mano de Elphame.

– Yo se muy bien que el amor puede complicar mucho las cosas.

– ?De veras? -pregunto ella. La cabeza le daba vueltas.

Salieron del bosque. La luna se reflejaba sobre el mar durmiente, tinendolo de blanco y plata. El Castillo de MacCallan se erguia en la distancia, parcialmente oscurecido por los arboles.

Lochlan se volvio hacia ella.

– Si, de veras.

Ella se vio atrapada en la intensidad de su mirada. Sus ojos estaban llenos de misterio, y tenian el seductor atractivo de lo desconocido. De repente, temio que si lo queria, cambiaria para siempre, y no sabia si estaba segura para entregarse a ningun hombre, sobre todo a uno que era tan distinto de cualquier persona que ella hubiera imaginado. Elphame se solto de su mano. Seguida por Lochlan, camino con inquietud hasta una de las rocas que habia junto al acantilado y que los elementos y el paso del tiempo habian alisado. Se sento en ella e intento ordenar sus pensamientos.

– Dime. Explicame como es posible tu existencia -le pidio a Lochlan.

Lochlan supo que lo que le dijera iba a marcar el curso de su relacion. Miro su perfil fuerte y familiar, y le envio una plegaria a Epona, pidiendole ayuda.

– Es una cuestion compleja. En realidad, no se exactamente por que existo. Sabes tanto como yo de los eventos que condujeron a la Guerra Fomoriana. Hace mas de cien anos, ocurrio algo parecido a un cataclismo en la raza Fomorian. Sus feminas comenzaron a morir. A menudo he pensado que debio de ser voluntad de Epona que desapareciera una raza demoniaca, pero si esa fue su voluntad, ?por que permitio que la guerra tuviera lugar?

Con la mirada fija en el mar, Elphame respondio con las preguntas que le habia oido pronunciar tantas veces a su madre.

– Epona permite que su gente tome sus propias decisiones. No quiere que seamos esclavos. Quiere subditos fuertes y libres. Y con esa libertad llega la posibilidad de cometer errores que a veces conducen al mal. Si los guerreros del Castillo de la Guardia no se hubieran convertido en personas negligentes y no hubieran descuidado sus deberes, los Fomorians no habrian podido entrar en Partholon ni comenzar a robar mujeres.

– Pero lo hicieron. Mi madre me explico que asi fue como comenzaron a recuperar su raza agonizante. Cualquiera pensaria que el hecho de mezclar su sangre con la de los humanos debilitaria a los demonios, pero no fue asi. La raza prospero, y pronto estuvieron listos para invadir Partholon -dijo Lochlan-. Hasta los tiempos de mi madre, ninguna mujer humana habia sobrevivido al nacimiento de un hijo concebido por un Fomorian -continuo-. Mi madre era joven y fuerte, pero siempre insistio en que su fuerza tuvo poco que ver con ello. Dijo que habia sobrevivido porque yo soy mas humano que Fomorian. Mi madre era parte de otro grupo de mujeres capturadas, violadas y fecundadas por los Fomorians. Las mantenian cautivas hasta que llegaba el momento de dar a luz a sus demoniacos fetos. El hecho de que una mujer quedara embarazada de un Fomorian era su sentencia de muerte, porque durante el nacimiento, su cuerpo quedaba destrozado. Los Fomorians consideraban a las mujeres humanas una carga necesaria, un medio para alcanzar su objetivo de reforzar su especie. Las mujeres hibridas eran muy importantes para reconstruir la raza, pero todos los ninos eran necesarios. Cuando todo Partholon se unio y se volvio contra los Fomorians, ellos intentaron huir hacia las montanas Tier. Algunos lo consiguieron. Se repartieron a las mujeres, con la esperanza de poder huir del ejercito de Partholon y conservar su medio de procreacion. Sin embargo, Epona tenia otros planes. Los demonios comenzaron a enfermar con la misma plaga que habia diezmado el grueso de su ejercito. Mi madre, embarazada, dirigio la revuelta de las mujeres de su grupo. Despues, todas ellas buscaron pasos para las demas por las montanas, al mismo tiempo que destruian a los Fomorians segun estos iban debilitandose. Ellas deberian haber vuelto a Partholon y a casa en aquel momento, para poder esperar rodeadas de sus familias su final inevitable. Eso era lo que querian las mujeres. Sin embargo, entonces ocurrio algo inesperado: mi madre sobrevivio a mi nacimiento.

Elphame tuvo que mirarlo en aquel momento. La expresion de Lochlan estaba llena de emocion.

– Despues, otra madre sobrevivio al nacimiento de su hijo mutante, y despues otra, y otra…

Aquellas palabras le hicieron dano en el corazon a Elphame.

– Tu no eres un mutante.

– Soy medio humano, medio demonio. ?Que otra cosa puedo ser?

– Yo soy parte centauro y parte humana. ?Me convierte eso en una mutante?

– Te convierte en un milagro.

– Exacto.

El continuo explicandole la historia de su vida con el fantasma de una sonrisa en los labios.

– Sobrevivieron casi la mitad de las mujeres. Mi madre no tenia explicacion para ello, salvo que Epona lo hizo posible -dijo el con la ceja arqueada-. Esa era siempre la explicacion de mi madre para todas las preguntas que no podia responder. Pero, fuera cual fuera el motivo, de repente habia un grupo de mujeres jovenes con bebes alados al pecho. Y querian mucho a sus hijos. Sabian que no podian volver a Partholon con sus bebes, y dejarlos no era una opcion aceptable para ellas. Asi pues, se dirigieron hacia las Tierras Yermas. Alli la vida fue dura, y nuestras madres suspiraban por Partholon, pero todos sobrevivimos, e incluso prosperamos. Nuestras madres nos ensenaron a ser civilizados y humanos.

– Hace mas de un siglo -dijo Elphame con un suspiro. Le resultaba dificil de aceptar, aunque lo tuviera delante, con alas, vivo y coleando.

– Se que es mucho tiempo -dijo el-. Ninguna de nuestras madres sabia mucho sobre la raza Fomorian, pero nosotros maduramos rapidamente, y nuestros cuerpos se hicieron muy resistentes. Y parece que nuestra parte oscura nos protege contra el envejecimiento.

Elphame penso en lo que habia leido en la gran biblioteca de su madre.

– Los Fomorians tenian aversion por la luz diurna, pero yo te he visto durante el dia, y no parece que la luz te haga dano.

– No me hace dano, pero soy mas fuerte de noche. Mi vision es mejor, mi oido y mi olfato son mas certeros.

Extendio los dedos y los brazos. Elphame penso que parecia un Chaman preparandose para invocar la magia de una diosa.

– El cielo nocturno me llama.

– ?Puedes volar?

El sonrio y dejo caer las manos a los lados.

– No es exactamente volar. A mi me parece que es montar el viento. Tal vez un dia te lo ensene.

Deslizarse por el aire entre sus brazos… Aquella idea le corto la respiracion.

– Esto no me parece real. Tu no me pareces real.

Lochlan se acerco a ella. Tomo un grueso mechon de su pelo y lo dejo caer, como si fuera agua, entre sus dedos.

– Una noche tuve un sueno. No lo olvidare aunque viva durante toda la eternidad. En mis suenos presencie el nacimiento de una nina. Nacio de una madre humana y de un padre centauro. Cuando el centauro la alzo en sus brazos y proclamo que era una diosa, yo supe que aquella nina maravillosa alteraria irremediablemente mi futuro. Tu siempre has sido real para mi, Elphame. Es el resto de mi vida lo que ha sido un sueno. Tu eres mi destino.

Elphame suspiro.

– No se que hacer con respecto a ti.

– ?No puedes hacer lo mismo que hizo mi madre? ?Permitirte amarme?

Todo en ella, su corazon, su alma y su sangre, grito: «?Si! ?Si, puedo!». Sin embargo, la logica y los anos de enemistad entre ambas razas la impulsaron a ser razonable.

– No puedo. Yo solo soy una doncella joven. Me han designado como La MacCallan. Mi gente me ha jurado lealtad. Mi primera responsabilidad es mi clan, no yo.

Lochlan sonrio con alegria.

– Preguntame el nombre de mi madre.

– ?Como se llamaba tu madre? -le pregunto ella sorprendida.

– Se llamaba Morrigan. El nombre se lo puso su padre, que la adoraba, por la legendaria Reina Fantasma. Vivia en el castillo ancestral de su clan, donde su hermano mayor era El MacCallan. Acababa de terminar su

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