—No, ese es nuestro secreto, ?eh?, senora Yeo.
—Sueltame. Sueltame. —Y luego—: Tenemos aqui a esa muchacha, la nieta de la abuelita Be, ?lo sabias?
—Si, la he visto. Colijo que es mas lista que una carreta llena de monos.
—Oh, es bastante lista. Lo que me extrana es… ?por que la tenemos aqui entonces? Al parroco ya le resulta bastante dificil alimentarnos a todos, Dios lo sabe. Entonces trae a esta otra… que come bastante cuando se sienta a la mesa. Es mejor para eso que para trabajar, esto te lo digo yo.
—?Las cosas van mal entonces?
—Ah, ya sabes, si el parroco tiene medio penique regala uno entero.
Pronto ambos hallaron algo que les interesaba mas que los asuntos del parroco o que mi llegada; pero yo segui pensando mientras limpiaba el piso. En el rectorado, todo me habia parecido lujoso; causaba asombro pensar que en esa casa les resultara dificil salir del paso monetariamente.
Yo no lo creia, en realidad. No eran mas que habladurias de los sirvientes.
* * *
No hacia una semana que estaba yo en el rectorado, cuando hice realidad mi enorme buena suerte. Se me habia enviado a limpiar el cuarto de Mellyora mientras ella estudiaba sus lecciones en la biblioteca con la senorita Kellow. Tan pronto como quede sola en la habitacion, fui a la biblioteca y abri uno de los libros. En el habia laminas con leyendas abajo. Las mire con fijeza, procurando entender que eran. Me sentia colerica y frustrada, como alguien que esta encerrado en una prision mientras las cosas mas interesantes del mundo ocurren afuera nomas.
Me preguntaba si podria aprender sola a leer sacando uno de aquellos libros y mirandolo, aprendiendo la forma de las letras, copiandolas y recordandolas. Olvide totalmente la limpieza del piso. Me sente en el suelo, saque un libro tras otro, procurando comparar las letras para obtener algun indicio de lo que ellas significaban. Me encontraba alli sentada cuando Mellyora entro en la habitacion.
—?Que estas haciendo? —pregunto.
Cerrando apresuradamente el libro respondi:
—Estoy limpiando tu habitacion.
—Que absurdo —rio ella—. Estabas sentada en el piso, leyendo. ?Que leias, Kerensa? Yo ignoraba que supieras leer.
—Te estas riendo de mi —exclame—. Basta ya. ?No pienses que porque me contrataste en la feria, me has comprado!
—?Kerensa! —dijo ella con altaneria, tal como habia hablado a la senorita Kellow. Entonces senti que me temblaban los labios y su expresion cambio de inmediato—. ?Por que mirabas los libros? —inquirio con dulzura—. Dimelo, por favor. Quiero saberlo.
Fue ese 'por favor' lo que me hizo soltar bruscamente la verdad.
—No es justo —dije—. Yo podria leer si alguien me ensenara como hacerlo.
—?Asi que quieres leer?
—Por supuesto, quiero leer y escribir. Quiero eso mas que nada en el mundo.
Sentandose en la cama, cruzo sus lindos pies y contemplo sus relucientes zapatos.
—Bueno, eso es muy facil —declaro—. Hay que ensenarte.
—?Quien me ensenara? —Yo, pues supuesto.
Ese fue el principio. Ella me enseno, si, aunque mas tarde admitio que pensaba que yo me cansaria pronto de aprender. ?Cansarme! Yo era infatigable. En el desvan, que yo compartia con Bess y Kit, solia despertarme al amanecer y escribir las cartas, copiando las que me habia puesto Mellyora como modelo; muchas veces robaba velas del aparador de la senora Yeo y las hacia arder durante la mitad de la noche. Amenazaba a Bess y Kit con terribles desgracias si me delataban, y como yo era la nieta de abuelita Be, ellas accedian docilmente a guardar mi secreto.
Mellyora estaba asombrada por mis avances, y el dia en que yo escribi mi nombre sin ayuda, la emocion la subyugo.
—Es una verguenza que tengas que hacer este otro trabajo —dijo—. Deberias estar estudiando.
Pocos dias mas tarde, el reverendo Charles me hizo llamar a su estudio. Era muy delgado, de ojos bondadosos y una piel que parecia tornarse cada dia mas amarilla. Las ropas le quedaban demasiado grandes, y su cabello castano claro estaba siempre revuelto y desalinado. No se preocupaba mucho por si mismo; se preocupaba sobremanera por los pobres y por las almas de las personas; y mas que nada en el mundo, se preocupaba por Mellyora. Se notaba que pensaba en ella como en uno de los angeles sobre quienes el estaba predicando siempre. Ella podia hacer con el exactamente lo que queria; por eso fue afortunado para mi que ella hubiese heredado de su padre esa preocupacion por los demas. El reverendo siempre parecia estar algo inquieto. Yo habia creido que esto era porque pensaba en todas las personas que irian al infierno, pero despues de que oi la conversacion entre Belter y la senora Yeo, se me ocurrio que quizas estuviese inquieto por todo lo que se comia en esa casa y como iba a pagarlo el.
—Me dice mi hija que te enseno a escribir, Kerensa. Eso es muy bueno. Eso es excelente. Quieres leer y escribir, ?verdad Kerensa?
—Si, mucho.
—?Porque?
Sabiendo que no debia revelarle la verdadera razon, dije manosamente:
—Porque quiero leer libros, senor. Libros como la Biblia.
Eso le agrado.
—Entonces, hija mia —dijo—, ya que tienes la capacidad, debemos hacer todo lo posible por ayudarte. Mi hija sugiere que manana participes, junto con ella, en sus lecciones con la senorita Kellow. Dire a la senora Yeo que te excuse de las tareas que deberias estar haciendo en ese momento.
No trate de ocultar mi jubilo, porque no era necesario hacerlo; el me palmeo el hombro.
—Ahora, si descubres que preferirias cumplir tus tareas con la senora Yeo en vez de las que te fije la senora Kellow, debes decirlo.
—?Jamas lo hare! —respondi con vehemencia.
—Anda, pues —agrego el—, y reza con empeno para que Dios te guie en todo lo que hagas.
* * *
Esa decision, que jamas se habria tomado en ninguna otra casa, causo consternacion en esta.
—?Jamas oi cosa semejante! —refunfunaba la senora Yeo—, Tomar a esa clase de persona y convertirla en estudiosa. Oiganme bien, hay quienes, dentro de poco, iran a parar al Asilo de Bodmin… y me refiero a gente que no esta muy lejos de este cuarto donde estoy. Les digo que el parroco esta perdiendo su sano juicio.
Bess y Kit cuchicheaban, diciendose que aquel era el resultado de un conjuro que abuelita Be habia lanzado sobre el parroco. Ella queria que su nieta fuese capaz de leer y escribir igual que una dama. Eso demostraba, ?verdad?, lo que abuelita Be podia lograr si queria. Yo pense: ' ?esto sera bueno tambien para abuelita!'
La senorita Kellow me recibio petreamente; adverti que me iba a decir que ella, una aristocrata empobrecida, no se rebajaria al punto de ensenar a alguien como yo sin presentar lucha.
—Esto es una locura —dijo cuando me presente.
—?Por que? —quiso saber Mellyora.
—?Como crees que podemos continuar con tus estudios si tengo que ensenar el ABC?
—Eso ya lo sabe ella. Ya sabe leer y escribir. —Protesto… vigorosamente.
—?Que piensa hacer? —inquirio Mellyora—. ?Dar un mes de notificacion?
—Es posible que lo haga. Quisiera que sepas que di lecciones en la casa de un baronet.
—Lo ha mencionado usted mas de una vez —replico mordazmente Mellyora—. Y ya que tanto lamenta haber dejado esa casa, tal vez deba tratar de encontrar otra parecida.
Era capaz de mostrarse incisiva cuando tenia algo que defender. ?Que adalid era!
—Sientate, pequena —dijo la senorita Kellow.
Obedeci con suma docilidad porque ansiaba aprender todo lo que ella pudiera ensenarme.
Trato de estropearlo todo, por supuesto; pero mi deseo de aprender y demostrar que ella se equivocaba
