– ?Que signo es este? -pregunto excitado, dando un golpecito sobre el cristal.
– ?Que signo, dice? -pregunto ?orgrimur mirando la vitrina.
– Este -dijo Matthew, senalandolo de nuevo. Aunque ?ora tuvo que inclinarse sobre el expositor para ver lo que estaba indicando Matthew, fue mas rapida que ?orgrimur en darse cuenta de cual era el signo que tanto le habia llamado la atencion. Precisamente porque era uno de los pocos que conocia: el signo magico grabado en el cuerpo de Harald-. ?Demonios!-dijo en voz baja.
– ?El de mas abajo de la pagina? -pregunto ?orgrimur, indicando el signo.
– No -respondio Matthew-. El del margen. ?Para que se usaba?
– Puf, pues no lo se -respondio el joven-. Desgraciadamente no se lo puedo decir. El texto de la pagina no tiene nada que ver con el… es un ejemplo de signo magico que el dueno del libro anadio personalmente al margen. Era bastante frecuente, se encuentran signos de estos en otros libros y manuscritos que no tienen relacion directa con la magia.
– ?De que manuscrito es esto?
– Este manuscrito es del siglo XVII, propiedad del Real Instituto de Antiguedades de Estocolmo. Es conocido como
Se inclino para leer el mismo texto que ?ora intentaba descifrar.
– Claro que hay varios mucho mas tenebrosos… uno es, por ejemplo, un conjuro de muerte, destinado a matar a la persona contra la que se dirige. Uno de los dos conjuros amorosos que hay resulta igualmente bastante tetrico. -Levanto los ojos del expositor-. Que curioso. Su amigo, Harald, mostro un especialisimo interes, precisamente, por esta parte del museo, los prontuarios y los manuscritos.
– ?Pregunto por este signo en particular? -inquirio Matthew.
– No, que yo recuerde -respondio ?orgrimur, pero enseguida anadio-: En realidad, yo no soy especialista en este campo y no podia ayudarle demasiado… pero recuerdo que le puse en contacto con Pall, que es el verdadero director del museo. El lo sabe todo sobre estos temas.
– ?Como podemos localizarlo? -pregunto Matthew inquieto.
– Pues va a ser un problema… esta en el extranjero.
– ?Y? ?No se le puede llamar por telefono, o enviarle un correo electronico? -pregunto ?ora, no menos sobre ascuas que Matthew-. Para nosotros es de extrema importancia saber lo que significa ese signo.
– Bueno, tengo su numero de telefono por alguna parte -respondio ?orgrimur, mucho mas tranquilo que ellos-. Quiza seria mejor que le llamara yo primero… para explicarle el asunto. Despues, el mismo puede ponerse en contacto con ustedes.
?orgrimur volvio a la mesa del mostrador y saco una agendita que se puso a hojear. Luego alargo una mano hacia el telefono y marco un numero, procurando que ellos no lo viesen. Paso un ratito hasta que empezo a hablar, de repente… solo para dejar un mensaje en el buzon de voz.
– Lo siento. No responde. Supongo que llamara en cuanto reciba el mensaje… quiza esta noche, quiza manana, quiza pasado. -?ora y Matthew entregaron sus tarjetas a ?orgrimur sin hacer nada por disimular su decepcion. ?ora le pidio que les informase en cuanto se pusiera en contacto con Pall. El dijo que si y coloco la tarjeta dentro de la agenda-. Y volviendo a su amigo, ?no querian saber que es lo que estuvo haciendo aqui? - pregunto finalmente.
– Si, claro, desde luego -respondio ?ora-. Aparte de los manuscritos, ?hubo algo que le interesara especialmente, o menciono algo que estuviera buscando?
– Fueron sobre todo los manuscritos, si no recuerdo mal -dijo ?orgrimur pensativo-. En realidad, me hizo una oferta por el cuenco de sacrificios de ahi dentro… nunca llegue a estar del todo seguro de si bromeaba o no.
– ?Cuenco de sacrificios? ?Que cuenco de sacrificios? -pregunto Matthew.
– Siganme… esta justo aqui al lado. -Le siguieron hasta un cuartito donde habia un cuenco de piedra, guardado en una vitrina de cristal en mitad del cuarto.
– Esto es un cuenco que se usaba en los sacrificios: se encontro cerca de aqui y la policia cientifica confirmo que contiene restos de sangre. Restos antiquisimos.
– Menudo mamotreto -dijo ?ora en voz alta-. ?No podian haber hecho el cuenco de madera? -Aquel mastodonte de piedra pesaba sin duda una buena cantidad de kilos. Lo habian tallado para formar en el centro una concavidad.
– ?Y no estaba en venta? -pregunto Matthew.
– No, de ninguna manera. Se trata del unico objeto del museo que no es replica, y por si fuera poco, yo no estoy autorizado para comerciar con los bienes del museo.
?ora observo la piedra con mucho detenimiento. ?Quiza era aquel el tesoro que Harald codiciaba? Dificilmente.
– ?Seguro que se trata de la misma piedra?
– ?Que quiere decir? -pregunto ?orgrimur, extranado.
– No, nada. No existe ninguna posibilidad de que el director le tomara la palabra a Harald, le vendiera la piedra y la sustituyera por otra, ?verdad?
?orgrimur sonrio.
– Ni la mas minima posibilidad. Esta es la misma piedra que ha estado siempre aqui. Me atreveria a apostar la cabeza. -Se dio la vuelta y salio de la sala con los dos visitantes justo detras de el-. Como les he dicho: lo propuso medio en broma.
– ?Pero habia alguna otra cosa que dijera, o pregunto por algo mas? -inquirio ?ora-. Algo que no pueda considerarse normal.
– Si, ya les dije que lo que mas le intereso fueron los manuscritos y los prontuarios de conjuros -repitio ?orgrimur-. Y me pregunto por el
– Si, si, lo conocemos -Matthew respondio por los dos.
– Le pregunte de donde habia sacado la idea y me respondio que habia unas cartas antiguas que indicaban que un ejemplar habia acabado aqui.
Capitulo 25
No hay muchas construcciones en Islandia que puedan presumir de un acceso tan esplendido como el edificio central de la Universidad de Islandia. Briet disfrutaba de la vista, sentada en las escalinatas que daban al paso de vehiculos, en forma de herradura. Por algun motivo le apetecio de pronto tener coche. Pero de eso no se podia ni hablar, con aquella porqueria de beca… le encantaria agarrar al miserable que calculaba el importe de los gastos de mantenimiento que servia para establecer la cuantia de las becas. Seria estupendo terminar los estudios y ponerse a trabajar… no es que los historiadores fueran gente con elevados ingresos; si en lo que pensaba era en el sueldo, no habria podido coger un camino mas equivocado. Por eso se le vino a la cabeza la idea de buscarse un buen partido como su hermana, que se habia casado con un abogado. El marido trabajaba en uno de los grandes bancos y estaba forrado, y su hermana vivia como una reina. Ahora se estaban construyendo una casa enorme en Vatnsendi y ella, licenciada en ciencias politicas, no trabajaba mas que media jornada en un ministerio y podia pasarse el resto del dia de compras. Briet se inclino sobre el hombro de Dori, que estaba sentado a su lado. Era tan guapo, y un chico estupendo y, por si fuera poco, los medicos se lo montan muy bien.
– ?En que estas pensando? -pregunto el joven al tiempo que arrojaba la bola de nieve que habia estado preparando.
– Nada, no se -respondio Briet cansinamente-. En Hugi, mas que nada.
Dori siguio con los ojos el recorrido de la bola de nieve… subio muy alto y aterrizo justo al lado de la estatua de S?mundur el Sabio.
– Era mago -dijo Dori-. ?Lo sabias?
– ?Quien? -pregunto Briet extranada-. ?Hugi?
