sonrio con desverguenza.
