– ?Lo ves? -pregunto Cuchulainn-. Tiene el corazon de una guerrera. No murio, como los demas, y no va a morir ahora.
Brenna sonrio ligeramente.
– Puede que tengas razon. Bueno, tienes una noche muy larga por delante. Aqui tienes suficiente leche. Creo que deberias dormir con ella pegada a tu piel. Asi se mantendra caliente, y te despertara cuando necesite comer de nuevo -le dijo a Cu, que la estaba mirando con incredulidad-. Estaras bien. Vendre a veros por la manana.
– Espera… No te marches.
– No habias creido que iba a pasar la noche aqui contigo, ?verdad, Cuchulainn?
– Conmigo no. Con nosotros.
– ?Me estas diciendo que deberia tratar esta situacion como si fuera un paciente humano?
Cu asintio.
– Entonces, mi opinion de Sanadora es que la paciente esta en las manos capaces de su… padre adoptivo, y que no me necesita. Buenas noches, Cuchulainn. Aunque deberia decirte dos cosas mas: primero, aunque la lobezna huele muy mal, no la banes esta noche. Seria demasiado para su organismo. Segundo, que no se te olvide pasarle un trapo humedo por quitarle los liquidos y las heces, como haria su madre.
Con aquellas palabras, sonrio, se dio la vuelta y salio de la tienda.
Cuchulainn cerro la boca.
La lobezna gruno de nuevo y le empujo la mano con la cabeza, en busca de mas leche en la tetilla vacia.
– De acuerdo, de acuerdo. Cumplire tus deseos -le dijo al animal, y le preparo mas leche-. Pero has visto que nos sonreia, ?verdad? Es una buena senal. Creo que pronto tendra que admitir que le gustamos -dijo.
Siguio su conversacion con el pequeno animal maloliente. Verbalizar la determinacion era positivo. Si lo decia bastantes veces, se convertiria en realidad. Por lo menos, eso esperaba Cuchulainn.
Por fin, Elphame se quedo sola en su habitacion, gracias en parte a la nueva adquisicion de Cuchulainn. Al principio, Brenna la habia acompanado a su dormitorio y se habia quedado con ella durante su bano, mientras le contaba las desventuras de su hermano de aquel dia. Elphame sonrio al recordarlo, mientras se envolvia en la suave tunica de lana de cuadros azules y verdes que le habia enviado su madre, y se la abrochaba al pecho con el broche de El MacCallan.
Cuando estuvo arreglada, bajo de nuevo a su bano y recorrio la circunferencia, sin separar las manos del muro de piedra, hasta que llego al disco dorado que refulgia en la pared. Lo presiono, y la puerta se abrio silenciosamente. Tomo una de las teas que alumbraban la sala del bano y se adentro en el tunel. Las paredes eran estrechas y el techo era bajo y aspero. El aire olia a podredumbre y a humedad. Elphame poso la mano sobre una de las paredes del tunel. A traves de la superficie fria y mojada, noto el pulso del castillo, y la piedra se calento bajo su contacto. Exhalo un suspiro de alivio al ver que el hilo dorado se desenrollaba rapidamente por toda la pared. Sabia que, al final de aquel tunel, en algun momento, la piedra se abria al bosque y a la noche.
Elphame comenzo a caminar. Mientras recorria el tunel, penso en las generaciones que habian vivido en aquel castillo. ?Cuantas veces habria recorrido un antepasado suyo aquel pasadizo? ?Cuantas citas habria hecho posible? Citas… Noto un cosquilleo de nerviosismo en el estomago.
– Epona, por favor, permiteme que este haciendo lo correcto -susurro.
En aquel momento, la llama de la antorcha comenzo a temblar, y Elphame supo que se habia acercado a la salida del tunel. Habia unos escalones de piedra que ascendian hacia una marana de raices y arbustos. Dejo la tea en un aplique de la pared y comenzo a apartar las plantas y las hojas que taponaban la salida. Con poco esfuerzo, consiguio salir como un corcho de una botella.
Elphame se quito las hojas del pelo y dejo que su vision se acostumbrara a la oscuridad de la noche. Estaba lo suficientemente adentrada en el bosque como para no divisar ni una luz del castillo, pero oia las olas del mar, asi que sabia que debia de estar cerca del acantilado. Miro hacia atras, a la entrada del tunel, y sacudio la cabeza con asombro. Desde el exterior, parecia otro agujero del suelo del bosque, un pequeno saliente de tierra que se hundia y se curvaba. Se mezclaba tan bien con el terreno que Elphame debia tener cuidado, o le costaria encontrarlo cuando quisiera volver.
No tenia ni idea de donde podia estar Lochlan.
Habia acudido en su ayuda cuando iba a atacarla el jabali. Habia ido a verla cuando estaba sola, el dia anterior. Sin embargo, ?como lo habia sabido? Elphame recordo lo que el le habia dicho:
«Llamame, corazon mio. Yo nunca estare lejos de ti».
Se encogio de hombros y penso que en realidad no podia hacer otra cosa. Carraspeo y pronuncio su nombre con timidez.
– Lochlan -susurro.
Fruncio el ceno y se reprendio a si misma. El no podria oir aquello.
– ?Lochlan! -exclamo Elphame, en voz alta.
Entonces, noto en la piel un cosquilleo, debido al poder que la rodeo subitamente. El viento capturo el eco del nombre y lo extendio entre las ramas de los pinos, repitiendo «Lochlan, Lochlan, Lochlan…» una y otra vez, hasta que el sonido se disipo suavemente.
– Magia -dijo Elphame. El nombre de Lochlan era magico.
Ella supo que estaba alli incluso antes de poder verlo. Lo sintio como sentia el pulso del castillo a traves de la piedra. Sintio la presencia de Lochlan en su sangre.
– Lochlan -repitio, deleitandose con la magia que creaba al volar por el aire y envolverla.
– Estoy aqui, corazon mio.
Capitulo 26
Lochlan emergio de las sombras con las alas plegadas a la espalda. Parecia que su piel y su pelo eran de plata bajo la luz de la luna. Camino hacia ella con los pasos sigilosos y deslizantes de la raza de su padre. Elphame no retrocedio, pero el tuvo la precaucion de mantenerse a distancia.
– He sentido que estabas cerca, pero no me permitia creerlo.
– Entonces, ?has oido que te llamaba?
– Si. El viento nocturno me trajo tu voz y segui su sonido hasta llegar a ti.
Elphame se puso nerviosa. Ojala tuviera algo que hacer con las manos.
– ?Te apeteceria dar un paseo? -le pregunto ella.
– Seria un honor -respondio Lochlan, y le tendio la mano.
Ella titubeo. A la luz de la luna, su mano tenia un aspecto fantasmal, irreal.
– Nos hemos tocado antes, Elphame.
Ella lo miro a los ojos. Despues, lentamente, entrelazo sus dedos con los de el. Su piel era calida, y cuando sus munecas se rozaron, Elphame noto su pulso.
– El acantilado esta detras de esos arboles -dijo el-. Creo que si caminamos por alli habra mas luz. Sera mas facil que tu puedas ver bien.
Elphame asintio. En su presencia se sentia insegura de si misma. Parecia que no podia mover las piernas. Se quedo quieta, mirandolo en silencio.
El sonrio.
– ?O prefieres que corramos?
Aquellas palabras acabaron con su azoramiento, y sonrio.
– No, de noche no, y menos por el bosque -respondio mientras, tomados de la mano, comenzaban a caminar-. He aprendido bien la leccion. Si me vuelvo a caer, Cuchulainn no volvera a permitir que me aleje de su vista, lo cual seria tan inconveniente para el como para mi en este momento.
– Me imagino que Cuchulainn esta muy ocupado con la reconstruccion del castillo. Si de repente sintiera la necesidad de vigilarte constantemente, seria dificil para el.
– Por no mencionar que esta enamorado.
Lochlan abrio mucho los ojos de la sorpresa. Cuando respondio, comenzo a trazar circulos con el pulgar en la
