mantenia apartado del rostro con una goma, e iba vestida con unos elegantes pantalones negros y una camisa negra que a ?ora le parecio de seda. El unico objeto de aspecto valioso era un anillo de diamante en el dedo anular de la mano derecha, la misma joya que ?ora habia visto en la foto de la cocina. Le llamo la atencion lo delgada que era, y al darle la mano noto que la muchacha debia de ser aun mas delgada de lo que parecia con aquella ropa. A Matthew lo recibio de una forma mucho mas intima: Elisa le abrazo y se besaron en la mejilla.
– ?Como lo llevas? -pregunto Matthew despues de quitar sus manos de los hombros de Elisa. ?ora se dio cuenta de que no la trataba de usted como habia esperado, pues a fin de cuentas era un empleado de la familia. Evidentemente, Matthew estaba muy proximo a aquellas personas y debia de tener un puesto en la empresa muy superior al que ?ora habia supuesto.
Elisa se encogio de hombros y esbozo una debil sonrisa.
– No demasiado bien -respondio la joven-. Ha sido bastante dificil. -Se volvio hacia ?ora-. Habria venido mucho antes si hubiese sabido que queriais hablar conmigo. No se me habia ocurrido en absoluto que mi visita a Harald pudiese ser importante.
A ?ora aquello le parecio extrano, a fin de cuentas la chica habia estado en casa de su hermano justo antes de que lo asesinaran; pero se limito a decir:
– Bueno, ahora estas aqui y eso es lo principal.
– Si, compre un billete nada mas llamar Matthew. Quiero ayudar -dijo, y parecio decirlo con total sinceridad. Y anadio enseguida-: Y mama tambien.
– Bien -respondio Matthew con un tono inhabitualmente alto, y ?ora penso si tendria miedo de que fuera a decir algo inconveniente.
– Si, muy bien -le imito ?ora, para demostrarle que no habia pensado nada por el estilo.
– ?Por que no nos sentamos? -pregunto Elisa-. ?Os puedo invitar a un cafe o a un vino? -?ora se habia vuelto abstemia, asi que acepto un cafe, mientras los otros dos pidieron sendas copas de vino blanco.
– Bueeeno -dijo Matthew echandose hacia atras en la butaca-. ?Que puedes contarnos de tu visita?
– ?No es mejor que esperemos al vino? Creo que conviene empezar relajandonos un poco -propuso Elisa, mirando interrogante a Matthew.
– Naturalmente -le respondio, y se echo hacia delante para darle un apretoncito en la muneca, que tenia apoyada en el brazo del sofa.
Elisa miro a ?ora como pidiendo disculpas.
– No puedo explicarlo bien, pero me resulta insoportable el recuerdo de esa visita. Aun tengo problemas con mis propios sentimientos, siento que fui una egoista, que no hable con el nada mas que de mi misma. Si hubiese sabido que no volveria a verle nunca mas, le habria dicho tantas cosas sobre mis sentimientos hacia el. -Se mordio el labio inferior-. Pero no lo hice, y ya nunca podre hacerlo.
Llego el camarero con las bebidas y brindaron por nada especial. ?ora se arrepintio de haberse hecho abstemia en cuanto tomo el primer sorbo de cafe y los vio a ellos saborear el vino. Decidio volver a la primera oportunidad… no podia pedir un vino inmediatamente.
– Quiza este bien que os cuente por que vine a ver a Harald -dijo Elisa tras dejar la copa sobre la mesa. ?ora y Matthew asintieron-. Como sabes, Matthew, estoy en una especie de crisis con mama y papa. Quieren que estudie comercio y que entre en el banco, como casi todo el mundo que conozco. Harald fue la unica persona que me dijo siempre que hiciera lo que me gusta: tocar el cello. Todo el mundo piensa que deberia dedicarme al banco y tocar por mi propio placer. Pero Harald comprendia que no se trata de eso, aunque el no fuera musico. Comprendia que cuando uno ha alcanzado cierto nivel y cierta capacidad, es eso o nada.
– Entiendo -dijo ?ora, aunque en realidad no era asi.
– Por eso hablamos sobre todo de mi cuando estuve aqui -explico Elisa-. Vine a verle en busca de alguien que me insuflara fuerzas, y eso es lo que consegui. Harald me aconsejo que pasara de papa y mama y siguiera tocando. Dijo que no era demasiado dificil encontrar una corbata con cabeza que fuera capaz de dirigir un banco, pero que habia pocos capaces de tocar un instrumento musical con autentico talento. -Y anadio a toda prisa-: «Corbata con cabeza» son palabras suyas… el lo dijo asi.
– Si puedo preguntar, ?que decidiste? -inquirio ?ora con curiosidad.
– Seguir tocando -respondio la joven, y sonrio ampliamente-. Pero me he matriculado en Comercio y voy a empezar enseguida la carrera. Uno decide una cosa y hace lo contrario.
– ?Y tu padre no esta contento? -pregunto Matthew.
– Si, claro, pero sobre todo estan los dos aliviados. Es dificil estar contento en esta familia. Sobre todo ahora.
– Elisa, se que es muy incomodo hablar de la propia familia, pero vimos los mensajes de correo electronico que intercambiaron Harald y vuestro padre. No parecia que estuviesen demasiado cercanos el uno al otro. -Callo, pero enseguida anadio-: Y tambien tenemos la impresion de que su relacion con vuestra madre era todo menos ejemplar.
Elisa bebio un sorbo de vino antes de responder. Miro a ?ora directamente a los ojos.
– Harald fue el mejor hermano que nadie puede imaginarse. Quiza no era como la mayoria de la gente, sobre todo en los ultimos tiempos. -Saco un poco la punta de la lengua y la doblo, como haciendo referencia a la lengua bifida de Harald-. Pero yo me habria sentido orgullosa de estar a su lado en cualquier ocasion. Era noble, y no solo conmigo… llevaba en brazos a nuestra hermana; no habia nadie que se portase con aquella invalida mejor que el. -Bajo la cabeza, entristecida y miro la copa de vino que estaba en la mesa delante de ella-. Mama y papa, ellos… En realidad, no se que decir. Nunca dejaban a Harald gozar de las cosas con ellos. Mis primeros recuerdos de ellos son constantes abrazos, amor y cuidados hacia mi, pero nunca vi nada asi cuando se trataba de Harald. Ellos… bueno, ellos, parecia que no le soportaban. -Se cubrio la cara con las manos, descorazonada-. No es que fueran malos con el o algo asi Simplemente, no le querian. No se por que, si es que se puede hablar de porques en estas cosas.
?ora intento no dejar traslucir el poco aprecio que le merecia la familia Guntlieb. Sintio una corriente que la recorria: queria encontrar al que mato a aquel desdichado. No podia imaginarse nada mas patetico que crecer sin amor. La necesidad de carino que tienen los ninos la ve todo el mundo, y es un acto miserable negarles ese amor. No era de extranar que Harald fuese un bicho raro. ?ora sintio de pronto que le apetecia la reunion del dia siguiente con la madre.
– Si -dijo para romper el silencio-. No suena demasiado bien, tengo que reconocerlo. Aunque quiza sea irrelevante para nuestros objetivos, creo que eso explica muchas cosas de la conducta de Harald. Pero supongo que no es algo de lo que te apetezca hablar con una desconocida, asi que mas vale que pasemos a lo que hicisteis los dos cuando estabas aqui.
Elisa sonrio aliviada.
– Como os dije antes, hablamos sobre todo de mi y de mil problemas. Harald se porto de maravilla, y en realidad no hicimos nada especial. Fue conmigo al balneario ese, la Laguna Azul, y a ver los geiseres. Por lo demas, paseabamos por el centro o nos quedabamos en casa a ver algun DVD, a cocinar o a no hacer nada.
?ora intento imaginarse a Harald en la Laguna Azul, pero no consiguio evocar una imagen convincente.
– ?Que visteis? -pregunto por curiosidad.
Elisa sonrio.
–
Matthew le hizo un guino a ?ora. Lo de la pelicula que habia en el video no era mentira.
– ?Te conto algo sobre lo que estaba haciendo?
Elisa se quedo pensativa.
– No demasiado, estaba de un humor estupendo y se encontraba muy bien en este pais. Por lo menos, yo le he visto pocas veces igual de contento. A lo mejor era porque estaba lejos de nuestros padres. O quiza por un libro que habia encontrado.
– ?Un libro? -preguntaron ?ora y Matthew a la vez.
– ?Que libro? -anadio Matthew.
Elisa estaba muy sorprendida por aquella reaccion.
– Nada, un libro antiguo. El
– No lo se, ni siquiera se de que libro hablas -respondio Matthew-. ?Te lo enseno?
Elisa sacudio la cabeza.
