todas tenian suficiente con sus propios asuntos, igual que ?ora, y no les quedaba mucho tiempo para reunirse a tomar un cafe, y no digamos una copa.

Cogio el telefono y marco. Pues que lo entendiera como quisiera. Colgo enfadada cuando una voz de mujer le comunico, en aleman, que el telefono estaba apagado o fuera de cobertura. Quiza Matthew tambien estaba en el mar, o con el movil apagado por motivos de trabajo. No era de esos que se pasan el rato charlando con amigos y parientes durante la jornada de trabajo, a diferencia de ?ora, que cada dia tenia al menos diez de esas conversaciones telefonicas, sobre todo por causa de los ninos. Sonrio cuando sono el telefono.

– Hola, mama -era la voz de Gylfi-. ?Has encontrado ya un apartamento para la fiesta?

?ora puso cara de desesperacion. Era un autentico cabezota.

– No, Gylfi. De momento tengo otras muchas cosas que hacer.

– Oh -la decepcion era evidente-. ?Es que Sigga y yo tenemos tantisimas ganas de ir!

– Aun no esta todo perdido, carino -dijo ?ora-. Todavia no me han dado ningun no -lo que, sin duda, se debia a que no habia vuelto a preguntar desde la primera vez que menciono el tema.

– Sigue intentandolo -dijo Gylfi-. Nos lo pasaremos de muerte. Piensan ir todos los chicos, y eso.

– ?Piensan acampar? -pregunto ?ora, que no podia imaginarse a los amigos de Gylfi montando una tienda sin problemas.

– Nooo -respondio Gylfi-. Van a alquilar un garaje en casa de unos tipos. A lo mejor tu podrias buscar tambien algo asi para nosotros. Seria divertido.

«Justo», penso ?ora. Para ella, la palabra «divertido» no podia aplicarse a una fiesta en la que habia que dormir entre neumaticos de repuesto y trastos variopintos.

– No, gracias -respondio-. Tienes un bebe que lo podria pasar fatal, y una madre que necesita una ducha y una cafetera, no una manguera y una taladradora.

Se despidio despues de preguntar por el pequeno Orri, al que le estaban doliendo los dientes de abajo, que no querian salir. Acabaria siendo como su padre, en eso como en tantas otras cosas, y ?ora recordo que una vez penso pedirle a Hannes que le hiciera un cortecito en la encia, cuando Gylfi estaba pasando por lo mismo. ?ora vio que el tiempo corria y que su conversacion con su hija Soley tendria que esperar hasta despues de hablar con la madre de Markus. Tenia que estar alli a las cuatro en punto, y aunque la ciudad de Heimaey no tenia muchas calles, Bella y ella habian logrado perderse un buen rato buscando la zona de excavacion, aunque estaba justo al pie del volcan.

Despues de hacer circulos por la ciudad durante diez minutos, ?ora consiguio finalmente descubrir la calle y la casa. Resulto aun mas complicado que la busqueda de la Pompeya del Norte, porque ahora no contaba con Bella. Se habia ido a la biblioteca con la esperanza de hablar con la gente de alli para que la dejaran pasar al archivo y averiguar unas cosas sobre Da?i y Valger?ur. Asi que ?ora iba ya con retraso cuando aparco su coche al lado de la casa de la anciana. Se paso la mano por el pantalon con mucho cuidado para recolocar la raya, que ya apenas se notaba. Luego se aliso la blusa y se dirigio hacia la entrada. Queria estar presentable, las personas de la edad de los padres de Markus esperaban que los abogados estuvieran siempre elegantes, y sin duda preferian que fuesen hombres antes que mujeres. De ahi que fuera importante que la anciana no se escandalizara al ver a ?ora por primera vez. Por eso se habia puesto la ropa mas elegante y fina que habia podido encontrar en el armario.

?ora llamo al timbre y espero muy tiesa a que alguien fuera a abrir. Fue la esposa de Leifur quien abrio la puerta. Un debil olor a alcohol brotaba de ella, aunque no se le notaba nada mas; estaba en el umbral, ataviada con una preciosa camisa de Burberrys y una falda a juego. ?ora sabia que aquella mujer se daria perfecta cuenta de que ella, en cambio, vestia ropa barata.

– Ya era hora -dijo la mujer, enfadada.

– Oh -atino a decir ?ora-. No sabia que fuera tan tarde -miro su reloj y vio que iba seis minutos retrasado-. Me he perdido.

– Te has perdido -dijo la mujer con ironia-. ?En Heimaey? -no espero respuesta, e indico a ?ora que entrara en la casa-. Klara te esta esperando -dijo dandose la vuelta. ?ora la siguio a corta distancia, con la esperanza de que su trasero tuviera tan buen aspecto como el de aquella mujer cuando cumpliera los cincuenta. El unico ejercicio fisico que hacia en esa epoca era atender a su nieto, aunque por el momento seguia teniendo unos muslos bonitos.

La mujer de Leifur se detuvo ante una puerta de doble hoja que daba a un salon de estilo antiguo pero muy elegante.

– Entra. Tiene muchas cosas que contarte -se marcho mientras anadia, burlona-: Eso si sabes que es lo que debes preguntar.

Capitulo 23

Sabado, 21 de julio de 2007

La fria mirada de la anciana recordaba, sin duda, a su hijo mas joven, Markus, aunque en todo lo demas madre e hijo eran muy distintos. Ella tenia el cabello blanco pero el rostro practicamente libre de arrugas. Aunque aquel era el unico rasgo juvenil de las facciones de Klara. Llevaba un vestido multicolor, de grandes dibujos, pero el estampado tenia la funcion de ocultar la ausencia de estilo de la prenda. Los ojos tenian ese tono aguado de la vejez, y sin embargo no ocultaban que la mujer no estaba precisamente encantada de tener que sentarse a charlar con ?ora. Klara tendria, con toda seguridad, mas de ochenta anos pero llevaba su edad bastante bien, sentada como estaba, en un esplendido sofa, con la espalda bien recta. Garras de leon talladas adornaban brazos y patas del sofa. Encajaban perfectamente con Klara, que encajaba, a su vez, perfectamente con el salon, adornado con innumerables jarrones de cristal. En cambio, ?ora sintio simpatia hacia el padre de Markus. El no armonizaba mucho con aquella imagen imponente y anticuada. Ocupaba un asiento bastante mas moderno que el resto del mobiliario, una butaca de cuero con reposapies extensible. Vestia pantalones de chandal y jersey de cuello vuelto, con un chal cubriendole los hombros. En los pies, unas zapatillas de cuero. Leifur estaba sentado al lado de su padre, aunque debia de haberse puesto alli poco despues de que ?ora fuese invitada a pasar al salon. No tenia muy claro el papel del hijo en aquella reunion. Tal vez habia de actuar como una especie de ultima linea defensiva para evitar que ?ora llegara demasiado lejos con sus preguntas, y para apoyar a su madre en lo que hiciera falta. Cuando hablo con ?ora la noche anterior, no le menciono que tuviera pensado asistir a la reunion.

– ?De modo que no recuerdas a ningun extranjero de esa epoca? -pregunto ?ora a la anciana; y enseguida anadio-: Probablemente serian ingleses los cuatro -?ora casi estaba mareada por el fuerte olor a perfume que surgia de Klara.

– No, no me acuerdo -respondio Klara-. Yo tenia bastante trabajo en casa y no bajaba mucho al puerto, que era donde solian andar los extranjeros.

– Comprendo -dijo ?ora-. ?Tu marido no tenia negocios con extranjeros en esa epoca?

– Yo nunca me metia en las cosas de su trabajo, asi que sencillamente no lo se -respondio la mujer, que hizo un gesto que daba a entender claramente que las preguntas le resultaban molestas-. Magnus se ocupaba de sus asuntos el solo, sin que yo me metiera en ellos ni por asomo, como era habitual entonces -miro de reojo a su marido, que observaba silencioso la ventana.

?ora decidio ver que pasaba cambiando de tema, preguntandole por Valger?ur y Da?i. Tal vez la mujer se relajara si hablaban de cosas que no fueran cuestiones suyas personales.

– El nombre de tu antigua vecina, Valger?ur Bjolfsdottir, ha salido a relucir en relacion con Alda ?orgeirsdottin No estoy del todo segura de como se relacionan, pero esperaba que tu pudieras informarme mejor al respecto.

– No se nada de eso -respondio la anciana en el mismo instante en que ?ora dejo de hablar.

– ?De que? -pregunto ?ora, convencida de que Klara ocultaba algo: ni siquiera habia intentando evocar algun recuerdo-. ?Sobre la relacion entre ambas? -?ora no espero su respuesta sino que sonrio a la mujer, sin muchas ganas, comunicandole asi que sabia perfectamente que no estaba todo dicho todavia-. Lo poco que he oido sobre Valger?ur y su esposo Da?i procede todo de la misma fuente: que los dos eran bastante fastidiosos. Seria bueno oir tu opinion sobre ellos.

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