abierta en el pecho, y a la suave luz de la vela, ella vio el vello caoba oscuro de su pecho. Aquella vision la atrajo, lo cual era absurdo. Ella habia visto muchas veces el pecho desnudo de un hombre.

Claro que ninguno de ellos era Cuchulainn, y ninguno de ellos la habia mirado como el, dejando bien claro que era la Sanadora llena de cicatrices quien le interesaba, y no la bellisima cocinera. Brenna sintio un cosquilleo en el estomago al recordarlo. Entonces, hubo un movimiento que capto su mirada. La lobezna emitio un gemido lastimero, de cachorrito. Estaba tendida sobre el cuello de Cuchulainn como si fuera un panuelo sucio. Una de las manos de Cuchulainn colgaba hacia el suelo, y la otra la tenia posada sobre el pequeno animal.

Brenna intento no sonreir al darse cuenta, pero no lo consiguio.

Se acerco de puntillas a la mesa, y fruncio el ceno al ver aquel caos. Habia telas de gasa llenas de leche amontonadas, y un trozo de trapo que olia a orina. Tendria que volver mas tarde con un cubo lleno de agua para fregar. ?Como era posible que un solo hombre y una sola lobezna hubieran podido crear tanto desorden? Brenna se puso las manos en las caderas, agito la cabeza y se pregunto si se habia gastado toda la leche porque se la habia bebido la lobezna o porque el la habia derramado por toda la tienda. Miro a Cuchulainn, que seguia dormido. Por toda la tienda y sobre si mismo, tambien.

La lobezna se movio, y Brenna suspiro. Tendria que ir en busca de mas leche a la cocina. El animal iba a despertar pronto a su padre adoptivo, porque era evidente que estaba muy vivo y que iba a tener mucha hambre. Brenna sonrio. Sin duda, el padre adoptivo tambien tendria hambre. Recogio algunos de los trapos sucios. Llevarle algo de comer a el no seria muy distinto a llevarle leche a la lobezna. Ella solo estaba cumpliendo con sus deberes como Sanadora del clan. Era logico que la salud del hermano de la Jefa del Clan tuviera importancia para ella. Sin querer, volvio a mirar hacia la cama.

El estaba despierto, y la estaba observando con una media sonrisa.

– Buenos dias -susurro.

Brenna se limpio nerviosamente las manos en el delantal, y se acerco a el con determinacion, pasando por alto su cara somnolienta y su pelo revuelto, y sus ojos color turquesa, e ignorando el hecho de que su sonrisa conseguia que le diera vueltas la cabeza.

– Buenos dias -respondio-. Ahora que ya estas despierto, puedo examinar a la lobezna y…

El la agarro por la muneca e interrumpio sus palabras.

– Deja dormir a Fand -le dijo suavemente.

– ?La has llamado Fand?

Como si estuviera respondiendo por el, la lobezna metio la nariz en el cuello de Cuchulainn y gruno antes de volver a dormirse.

– Si. Despues de todo, Fand era el nombre de la mujer del legendario Cuchulainn - explico el con los ojos brillantes-. Despues de la noche intima que acabamos de pasar, me parecio apropiado.

Brenna sonrio sin poder evitarlo. El deslizo los dedos por su muneca hasta que la tomo de la mano.

– Estaba sonando contigo -dijo Cuchulainn.

– Deja de…

El continuo hablando sin hacerle caso.

– Eramos viejos. Tu tenias el pelo blanco y yo estaba encorvado y cojo -explico con una sonrisa-. Vas a envejecer mucho mejor que yo. Pero eso no importa. Estabamos rodeados de nuestros hijos y nietos. Y, jugando entre ellos, habia docenas de lobeznos -dijo, y contuvo una carcajada al oir un grunido de Fand-. Fand es muy celosa -susurro, y le hizo un guino a Brenna.

– Cuchulainn, por favor, deja de jugar…

En aquella ocasion, cuando el la interrumpio, sus ojos ardian, y todo el buen humor se habia desvanecido de su rostro.

– ?No me digas que estoy jugando contigo!

Le solto la mano y, con delicadeza, se quito la lobezna del cuello y la deposito en el hueco todavia calido que habia dejado en la almohada. Cuando se puso en pie, volvio a tomar a Brenna de la mano y la saco de la tienda. Habia neblina y todavia estaba oscuro. Cuchulainn bajo la voz para no despertar a los demas, que dormian en las tiendas de alrededor.

– ?Que es lo que he hecho para que creas que soy un hombre sin honor y que usaria a una doncella como juguete?

– La otra noche. El baile…

– Ya me he disculpado por eso -dijo el, con los dientes apretados de frustracion-. Mi comportamiento fue estupido y desconsiderado, pero no es mi comportamiento normal. Soy un guerrero cuya buena reputacion es conocida en todo Partholon. ?Cuando ha dicho alguien que no tengo honor?

– Nadie lo ha dicho -respondio ella rapidamente-. Tu honor nunca ha sido cuestionado.

– ?De verdad? -exploto el, y alzo las manos-. Dices que estoy jugando con tus sentimientos, usandote, fingiendo que te deseo. ?Y te parece que eso no es cuestionar mi honor? -pregunto. Con esfuerzo, volvio a bajar la voz-. No quiero gritarte. No quiero alejarte de mi. ?Por Epona! Parece que, en lo referente a ti, he perdido la capacidad de pensar y razonar.

Entonces, poso las manos en sus hombros y se los estrecho para anclarla ante si.

– Brenna, me gustaria cortejarte. Si me dices como puedo ponerme en contacto con tu padre, le pedire permiso formalmente.

– Mi padre murio -dijo Brenna, con los labios entumecidos.

La expresion de Cuchulainn se suavizo.

– Entonces, tu madre. Se lo pedire a ella.

– Tambien murio. No tengo familia.

Cuchulainn agacho la cabeza al sentir una oleada de tristeza. Cuanto dolor habia en su pasado. Pero ya no habria mas sufrimiento. El nunca lo permitiria. Cuando alzo la cabeza de nuevo, tenia los ojos brillantes de la emocion.

– Entonces, tu familia es nuestro clan. La MacCallan y yo ya hemos hablado de mis intenciones, y aunque creo que ella piensa que no te merezco, estoy seguro de que me concedera permiso para cortejarte.

– ?Elphame lo sabe? ?Has hablado con ella sobre mi?

– Por supuesto. Es mi hermana.

– ?No! Esto no puede ser. No es posible.

Cuchulainn se dio cuenta de que temblaba bajo sus manos, y de repente sintio que se le encogia el estomago. ?Y si aquella reticencia no se debia a sus cicatrices o a su timidez? ?Y si no lo deseaba?

– Brenna, no quisiera imponerte mi amor si tu no me deseas. Si no me deseas, solo tienes que decirmelo, y te doy mi palabra de que, aunque me dolera mucho, te dejare en paz.

Ella lo miro fijamente.

– ?Amor? ?Mirame, Cuchulainn! Estoy desfigurada, y eso no termina en mi cara -le dijo, y paso su mano por el cuello, por el pecho y hacia abajo, hasta la cintura, mostrandole con claridad hasta donde llegaban las cicatrices.

El se movio con cuidado y alzo una mano de su hombro. Con una caricia delicada, trazo el camino que ella misma acababa de recorrer. Lentamente, toco las cicatrices fruncidas que Brenna tenia en un lado de la cara. Ella no hizo ademan de detenerlo, asi que el siguio por su cuello, paso por encima de la tela que cubria su pecho y, finalmente, descanso en su cadera.

– ?Como puedes pensar que no eres deseable? Cuando te miro, veo a la primera mujer que se hizo amiga de mi hermana. Veo a la Sanadora, que tiene el corazon de una guerrera. Y veo la belleza de una doncella que llena mis pensamientos de deseo, y mis suenos de visiones de futuro.

– Cuchulainn, ha habido demasiada perdida en mi vida. No se si puedo arriesgarme mas.

– ?Eso es todo? -pregunto el con un gran alivio-. ?No es porque no me deseas?

– Te deseo.

Su voz no fue la de una doncella timida. Una vez mas se habia convertido en la Sanadora. Sus palabras eran fuertes y seguras. Cu sonrio, e iba a abrazarla, pero ella lo detuvo en seco.

– No. No he terminado. Admito que te deseo, pero no se si quiero dejar que entres en mi corazon. Si lo hago, y despues te pierdo, me temo que sufrire una herida de la que nunca podre recuperarme.

Cuchulainn sintio panico. ?Que podia decir? ?Que podia hacer para transmitirle seguridad? Respiro

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