?ora vio que las mejillas de Dori se encendian.

– ?Que le compraba, y por que?

Dori se agito incomodo en el sofa.

– En realidad no me compraba cosas asi, sin mas. A veces me daba una cosa u otra en senal de agradecimiento por la ayuda que le prestaba yo.

?ora no le dejo escapar.

– ?Como que?

Dori se ruborizo aun mas.

– Vamos. -Volvio a echarse el pelo sobre los ojos.

Matthew volvio a darse una palmada en el muslo… con mas decision que antes.

– Muy bien, buena gente. Tengo una idea. Marta Mist, Briet, Brjann y Andri… vosotros no sabeis nada, segun decis, y no parece que se os pueda sacar mucho. ?Que tal si os vais a casa a estudiar, o a las clases, o a lo que sea que os tiene tan ocupados… y nos dejais a ?ora y a mi charlar con Dori en paz y tranquilidad? -Se dirigio a Halldor-. ?No es lo mejor? Asi no resulta tan forzado.

– ?Pero que rollo es este? -grito Marta Mist-. Dori no sabe mas que cualquiera de nosotros. -Se giro hacia este-. No tienes por que quedarte. Nos marchamos todos.

Al principio Dori no dijo nada, pero aparto de su muslo la mano de la muchacha y se encogio de hombros.

– Vale.

– ?Vale? ?Vale que? ?Vienes con nosotros? -pregunto Marta Mist intranquila.

– No -respondio Dori-. Quiero terminar con esto. Me quedo.

Una mueca de furia recorrio el rostro de Marta Mist, pero se domino y trato de mostrar indiferencia. Se inclino hacia Dori y le dijo algo al oido antes de levantarse. El asintio, con la mente puesta en otro sitio. ?ora se fijo en el leve beso que ella deposito en la coronilla de Dori, y del que Briet aparento no darse cuenta. Andri y Brjann estaban mas que deseosos de apagar sus cigarrillos y ponerse de pie. Se les notaba a kilometros lo contentos que estaban.

Capitulo 22

Matthew acompano al grupo hasta la puerta. Mientras tanto, ?ora y Dori esperaban en el salon hipermoderno, rodeados por los horrores del pasado. ?ora sentia lastima por el joven, que claramente habria preferido estar en cualquier otro sitio. Las circunstancias le recordaban en cierto modo a su propio hijo: un hombre joven sometido a una lucha interior que resultaba imposible de desentranar.

– Sabras que lo unico que buscamos es la verdad. No estamos pensado la estupidez de que pudieseis estar involucrados vosotros -aclaro ?ora para romper el silencio y aliviar la opresiva atmosfera-. En realidad estamos de acuerdo contigo en los puntos principales del caso: que Hugi es inocente o que por lo menos si esta donde esta no es solamente por las pruebas objetivas que le acusan.

Dori no la miro.

– Yo no me creo que Hugi le haya matado -dijo en voz baja-. Todo eso es una imbecilidad.

– Obviamente, estimas mucho a tu amigo -respondio ella-. Si quieres ayudarle, lo mejor es que no nos ocultes nada. Recuerda que tu amigo no puede esperar apoyo de nadie mas que de nosotros.

– Huh -mascullo Dori, pero no dio ninguna otra pista de si estaba o no dispuesto a ayudarles.

Matthew volvio y se repanchingo en el sillon. Observo a ?ora pensativo durante un rato.

– Menudo grupito tan raro al que te has juntado. Mientras salian, las chicas no parecian muy dispuestas a darse abrazos y besos.

Dori se encogio de hombros.

– Estos dias andan un poco enfadadas.

– Tu lo has dicho. Bueno, ?que tal si entramos en faena? -pregunto Matthew.

– A mi me da igual -respondio el chico-. Vosotros preguntad, yo intentare responder. -Se estiro para coger un cigarrillo y lo encendio. ?ora se dio cuenta de que le temblaban las manos.

– Bien, amigo -dijo Matthew en tono paternal-. Nos interesan bastantes cosas en las que, sin duda, tu puedes ayudarnos. Una de ellas es en que gastaba Harald el dinero, y otra es su investigacion historica, en la que tu le ayudabas. ?Que puedes decirnos sobre el asunto del dinero?

– ?El asunto del dinero? Yo no estaba metido en eso, si es lo que pensais. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que estaba forrado. -Dori senalo a su alrededor y se encogio de hombros-. No hay muchos estudiantes que vivan en una casa como esta, si es que hay alguno. Y su coche tampoco era ninguna tonteria, y solia comer fuera muy a menudo. Desgraciadamente no es un tren de vida que pudieramos permitirnos los demas.

– ?Salia a comer solo? -pregunto ?ora-. Ya que los demas erais unos pobres estudiantes.

La pregunta resulto visiblemente incomoda.

– Si, a veces -dio una calada-. A veces iba yo con el. El pagaba.

– De forma que te llevaba con el y pagaba la cuenta, ?es eso? -pregunto Matthew, y Dori asintio con un movimiento de cabeza-. ?Mas veces que las que iba solo, o no? -Dori volvio a asentir-. ?Que mas cosas pagaba por ti?

Un repentino interes por el cenicero se apodero de Dori, aparto la mirada de ellos y fijo la vista en el objeto como si alli pudiera encontrarse la respuesta a la pregunta.

– Bueno, pues cosas.

– Eso no es una respuesta -dijo ?ora con tranquilidad-. Cuentanoslo… no estamos aqui para juzgaros ni a ti ni a Harald.

Una breve pausa, y entonces:

– Me lo pagaba todo, joder. El alquiler, los libros de estudio, la ropa, taxis. La mierda. Pues eso, todo.

– ?Por que? -pregunto Matthew. Dori se encogio de hombros.

– Harald decia que el dinero era suyo y que hacia con el lo que le daba la gana… no estaba dispuesto a renunciar a lo que le apetecia solo porque sus amigos estuvieran sin blanca. A mi aquello me resultaba mas bien incomodo, pero estaba sin un centimo y era divertido salir con el. Pero nunca hubo ningun mal rollo. Yo intentaba devolverle el favor ayudandole con las traducciones y eso.

– ?Y eso que? -pregunto Matthew.

– Nada. -El rubor de las mejillas de Dori se acentuo-. No habia nada sexual, si eso es lo que pensais. Ni yo ni Harald eramos, somos, de esos. A los dos nos iban las chicas.

?ora y Matthew se miraron. Aquellos gastos de los que hablaba Dori no eran mas que calderilla en comparacion con la cantidad desaparecida.

– ?Sabes algo de una gran inversion en la que Harald metio dinero justo antes de su asesinato? -pregunto Matthew.

Dori levanto los ojos. El gesto de su rostro indicaba a todas luces que lo que iba a decir era la verdad.

– No, ni idea. Nunca hablo de nada parecido. En realidad, la semana anterior no nos vimos practicamente nada… el estaba liado con algo y yo estaba intentando ponerme al dia en la facultad.

– ?No tienes idea de en que andaba metido y por que no se cito con vosotros durante aquellos dias? - interrumpio ?ora.

– No, hable con el por telefono varias veces pero no estaba de humor para hacer nada. No se el motivo.

– De modo que cuando le asesinaron llevabas sin verle unos cuantos dias, ?no? -pregunto Matthew.

– Eso es… solo hablamos por telefono.

– ?Y no te parece un poco raro, o acaso tenia la costumbre de encerrarse unos dias y dejar de veros? - pregunto Matthew. Dori se penso la respuesta.

– Nunca lo habia pensado, pero ahora que lo dices, no era tan extrano. Por lo menos ya lo habia hecho antes, si recuerdo bien. Le pregunte que pasaba pero dijo que necesitaba un tiempo para estar consigo mismo. Pero estaba de buen humor, y eso.

– ?No te enfadaste con el esa vez? -pregunto ?ora. Tenia que haberle resultado extrano al muchacho perder a

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