educacion en el Templo de la Musa, y estaba disfrutando de unas vacaciones junto al mar mientras esperaba la fecha de su boda, una boda que nunca se celebro…
– Porque el Castillo de MacCallan fue atacado por los Fomorians, y la hicieron prisionera. Su hermano era El MacCallan -dijo Elphame, con un estremecimiento.
Lochlan se puso de rodillas ante ella y saco su espada corta de la funda que llevaba a la cintura. Despues la deposito a los pies de Elphame.
– La sangre del clan de los MacCallan corre por mis venas. Invoco el derecho de mi linaje y a partir de este momento te juro fidelidad hasta el momento de mi muerte y, si Epona lo permite, mas alla.
Elphame lo miro. La luna estaba alta en el cielo, y banaba a Lochlan en su luz palida. El la estaba mirando con los ojos brillantes, y ella se dio cuenta de que habia aceptado su futuro.
El le parecia su futuro. No podia explicarlo racionalmente, pero ella habia cambiado desde que lo habia conocido.
El viejo espiritu de El MacCallan tenia razon. Sentia paz junto a Lochlan. Elphame se bajo de la roca y se puso de rodillas, frente a el. Primero tomo la espada y se la devolvio.
– Guardala. Puede que la necesites para defender a la Jefa del Clan.
– Entonces, ?me aceptas?
Ella le acaricio una mejilla con reverencia.
– Te acepto, Lochlan, en el clan de los MacCallan, como es tu derecho de nacimiento.
La tension desaparecio de los hombros de Lochlan, y el bajo la cabeza.
– Gracias, Epona -murmuro.
Cuando pronuncio el nombre de la diosa, Elphame tuvo una vision del futuro. En una rafaga cegadora, lo vio de rodillas, como en aquel momento, pero encadenado, cubierto de sangre… prisionero… agonizante…
Su mente grito rechazando aquella vision. Ella no iba a permitir que lo destruyeran. La vision hizo que supiera lo que tenia que hacer, que se decidiera. Si lo aceptaba, si se permitia amarlo, alteraria su futuro, y aquella sentencia de muerte se anularia. Tal y como Morrigan habia conseguido conquistar la oscuridad de la sangre de Lochlan, Elphame conseguiria vencer el odio del mundo.
– Dices que soy tu destino -le pregunto ella.
Lochlan asintio y hablo con certeza.
– Te quiero, Elphame.
– Entonces, casate conmigo.
Lochlan tomo aire bruscamente, pero aquel fue el unico signo de su impresion.
– ?Si! -le dijo, tomandole ambas manos-. ?Si, me casare contigo!
«Y que la maldita Profecia y el mundo se vayan al cuerno», penso el con ferocidad. Antes de que ella pudiera dudarlo, Lochlan comenzo a recitar las palabras de union que le habia ensenado su madre, que a ella le habia ensenado su madre, y la madre de su madre antes.
– Yo, Lochlan, hijo de Morrigan MacCallan, te tomo a ti, Elphame, hija de Etain, en matrimonio, en el dia de hoy. Te protegere del fuego si cae el sol, del agua si el mar se enfurece y de la tierra si tiembla bajo nuestros pies. Y honrare tu nombre como si fuera el mio.
– Yo, Elphame, Jefa del Clan de los MacCallan, te tomo a ti, Lochlan, en matrimonio en el dia de hoy. Ni el fuego ni las llamas podran alejarnos, ni un lago ni un mar ahogarnos, ni las montanas separarnos. Y honrare tu nombre como si fuera el mio.
– Asi se ha dicho -termino Lochlan.
– Y asi se hara -dijo Elphame, y completo el ritual.
Se besaron para consumar aquellas promesas. Elphame se apoyo en Lochlan, y el la rodeo con los brazos. Tenia los labios muy suaves, y su olor la envolvio. De nuevo, Lochlan era el bosque, salvaje y masculino. Elphame lo bebio. El era su oasis en la vida, cuando ella siempre habia creido que no conoceria el amor de un companero.
Y ahora, se pertenecian el uno al otro.
El crujido de sus alas flexionandose y llenandose fue como una musica para los oidos de Elphame. Se aparto de Lochlan, lo justo para poder verlas bien.
– Tus alas -susurro ella- son de terciopelo. Quiero que me envuelvas en ellas y que me lleves lejos.
Alargo una mano y le acaricio una de ellas. Lochlan exhalo un suspiro, se estremecio y cerro los ojos. Ella aparto la mano y le acaricio la cara. Lentamente, Lochlan abrio los ojos.
– Me has visto durante toda mi vida, asi que ya debes de saber lo que voy a contarte -dijo Elphame-. No tengo ninguna experiencia en el amor. Asi que cuando te cierras a mi, no se por que lo haces. Debes decirmelo, debes guiarme. Cuando te acaricio las alas te comportas como si te hiciera dano, pero ayer me pediste que no dejara de acariciarte. No lo entiendo, pero me gustaria. Lo necesito. Ayudame a entenderte, marido mio.
Aquella expresion de carino hizo temblar el alma de Lochlan. Eran marido y mujer, y el sintio que se pertenecian mutuamente. Al haberla ganado, habia encontrado su lugar en el mundo, y no habria fuerza capaz de separarlos.
– Mis alas son una extension de mis deseos mas profundos. Son parte de la herencia de mi padre, y llevan su sangre, asi que reaccionan con una ferocidad elemental que no siempre es facil de controlar. Cuando las acaricias, estas acariciando lo mas abyecto que hay en mi.
– ?Crees que tu deseo por mi es abyecto?
– ?No! Por supuesto que no. Pero algunas veces, su intensidad me abruma. Cuando despiertas la necesidad que siento por ti, la lujuria oscura que late en mi sangre demoniaca tambien se despierta. Puede ser salvaje y peligrosa.
Elphame lo miro a los ojos, y no vio a ningun demonio alli. Solo al hombre que habia sido creado para ser su companero toda la vida.
– Yo creo que tu amor por mi es mas fuerte que tu demonio.
Lochlan llevaba una sencilla camisa de algodon, y ella lo miro fijamente mientras se la desataba y se la apartaba del pecho. A Elphame se le corto la respiracion al admirar la belleza de su cuerpo.
Ella abrio el broche que le sujetaba la tela y desenvolvio su cuerpo. Se saco la fina camisa de lino por la cabeza. El aire nocturno de la primavera acaricio su piel desnuda, y le provoco un delicioso escalofrio.
Salvo por sus alas, Lochlan permanecio inmovil. Ella se apoyo contra el calor de su pecho, y paso una mano por encima de su hombro para acariciarle el ala, dejando que sus dedos pasaran por aquella suavidad que le recordaba al terciopelo. El se estremecio y la abrazo. Ella se moldeo contra su cuerpo, y acepto su beso feroz. Lo rodeo con los brazos y hallo el punto en el que sus alas se unian a su cuerpo, y jugueteo alli, acariciandolo, masajeandolo, e incluso aranandole ligeramente la espalda.
Con un movimiento repentino, Lochlan la alzo y la tendio sobre la hierba suave y el tartan de los MacCallan, y se agacho a su lado con las alas desplegadas, mientras intentaba recuperar el control de sus emociones. Ella le tendio los brazos. Deseaba sentir su cuerpo.
El intercepto su mano con una risa suave.
– Despacio, corazon. Deja que te explore. Quiero conocer tu maravilloso cuerpo.
Ella gimio cuando el se cubrio un pecho con la palma de la mano.
– Si… -dijo Lochlan, con la voz llena de deseo-. Eres como un canto de sirena para mi, y te seguiria aunque me guiara hacia la muerte -anadio, y paso la mano por el corte que ella tenia en el costado-. Pero nunca permitire que nada ni nadie te haga dano. Te protegere con mi vida y te defendere con la ultima gota de mi sangre.
«No llegara ese momento», penso Elphame. Ambos iban a estar bien. Su clan iba a aceptarlo.
Entonces, todo pensamiento se le borro de la mente, cuando el movio la mano desde la curva de su cintura hacia el suave pelaje que le cubria la parte inferior del cuerpo.
– Tienes una suavidad indescriptible -susurro Lochlan mientras le acariciaba el muslo-, fundida con una fuerza asombrosa. Durante todos estos anos me he preguntado como seria acariciarte, y que tu me acariciaras, pero nunca pense que llegaria a saberlo -dijo, y paso la mano por el interior de su muslo caoba-. Fue el motivo por el que finalmente halle mi camino hacia ti. No podia soportar la idea de estar sin ti ni un minuto mas.
Entonces, el deslizo la mano hasta que hallo el calor del centro de su cuerpo. Elphame gimio y movio las caderas con inquietud. Las alas de Lochlan latieron llenas de vida y la sangre oscura de su padre comenzo a moverse rapidamente por su cuerpo. Durante un instante, el se vio tomandola con violencia, embistiendola contra el suelo mientras se alimentaba de su cuello y ella gritaba.
