«?No!», grito mentalmente Lochlan, rebelandose contra aquella imagen. Se aparto bruscamente de su cuerpo con la respiracion jadeante y se sento a su lado, temblando, con la cara escondida entre las manos mientras el dolor le atravesaba las sienes.
Entonces, Elphame se arrodillo a su lado y comenzo a acariciarle el pelo, murmurandole palabras de consuelo. Cuando sus alas empezaron a cerrarse, ella le aparto las manos, suavemente, de la cara.
– ?Que es lo que te da miedo? ?Por que te has alejado de mi? ?Acaso lamentas nuestro matrimonio?
– ?No! -exclamo el-. ?Nunca! Eres tu la que deberia arrepentirse. Soy un demonio, y casi no puedo controlar mis impulsos. No puedo hacer el amor contigo sin tener visiones de violencia y de sangre. Y eso alimenta mi lujuria, Elphame. ?Lo entiendes? Aunque te quiero y te deseo por encima de todas las cosas, mi herencia oscura desea rasgar, saborear, violar.
– Cuando me haces el amor, ?tienes pensamientos oscuros y violentos? -pregunto Elphame.
– Si -respondio el con la voz quebrada-. No puedo evitarlo.
Elphame se puso en pie, y Lochlan supo, con una pena desgarradora, que ella iba a dejarlo.
– Entonces, yo te hare el amor a ti.
En vez de alejarse de el, Elphame se sento a horcajadas sobre su regazo, con una gracia sensual. Entonces lo beso y le acaricio las alas mientras volvian a latir y, al instante, se llenaban de deseo.
– Elphame, no sabes…
– Shhh -murmuro ella, y apreto un dedo contra sus labios para acallarlo, mientras le desabrochaba la cintura del pantalon y liberaba su ereccion.
Cuando Elphame empezo a explorar su dureza, el dejo de respirar, y cuando se elevo para situar su humedad sobre su miembro palpitante, lo unico que pudo hacer Lochlan fue apoyar las manos en la hierba y luchar contra el impulso de clavarle las unas en la cintura y atravesarla.
– Abre los ojos, marido mio. Mirame.
El abrio los ojos y se encontro con su mirada luminosa mientras ella descendia y lo acogia en su cuerpo con lentitud.
Elphame tuvo que adaptarse a el, pero despues de la impresion inicial de sentirlo en su interior, el deseo de sus suenos y fantasias estallo. Se mecio contra el, notando como aumentaba la tension. Cuando Lochlan empujo hacia arriba para corresponderla, ella echo hacia atras la cabeza e incremento el ritmo de los movimientos de su cuerpo. Las alas de Lochlan se irguieron por encima de ellos dos, ocultando el cielo y el bosque a los ojos de Elphame y encerrandolos en un mundo propio. Cuando el gimio su nombre, al liberar su simiente dentro de ella, Elphame lo abrazo mientras su propio cuerpo estallaba en espasmos de placer.
Volvieron hacia la entrada del tunel en silencio. El cielo ya estaba empezando a aclararse. Elphame casi no podia creer que hubiera transcurrido tanto tiempo. Le habia parecido que solo habia pasado un breve momento en sus brazos. Ella lo tomo de la mano. El sonrio y se la beso.
– ?Estas segura de que no te he hecho dano? -le pregunto Lochlan de nuevo.
– Completamente segura. Y deja de preguntarmelo. No soy una delicada doncella -dijo, y con un gesto ironico, anadio-: En realidad, ya no soy una doncella.
– Para mi es un milagro. No creia que pudiera controlar…
Se quedo callado y apreto los dientes al recordar que habia arrancado punados de hierba del suelo durante su orgasmo. ?Y si hubiera tenido las manos posadas en su cintura, o en su pecho, o en la delicada curva de su cuello?
– Lochlan -dijo ella con vehemencia, deliberadamente, para sacarlo de los pensamientos de odio hacia si mismo que se reflejaban en la expresion de su cara-. No ha ocurrido nada malo -le acaricio la mejilla y le pregunto-: ?No puedes deleitarte con el placer que hemos compartido?
El la abrazo y apoyo su frente en la de ella.
– Perdoname. Es que tengo un demonio dentro, y me resulta dificil no batallar continuamente con el. La verdad es que esta noche me has dado una gran felicidad, y no deberia permitir que nada manchara eso.
– No lo has manchado. Nada podria manchar esta noche.
Lochlan le dio un beso, deseando desesperadamente que sus palabras fueran ciertas. Caminaron por el bosque hasta que encontraron la entrada del tunel. Los dos amantes se detuvieron ante ella.
– Deja que vaya contigo -le dijo Lochlan de repente, tomando su cara entre las manos-. Estamos casados, y yo te he hecho un juramento de lealtad. Podremos conseguir que entiendan que mi amor por ti es mas fuerte que la sangre de mi padre.
Elphame le cubrio las manos con las suyas.
– No puedo presentarle este matrimonio a mis padres como un hecho consumado, como si no tuvieran importancia, como si no tuvieran derecho a saberlo antes que unos extranos. No puedo hacerles eso, ?lo entiendes?
– Quieres mucho a tu familia. Eso lo entiendo.
– No es solo por amor. Tambien es por confianza, por respeto y por lealtad. Es lo mismo que te he jurado a ti.
– Lo se, corazon mio. Es solo que no se como voy a soportar estar separado de ti.
– Voy a enviarles un mensaje para que vengan. Cuando lleguen se lo dire a ellos y a Cuchulainn. Despues, entre todos encontraremos la manera de explicarselo al resto de Partholon -dijo Elphame, aparentando mas confianza de la que sentia.
– ?Cuanto tardaran?
– Enviare hoy mismo una paloma mensajera. Cuando reciba el mensaje, mi madre se pondra rapidamente en marcha. Se va a poner muy contenta cuando les pida que vengan al Castillo de MacCallan. Seguramente, esta inquieta por no haber podido participar en la decoracion, y vendra acompanada de carros cargados de cosas brillantes -dijo Elphame con una sonrisa que reflejaba el amor que sentia por su madre-. Solo seran siete dias, o un poco mas.
– Te he esperado durante muchos anos. Puedo esperar unos dias mas.
Elphame lo abrazo.
– Intentare venir todas las noches. Estaras aqui, ?verdad?
– Siempre, corazon mio -dijo el, entre su pelo-. Siempre.
Elphame salio de entre sus brazos de mala gana. Ella no miro atras cuando entraba al tunel, pero sintio que el la estaba observando mientras desaparecia. La tea chisporroteaba y daba una luz debil que reflejaba la tristeza de Elphame. Cansadamente, entro en su dormitorio y cerro la puerta secreta. Al acurrucarse bajo el edredon, percibio el olor de su marido en su propia piel, como si fuera una caricia.
Antes de dormirse, Elphame le envio una plegaria llena de fervor a su diosa. «Por favor, Epona, permite que vean al hombre, y no al demonio».
Capitulo 27
Brenna se dijo que el hecho de querer ir a visitar a su paciente tan temprano era perfectamente normal. Aunque solo estaba empezando a amanecer, la lobezna era muy pequena, y habia pasado por una experiencia horrible. En realidad, no deberia haber dejado a aquella pequena criatura con Cuchulainn. ?Que sabia el guerrero de cuidar a un ser tan fragil? Por eso habia dormido tan mal. Brenna estaba preocupada por la lobezna. No era porque Cuchulainn la obsesionara.
La tienda del guerrero estaba silenciosa, pero ella vio las sombras temblorosas que proyectaba en la lona de la tienda la unica vela encendida.
– ?Cuchulainn? -dijo, y vacilo, con la mano posada sobre la entrada.
No hubo respuesta.
– ?Hola? ?Cuchulainn? -repitio, en voz un poco mas alta, y creyo que oia una respuesta. Aparto la lona de la puerta y agacho la cabeza para pasar al interior de la tienda.
Brenna arrugo la nariz. El bulto que habia sobre la cama se movio y llamo su atencion. Cuchulainn estaba tumbado boca arriba, profundamente dormido, tapado con una manta de cintura para abajo. Tenia la camisa
