me habia desfallecido el corazon en el ultimo instante. No podia regresar y ser una carga para ellos, yo que era sana y fuerte.

Resueltamente me acerque a la plataforma y subi los desvencijados escalones del costado; luego me vi alli de pie entre ellos.

Los presuntos patrones nos observaban con interes, sopesando nuestras posibilidades. Vi entre ellos al hacendado Pengaster. Si el me tomaba no estaria tan mal. Se lo consideraba bondadoso hacia quienes trabajaban para el, y yo podria llevarme algunos bocados a la cabana. Mi amargura se aliviaria sobremanera si podia ir de vez en cuando a casa y hacerme la dadivosa.

Entonces vi a dos personas que me causaron un sobresalto de consternacion. Los reconoci como el mayordomo y el ama de llaves del Abbas. Solamente una finalidad habria podido llevarlos a la feria, y se encaminaban en linea recta a la plataforma. Entonces empece a tener miedo. Un sueno mio habia sido vivir algun dia en el Abbas Saint

Larston; yo habia vivido con ese sueno, porque abuelita Be me habia dicho que, si una creaba un sueno y hacia cuanto podia por volverlo realidad, era casi seguro que con el tiempo lo seria. Ahora veia que ese sueno podia hacerse facilmente realidad… yo podria vivir en el Abbas… ?como criada domestica!

Cientos de imagenes pasaron veloces por mi mente. Pense en el joven Justin Saint Larston dandome ordenes con altaneria; en Johnny burlandose de mi, recordandome que era una criada; en Mellyora yendo a tomar el te con la familia, y en mi misma de pie para servirlos, con gorra y delantal. Pense en Kim alli presente. Tambien pensaba otra cosa. Desde que abuelita me confiara su secreto aquel dia en el bosque, yo habia pensado mucho en Sir Justin, que era el padre del actual. Se parecian mucho y yo era igual que abuelita. Existia una posibilidad de que lo sucedido a abuelita me pudiese suceder a mi. Al pensarlo ardi de furia y verguenza.

Se acercaban conversando con mucha seriedad, escudrinando luego a una de las muchachas que se ofrecian para trabajar y que tenia mas o menos mi edad. ?Y si seguian adelante en la fila? Si me elegian, ?que?

Luchaba conmigo misma. ?Debia saltar de la plataforma y correr a mi casa? Me imagine explicandole a abuelita. Ella comprenderia. ?Acaso el ir alli no habia sido sugerencia mia, no de ella?

Entonces vi a Mellyora… refinada y lozana, vestida de color malva, con falda guarnecida y un jubon ajustado, que tenia bordes de encaje en el cuello y las mangas; medias blancas y zapatos negros con carreas, y su rubio cabello asomando bajo su papalina de paja.

En el momento en que la vi, ella me vio, y en ese instante no pude ocultar mi temor. Se me acerco rapidamente, con una expresion de pesar en la mirada, y se detuvo frente mismo a mi.

—?Kerensa? —Pronuncio mi nombre con suavidad.

Yo estaba furiosa porque ella me habia visto humillada; y como podia no odiarla, alli de pie, pulcra, limpia, lozana, tan refinada… y libre.

—?Te ofreces para trabajar?

—Asi parece —respondi con ferocidad.

—Pero… no lo has hecho antes.

—Son tiempos dificiles —murmure.

Los dos del Abbas se acercaban. El mayordomo ya tenia posados en mi sus ojos, que brillaban de manera ardiente y pensativa.

Una expresion de entusiasmo asomo al rostro de Mellyora, que contuvo el aliento y comenzo a hablar como si las palabras no le salieran con la rapidez suficiente.

—Kerensa, nosotros estamos buscando alguien. ?Querrias ir al rectorado?

Fue como la suspension de una sentencia. El sueno no se me estaba estropeando. No entraria en el Abbas Saint Larston por la puerta trasera. Tenia la sensacion de que, si hacia eso, el sueno jamas se haria realidad.

—?Al rectorado! —repeti tartamudeando—. ?Entonces viniste aqui a emplear una criada?

Ella movio la cabeza ansiosamente, asintiendo.

—Si, necesitamos… alguien. ?Cuando estaras lista para empezar?

Haggety, el mayordomo, que ya estaba cerca nuestro, dijo:

—Buenos dias senorita Martin. —Buenos dias.

—Me alegro de verla en la feria, senorita. La senora Rolt y yo vinimos a buscar dos o tres muchachas para la cocina. —Me miraba ahora con ojillos brillantes—. Esta parece aceptable —agrego—. ?Como te llamas?

Alce la cabeza con altaneria.

—Llega usted demasiado tarde —dije—. Ya estoy contratada.

* * *

Ese dia flotaba en el aire una sensacion de irrealidad. Yo tenia la impresion de que esto no me estaba ocurriendo realmente, de que pronto despertaria y me encontraria en el talfat, sonando como siempre, o riendo con abuelita Be.

Verdaderamente caminaba junto a Mellyora Martin, que me habia comprometido para trabajar en el rectorado… ella, una muchacha de mi misma edad.

El senor Haggety y la senora Rolt se habian mostrado tan sorprendidos, que callaron, boquiabiertos, cuando Mellyora se despidio con cortesia. Cuando nos alejamos nos miraban fijamente y oi a la senora Rolt murmurar:

—?Pues que me dice usted de eso!

Al mirar a Mellyora, senti una vaga alarma; intui que ella empezaba a arrepentirse de una accion apresurada. Estaba segura de que ella no habia ido a la feria a contratar a nadie, que habia obrado siguiendo un impulso para salvarme de ir a trabajar al Abbas, tal como habia procurado salvarme de las burlas de los muchachos cuando me habia encontrado en la pared.

—?Esta bien? —pregunte.

—?Que cosa?

—?Que tu me contrates?

—Estara bien.

—Pero…

—Nos arreglaremos —replico; era muy bonita cuando sonreia, y el desafiante centelleo de sus ojos la hacia mas bonita todavia.

Muchos se volvian para mirarnos mientras pasabamos entre las multitudes, frente al del baratillo, que voceaba los meritos de sus mercancias, como una botella de esto o de aquello curaria todos los males del mundo; frente al ganso que se asaba y al puesto de obsequios. Presentabamos un gran contraste… ella tan rubia, yo tan morena; ella tan pulcra, y yo, aunque limpia, pues me habia lavado el cabello y la bata corta el dia anterior, tan mal vestida; ella con sus brillantes zapatos negros, yo descalza. Y a nadie se le ocurriria pensar que ella me habia contratado.

Me condujo al linde del campo donde se hallaba instalada la feria, y alli estaban la jaca y el cochecito que, yo lo sabia, pertenecian al rectorado; en el asiento del conductor estaba esa institutriz de edad madura a quien yo habia visto con frecuencia en compania de Mellyora.

Cuando nos acercamos, ella se volvio diciendo:

—?Dios me valga, Mellyora! ?Que significa esto? Como presumi que el 'esto' era yo, alce bruscamente la cabeza y fije en la institutriz mi mas altanera mirada.

—Oh, senorita Kellow, debo explicar… —comenzo a decir Mellyora con un temblor de turbacion en la voz.

—En efecto —fue la respuesta—. Hazlo, por favor.

—Esta es Kerensa Carlee. Acabo de contratarla.

—?Acabas de… que?

Me volvi hacia Mellyora con una mirada de reproche. Si ella habia estado haciendome perder el tiempo… si habia estado jugando a quien sabe que simulacion… si aquello era acaso algun juego…

Sacudio de nuevo la cabeza. Otra vez ese inquietante habito de leer mis pensamientos.

—Todo esta bien, Kerensa —dijo—. Dejalo en mis manos.

Me hablaba como si fuese yo una amiga y no una muchacha empleada; habria podido estimar a Mellyora si

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