preguntar.
– ?Y un poco antes? -pregunto ?ora-. ?Algunos que hubieran podido desaparecer y que la gente pensara que ya se habian marchado? Cuando alguien desaparece, lo primero que suele pensar la gente no es precisamente que se lo hayan cargado. Sobre todo si se trata de un grupo entero de personas.
– Hubo unos pocos extranjeros en la isla algo asi como una semana antes de la erupcion -dijo Paddi-. Pero ya se habian ido cuando empezo aquel horror. Se fueron bastante antes.
– ?Estas seguro? -dijo ?ora-. A lo mejor no se fueron muy lejos, quiza solo hasta un sotano de Su?urvegur, ?no crees?
– No, no -dijo Paddi y les senalo con el dedo un alcatraz que alzo el vuelo desde el mar al acercarse la embarcacion-. Yo les vi marcharse. Eran unos locos. Salieron al mar con un tiempo bastante malo. Era un barcucho en bastante mal estado, y yo habria preferido que lo arreglaran un poco antes de salir. Por eso los mire mientras salian. Pero lo que esta claro es que se fueron.
– Eso no me lo ha mencionado nadie, y he preguntado a bastante gente -dijo ?ora, extranada-. ?Sera porque tienes mejor memoria que los otros o hay algo mas detras de ese asunto?
Paddi se dio la vuelta y le sonrio.
– Claro que la gente olvida las cosas -dijo-. Pero en este caso no es ese el motivo, sino solo el simple hecho de que el yate ese estuvo aqui muy poco tiempo. Llego al anochecer y volvio a salir por la manana temprano, sin que casi nadie se percatara de su presencia.
– Pero tu si que lo viste, ?no? -pregunto ?ora.
– Si, yo estaba siempre con un pie en el puerto -respondio Paddi-. Entonces, y en realidad ahora tambien. Eso ha cambiado muy poco. Mi mujer andaba siempre con que deberiamos coger un buldozer y llevarnos la casa hasta ahi abajo empujando, asi me ahorraria los paseos -miro al cielo-: Bendita sea su memoria -y continuo hablando, para gran alivio de ?ora, que nunca sabia que decir en esos casos-. Estaba alli sin hacer nada en especial, saliendo de una motora, cuando el yate aquel entro al puerto. Los hombres me soltaron algo en extranjero y aunque no comprendi nada, me pude dar cuenta de que preguntaban por un sitio para amarrar. Les indique un sitio vacio, y ya esta.
– ?Sabes cuantos eran, o de donde eran? -pregunto ?ora.
Paddi «Garfio» sacudio la cabeza.
– Ingleses de mierda, creo -respondio-. Vi a dos de ellos pero podia haber mas gente a bordo, porque era un yate de buen porte.
– ?Y a que hora les viste salir para que no hubiera nadie mas que tu? ?A media noche? -pregunto ?ora.
– No, carino -dijo Paddi-. Entraron aqui a capear lo peor del temporal, porque el yate no estaba en demasiado buen estado. Si hubiera podido hablar con ellos en islandes, como con todo el mundo, les habria advertido que aqui podiamos encargarnos de las reparaciones esenciales. Pero no hubo forma, de modo que me levante de madrugada y por la ventana de la cocina vi que el velero estaba zarpando. Aunque fuera estaba oscuro, no cabia duda alguna de que eran ellos, porque el puerto estaba iluminado. Vi que era su yate el que se marchaba. No hay duda de que se fueron.
– ?Te acuerdas de como se llamaba el yate? -pregunto ?ora.
– No, no lo recuerdo -respondio Paddi evitando la mirada de ?ora-. No leo demasiado bien, tengo que confesarlo. No es que haya tenido mucha importancia en los anos de mi vida, me va mas trabajar con las manos, y ademas muchas veces es mejor que lo que se aprende en los libros no te complique la vida.
?ora le sonrio.
– Pero buena memoria si que tienes -le dijo-. ?Como puedes recordar todo eso, por ejemplo? Tienen que haber salido del puerto muchisimos barcos, ?que habia de especial en aquel yate en particular?
– Hombre, de especial no tenia mucho, era precioso y eso, pero en nuestro puerto ha habido barcos mejores y mas grandes -volvio a mirar al frente, por encima del timon-. Si recuerdo eso con tanta claridad es por lo que sucedio a la manana siguiente, cuando Tolli se encontro la sangre en el puerto, justo donde habia estado amarrado el yate.
?ora aparento tranquilidad, pero aquello le hizo sentirse intrigada.
– Calculo que te refieres al fin de semana de antes de la erupcion, ?no? -pregunto ?ora-. He oido hablar de la sangre, pero entre lo que me contaron no habia nada de ningun barco en el lugar donde aparecio la sangre - prefirio no decirle cual era su fuente, pues no tenia la menor gana de explicarle que Bella y ella habian estado espiando los documentos de Gu?ni.
– Eso es porque solo yo sabia que el yate habia estado amarrado alli-respondio Paddi-. Cuando me fui estaba alli, sin ninguna duda, pero por algun motivo lo cambiaron de sitio, hasta un lugar algo mas aislado. Les vi zarpar pero nunca he podido entender que les llevo a cambiarlo de sitio. A lo mejor, el mar estaba mas agitado en el sitio que les indique yo.
– ?Le hablaste a alguien del yate ese? -pregunto ?ora, extranada de que esos detalles no figurasen en el informe de Gu?ni, si bien era perfectamente posible que su secretaria y ella lo hubieran pasado por alto a causa de las prisas.
– No, realmente no -respondio Paddi-. Sin duda lo habria hecho sin problema alguno, pero entonces llego la erupcion y uno tuvo otras cosas a que atender. Nadie me pregunto, de manera que tuve la sensacion de que esa informacion podria ser perjudicial para alguien. Asi que decidi esperar a ver, y la naturaleza me resolvio la papeleta. Claro que debo reconocer que cuando encontraron esos cuerpos en casa de Maggi, la cabeza se me ha ido a la sangre del muelle, y tengo la sensacion de que no soy el unico.
– ?Te refieres al guarda del puerto que descubrio el charco de sangre? -pregunto ?ora.
– No, ese murio hace muchos anos, el pobre viejo -respondio Paddi-. Pensaba, entre otros, en Gu?ni, el poli, y en toda la gente de la ciudad que bajo a ver aquello con sus propios ojos. Nunca se ve esa cantidad de sangre en un muelle despues de un atraque.
?ora reflexiono un instante y dijo:
– Supongo que sabras quien era Da?i. Se le vio andando por alli esa manana. ?Crees que puede haber tenido algo que ver con la sangre?
– Ese cretino -dijo Paddi, sin intentar disimular su opinion sobre aquel hombre-. Puede ser, aunque lo dudo. Da?i era un gallina y no le iban las grandes hazanas, y ademas no creo que fuera capaz de hacerle dano a una mosca. Era una porqueria de isleno, y es que su padre no era de ninguna familia de aqui.
– ?De modo que dijo la verdad cuando conto que no sabia nada sobre la sangre? -pregunto ?ora.
– Yo no he dicho eso. Sin duda sabia mas de lo que reconocio -dijo Paddi-. Pero desde luego no era el unico al que vieron por ahi. Aunque el fue el unico de los que le hablaron a la policia.
– ?Y eso? -pregunto ?ora extranada-. ?Habia mas gente alli? ?Y por que lo mantuvieron en secreto?
– Tendria que dejar claras un par de cosas antes de seguir, para evitar malentendidos -dijo Paddi-. Maggi, el padre de Leifur y Markus, era un tipo estupendo. Era todo un trabajador de la vieja escuela, que no se amilanaba ante nada y que trabajaba como una bestia para los suyos. Se gano a pulso lo que tenia, y que yo sepa aqui no debe de haber nadie que piense mal de el. Leifur tambien es un tipo estupendo, pero a Markus solo le conoci de nino y por entonces era de lo mejorcito, bastante reservado y un tanto fresco, pero muy simpatico.
– ?Pero? -pregunto ?ora-. Esas alabanzas siempre van seguidas de algun «pero».
Paddi volvio a sonreirle.
– Pero -dijo sin asomo de burla en la voz- cuando Maggi enfermo y perdio la razon… todos conocen su estado, aunque Leifur intenta mantenerlo en secreto, Leifur se hizo cargo de la direccion de la empresa y la gente esta cada vez mas preocupada por el futuro. La esposa de Leifur no tiene ningun interes por la empresa y quiere vivir en cualquier sitio antes que en Heimaey. Si se van a vivir fuera, venderan la empresa y los unicos que tienen posibles para comprarla son otros grandes duenos de cuotas de pesca. Y entonces se llevaran las licencias a cualquier sitio con mas facilidades para la pesca. Asi que, en cierto modo, Leifur tiene la sarten por el mango en la isla, y todos bailan a su alrededor por miedo a molestarle. En realidad hay mas personas de las que todos dependemos, pero el es el unico que parece casi a punto de marcharse.
– Comprendo -dijo ?ora. Sabia que el temor de los lugarenos no carecia de justificacion… En una sociedad tan pequena, hasta el ultimo puesto de trabajo era esencial-. ?Y tu crees que Leifur se aprovecha de la situacion para que no se comenten ciertas cosas? -estaba casi segura de que Magnus era uno de los hombres a los que vieron por el puerto la noche en cuestion.
– No -dijo Paddi-. Estoy seguro de que no hace tal cosa. Leifur es en cierto modo un simple, como yo, y
