Las olas las mecian. Obviamente, esperaban tener pronto algo que echarse al pico.

– Bueno, empieza la gran pesca -dijo Paddi indicandoles que bajaran a la cubierta, en la que habia unas canas grandes y fuertes instaladas al lado de un tonel sin tapa. Paddi le entrego a cada una un cinturon de cuero con un soporte para la cana y las ayudo a ajustarselo. Afortunadamente, el cinturon le cupo a Bella. Aunque no resulto nada facil, la joven aguanto con estoicismo y sin enrojecer todas las maniobras de Paddi para ponerselo. Les explico lo que tenian que hacer y despues se ajusto tambien el un cinturon y se situo al lado de ellas.

– Teneis que aseguraros de que el sedal llegue hasta el fondo -dijo, sorbiendo por la nariz-. Alli esta el pescado -continuo mirando con ojos escrutadores los movimientos de las dos mujeres. Las gafas de sol de ?ora se le habian bajado a la nariz pero no se atrevia a quitar una mano de la cana para colocarselas en su sitio por miedo a que se le cayeran al mar.

Aunque sin decir nada, ?ora confiaba en que ningun pez picara su anzuelo, y por eso intento evitar que el sedal cayera hasta el fondo, como habia recomendado Paddi. En realidad no tenia ni idea de donde se habia quedado el sedal. Igual podia haber aterrizado en pleno fondo, en medio de un banco de peces que estaban decidiendo en aquel mismo instante si seria peligroso picar el anzuelo. ?ora volvio la vista hacia Heimaey. El nuevo campo de lava se veia esplendidamente.

– Debio de ser terrible -dijo, dirigiendose a Paddi.

– ?Te refieres a la erupcion? -dijo Paddi. Su cana se movio un poco y el empezo a recoger el hilo tranquilamente.

– Si -dijo ?ora echando la cana torpemente hacia atras y de nuevo hacia delante por encima de la borda, como les habia ensenado Paddi-. ?Tu vivias aqui entonces?

– Si, siempre he vivido aqui -respondio el hombre, que seguia recogiendo el sedal-. Fue magnifico.

?ora no comprendia la intencion con que podia haber usado aquella palabra.

– ?Que te llevaste tu de tu casa la noche de la erupcion? -pregunto por simple curiosidad. ?Que podria querer llevarse un hombre como aquel? ?Una cana de pescar o una botella de sucedaneo de whisky?

– Me lleve a la mujer -respondio Paddi tensando el hilo-. Lo que no estuvo nada mal, porque mi casa fue de las primeras que desaparecieron bajo la lava. Me las habria visto y deseado para encontrar una nueva -se inclino hacia delante e hizo girar el carrete con todas sus fuerzas. En el sedal habia dos eglefinos. Paddi solto los anzuelos y arrojo al tonel los peces, que no dejaban de revolverse. ?ora y Bella miraron fijamente el barril y escucharon el golpeteo que procedia de el. Las dos habian imaginado que el hombre atontaria a los peces dandoles un golpe, en vez de dejarlos sufrir una muerte lenta en el barril. Paddi se seco las manos en una toalla medio rota que estaba atada a la barandilla y luego se volvio hacia las mujeres, que no apartaban los ojos del barril, asombradas.

– Teneis que agarrar con mas fuerza -dijo entonces, y fue hacia ellas, que empezaron a esforzarse un poquitin en adoptar la postura correcta-. No queremos que sea yo quien lo haga todo.

Bella solto un grito cuando de pronto su sedal se tenso.

– Tengo un pez -grito como si quisiera que la oyeran los posibles ocupantes de la vieja cabana de pescadores, muchos metros por encima de ellos-. ?Que hago?

El anciano fue hacia ella. Tenia las piernas tan curvadas que el barril del pescado habria podido acomodarse entre ellas. Ayudo paternalmente a Bella a sacar el pez. Era una gallineta, tan pequena que apenas habria podido servir de aperitivo para una sola persona. Las gaviotas se pusieron a chillar, expectantes porque ahora tendrian por fin algo que hacer.

– ?No podemos soltarlo? -pregunto Bella con rostro suplicante-. Es como muy pequeno, pobrecito -se compadecia del pobre pez que colgaba del anzuelo-. ?La herida es demasiado grande como para que pueda sobrevivir?

– No, no -dijo Paddi tranquilamente mientras se ponia unos guantes de goma para soltar el pez. ?ora recordo que las gallinetas podian ser toxicas si entraban en contacto con una herida abierta. No tenia ni idea de si el toxico se encontraba dentro del pez, pero en vista del cuidado con el que Paddi lo cogio, debia de estar en la piel. Paddi levanto el pez boqueante-. ?Lo suelto? Vosotras direis.

?ora y Bella movieron la cabeza al unisono en senal de asentimiento y observaron contentas a Paddi lanzar el pez con fuerza por la borda. En lugar de sumergirse y alejarse, el pez se quedo flotando de costado. Con las aletas que quedaban hacia arriba hacia como si quisiera nadar.

– ?Por que no se sumerge? -pregunto ?ora intentando guardar la calma-. ?Esta mas herido de lo que creias? -se sintio furiosa con el hombre.

– ?Ay! -dijo Paddi sin que pareciera molesto en absoluto-. Es un pez de aguas profundas y cuando se aleja del fondo se llena de aire. No puede hundirse. Lo olvide. Estaria mejor en el barril.

– ?Como pudiste olvidarlo? -pregunto ?ora con un chillido.

– No tengo mucha costumbre de soltar lo que pesco, querida senora -respondio Paddi, molesto. ?ora no llego a ver claro si su enfado iba dirigido contra ella o contra el mismo.

Las gaviotas rodearon al pobre pez, que seguia de lado e intentaba nadar con las aletas que quedaban por encima de la superficie del mar. Se aproximaron. ?ora era incapaz de no mirar lo que pasaba, aunque no tenia el mas minimo deseo de ser espectadora de lo que estaba a punto de suceder. Sintio un malestar y en ese momento recordo la bebida que habia tomado en el bar. De repente noto el efecto del movimiento de la barca y el olor de los cadaveres del tonel. Cerro los ojos, respiro por la boca y se sintio algo mejor. La nausea volvio en cuanto abrio los ojos de nuevo y vio que el pez seguia aun en una larga lucha por su vida, perdida de antemano. Una de las gaviotas alargo el cuello y le dio un picotazo en el costado. Los tres estaban mirando uno al lado del otro, sin decir nada.

?ora lamentaba no haberse sabido comportar cuando sacaron el pez, o no tener una red de frailecillos para volverlo a coger. De repente, todas las gaviotas se arrojaron sobre la gallineta y comenzo un festin enloquecido. Se vio a la gallineta agitarse aun un rato pero finalmente murio, para alivio de ?ora. Cuando las gaviotas alzaron el vuelo de nuevo, ahitas y contentas, no quedaba practicamente nada del pez. Paddi se volvio a mirar a ?ora y luego a Bella, observo preocupado su mueca de horror y pregunto:

– ?Estais seguras de que os gusta la pesca con cana? Podemos transformar esto sin problema ninguno en un paseo turistico, si preferis.

– Quiza sea lo mejor -respondio ?ora, mientras Bella asentia con la cabeza-. No somos buenas pescadoras, desde luego -sonrio a Paddi-. Mejor llevanos a dar un paseo turistico. En realidad, nuestro objetivo principal era hacerte unas preguntas. Nos han dicho que tu eres uno de los que mas sabe sobre la vida de la gente en la isla.

– Comprendo -dijo el hombre, que parecia extranado-. ?Por que no me lo dijiste desde el principio?

– No podia hacerte perder una excursion, y pense que podriamos juntar las dos cosas, pesca y charla.

Acordaron ir a un punto desde el que se ofrecia una vista esplendida, y Paddi se puso en marcha hacia alla.

– Imagino que habras oido lo de los cadaveres que encontraron en un sotano -dijo ?ora-. Yo trabajo para Markus Magnusson, que por desgracia se ha visto involucrado en el caso.

– Lo se -dijo Paddi sin mirar a ?ora-. Esta ciudad no es nada grande y cuando esas cosas salen en las noticias, todo el mundo las sigue, incluyendome a mi.

– Entonces quiza sabes tambien que Alda ?orgeirsdottir fue presuntamente asesinada, y que se sospecha de Markus.

Se oyo rezongar al anciano.

– La policia de Reikiavik no sabe ni donde tiene la cabeza si piensan que Markus ha sido capaz de hacerle algun dano a Alda -dijo-. El muchacho bebia los vientos por ella en los viejos tiempos, y aunque yo nunca me he metido en las cuestiones amorosas de los jovenes, eso no le pasaba desapercibido a nadie. Excepto a Alda, quiza. Mas aun, Gu?ni, el poli, dice que la detencion es una estupidez y que en la investigacion ha habido toda una serie de meteduras de pata.

Aunque ?ora se alegro de oir la opinion de Paddi sobre el caso, no buscaba testigos sobre la personalidad de Markus, asi que le pregunto:

– ?Has pensado en quienes podian ser los hombres del sotano? Parece bastante claro que se trata de extranjeros.

– Si, ingleses, segun tengo entendido -respondio Paddi. No cabia duda alguna de que las noticias se habian extendido por toda la ciudad-. Aqui no habia ingleses la noche de la erupcion, si es eso lo que me quieres

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