– Tu padre se caso conmigo.

Elphame sonrio con tristeza a su madre.

– Pero tu eres humana por entero, mama, y ademas, el Sumo Chaman de los Centauros siempre es el companero de la Amada de Epona. El fue creado para amarte, es lo normal para el. Es evidente que Epona me ha marcado, pero no me ha elegido. No me ha enviado a ningun Chaman para que sea mi companero. No creo que haya nadie, ni centauro ni humano, que fuera creado para amarme. No como os amais papa y tu.

– ?Oh, carino! ?No digas eso! Yo no lo creo. Epona no es cruel. Hay alguien para ti. Lo que ocurre es que todavia no lo sabe.

– Tal vez. O tal vez es que yo tenga que irme para encontrarlo.

– Pero ?por que alli? No me gusta imaginarte alli.

– Solo es un sitio, mama. En realidad no es mas que un lugar en ruinas. Creo que ya es hora de que alguien lo reconstruya. ?No te acuerdas de las historias que me contabas a la hora de dormir? Me dijiste que, en sus tiempos, fue un lugar hermoso.

– Si, hasta que se convirtio en un lugar de muerte y mal.

– Eso ocurrio hace mas de cien anos. El mal ha desaparecido, y los muertos no pueden hacerme dano.

– Eso no lo sabes con seguridad -replico Etain.

– Mama -dijo Elphame, y la tomo de la mano-. El MacCallan era mi antepasado. ?Por que iba a querer hacerme dano su fantasma?

– Hay mas gente que murio en la matanza del Castillo de MacCallan, aparte del Jefe del Clan, y de los nobles guerreros que dieron su vida intentando protegerlo. Y sabes que dicen que el castillo esta maldito. Nadie se ha atrevido a entrar en esas ruinas, y mucho menos a vivir alli, durante un siglo -dijo Etain con firmeza.

– Pero tu siempre has atendido el altar de El MacCallan y has mantenido encendida la llama. Hemos mantenido viva la memoria de El MacCallan, aunque el clan fuera destruido. ?Por que te sorprende que quiera restaurar el castillo? Despues de todo, yo tambien llevo su sangre en las venas.

Etain no respondio inmediatamente. Durante un instante, penso en mentir a su hija, en decirle que la diosa le habia transmitido la veracidad de la maldicion del castillo. Pero solo por un instante. Madre e hija habian tenido siempre una gran confianza, y Etain no queria destruirla ni aprovecharse de ella, y nunca mentiria sobre algo que le hubiera concedido Epona.

– No creo que El MacCallan quisiera hacerte dano, aunque es posible que su espiritu inquieto habite el castillo. Y admito que la maldicion es una historia para asustar a los ninos desobedientes. No es que tema por tu seguridad, es que no entiendo por que debes ir con los trabajadores que van a despejar las ruinas. ?Por que no esperas hasta que este todo limpio y habitable? Despues podras supervisar las ultimas etapas de la reconstruccion.

– Necesito involucrarme en todos los aspectos de esto, mama. Voy a reconstruir el Castillo de MacCallan y voy a ser su senora. La senora de un castillo y sus tierras. Tendre algo propio, algo en cuya creacion he contribuido. Si no puedo tener un companero e hijos propios, entonces tendre mi propio reino. Por favor, entiendeme y dame tu bendicion, mama.

– Solo quiero que seas feliz, preciosa.

– Eso me hara feliz. Tienes que confiar en que me conozco a mi misma, mama.

«Debes dejarla marchar, Amada», dijo la diosa. Sin embargo, Etain se sentia como si le estuvieran clavando un cuchillo en el corazon. «Ella sabra encontrar su propio destino, y yo la cuidare».

Etain cerro los ojos y respiro profundamente. Despues se quito las lagrimas de las mejillas con el dorso de la mano.

– Confio en ti. Y siempre tendras mi bendicion.

Las arrugas de preocupacion que se habian marcado en el rostro de Elphame se borraron.

– Gracias, mama. Creo que este es mi destino. Ya veras como sera el Castillo de MacCallan cuando este vivo otra vez -dijo, y despues de acariciar a la yegua, anadio-: Vamos a darnos prisa. Tengo que terminar de hacer el equipaje. Se supone que nos vamos al amanecer.

Elphame fue charlando alegremente junto a su madre y a la yegua. Etain respondio adecuadamente a su conversacion, pero no podia concentrarse en las palabras de su hija. Ya sentia el peso de su ausencia en el alma, como si fuera un agujero negro. Y, aunque aquella noche de finales de primavera era calida, sintio un escalofrio en la espalda.

Capitulo 2

– Cu, recuerdame por que accedi a que vinieras conmigo.

Elphame miro de reojo a su hermano e intento acelerar el paso sin que se notara demasiado. El iba entonando el verso numero quinientos de una cancion militar, y el coro interminable martilleaba en la sien derecha de Elphame al ritmo de su dolor de cabeza. Casi se arrepentia de haberse empenado en que su hermano y ella viajaran separados del resto del grupo.

El caballo de Cuchulainn adapto su trote automaticamente al paso de Elphame. El comenzo a reirse.

– He venido, hermana mia, para protegerte.

– Oh, por favor, no me tomes el pelo. ?Para protegerme? Lo que pasa es que necesitabas un descanso, dejar de perseguir a las doncellas del templo hasta los confines del mundo.

– ?Hasta los confines del mundo? -pregunto Cuchulainn, y volvio a reirse-. ?De verdad has dicho «hasta los confines del mundo»? Ya sabia yo que estabas pasando demasiado tiempo leyendo en la biblioteca de mama. Y yo no persigo precisamente a las doncellas -dijo, moviendo las cejas de un modo muy sugerente.

Elphame intento contener una sonrisa, aunque sin exito. Lo miro afectuosamente.

– Ahora me recordaras que tu no tienes que perseguir a ninguna mujer a ningun sitio.

– Bueno, hermana mia, esa es la pura verdad… -dijo el con otra sonrisa.

– Um… Pensaba que tenias que quedarte en casa para darle la bienvenida a… -Elphame carraspeo y se echo el pelo hacia atras, e imito a la perfeccion el tono de voz de su madre, y sus gestos-: A la encantadora hija soltera del Jefe del Castillo de Woulff, que pasaba por el Templo de Epona de camino al Templo de la Musa, donde va a comenzar su educacion.

Cuchulainn fruncio los labios y, durante un instante, Elphame lamento haber bromeado. Despues, con su habitual buen humor, Cuchulainn se encogio de hombros y sonrio.

– Se llama Beatrice, hermana mia. ?Alguien que se llama Beatrice podria no tener una frente amplia y un porte majestuoso?

– Seguramente es muy bella -dijo Elphame entre risitas.

– Y sin duda, fertil, de caderas anchas y con capacidad para dar a luz a muchos hijos.

Los dos hermanos se miraron con un entendimiento completo.

– Me voy a alegrar mucho cuando Arianrhod y Finegas tengan edad suficiente como para que mama empiece a buscarles pareja -dijo Elphame en un tono serio.

Cuchulainn suspiro.

– Los mellizos van a cumplir dieciocho anos este verano. Dentro de tres anos, mama estara en su mejor momento de casamentera.

– Pobrecitos. Casi me da pena que nos hayamos metido tanto con ellos cuando eramos pequenos.

– ?Casi! -exclamo Cuchulainn entre risas-. Por lo menos, todos estamos en esto. No es que mama haga distinciones entre nosotros.

Elphame se limito a sonreir y apresuro nuevamente el paso para colocarse delante de su hermano en el estrecho sendero que estaban recorriendo. «Pero no es lo mismo para mi», penso. Sus hermanos eran humanos, atractivos, llenos de talento, muy admirados. Elphame no necesitaba mirar a su hermano para recordar como era. Tenia un ano y medio menos que ella. Tenia sus mismos pomulos altos y bien definidos, pero mientras que los de Elphame eran delicados y femeninos, los de el eran masculinos y fuertes. Ella tenia un menton desafiante, segun su madre, y el tenia una barbilla obstinada, orgullosa, con una preciosa hendidura. En vez de tener los ojos negros y el pelo caoba oscuro como Elphame, Cuchulainn tenia los ojos de un color excepcional, entre el verde y el azul, y el pelo espeso y rubio, y no conseguia librarse de sus remolinos infantiles. Por eso lo llevaba muy corto y peinado

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