colores estridentes. Dos de ellas formaban un arco por el que se accedia a la pista de baile. En las paredes habia fotos y carteles (recuerdo uno que anunciaba una novillada en la Plaza de Toros de Sada, con fecha de 1910), asi como repisas situadas a alturas diferentes, en las que se acumulaban maquetas de navios, algunas de gran tamano, metidas en urnas de cristal.
Entonces lo vi. Era un hombre de unos cincuenta o cincuenta y cinco anos, el unico en todo el local (aparte de mi) que no llevaba mascara ni disfraz. Estaba sentado en un rincon, incomprensiblemente ajeno a lo que acontecia a su alrededor, escribiendo en un cuaderno. En torno a el habia una nube de humo que parecia mas espeso que el que flotaba en el resto del local, como si una campana de cristal lo mantuviera aislado de los demas. De cuando en cuando se interrumpia para darle una calada al cigarrillo o para beber.
De pronto, alguien que llevaba una capa de plumas y una mascara de buho me agarro con fuerza del brazo y me arrastro hacia la barra. Introduciendo un vaso de plastico en un bol donde habia un liquido de color rojo, me dijo en espanol que me lo bebiera de un trago. Hice lo que me decia. Era un brebaje fortisimo, que me lleno los ojos de lagrimas y me hizo toser. El tipo solto una carcajada, me dio una mascara de aspecto tan monstruoso como la que llevaba el y hasta que no consiguio que me la pusiera no me dejo en paz.
Cuando me lo quite de encima, volvi a la parte del bar donde habia visto al tipo que escribia en solitario, pero habia desaparecido Encima de la mesa todavia humeaba una colilla en el cenicero, junto a un vaso vacio. Escrute todos los rincones del lugar, quitandome a cada paso de encima a gente empenada en hacerme bailar, pero no di con el. Quiza alguien le hubiera obligado a ponerse una careta, como a mi. Me sentia aturdido por la pocima que me habian obligado a beber y la tumultuosa mezcla de impresiones, y me costo bastante irme de alli. Por fin di con las cortinas rojas y el pasillo de salida. Cuando la puerta de hierro negro se cerro detras de mi, el silencio de la noche me parecio un prodigio.
Eche a andar, vacilante, y al pasar por delante de un escaparate vi una figura que me hizo dar un respingo. Era mi propio reflejo. Me quite la careta y segui hacia los muelles, como habia sido mi intencion desde un principio. No se cuanto tiempo estuve deambulando por el puerto. Se habia aduenado de mi una extrana desazon cuya raiz no conseguia entender.
Tarde meses en volver por el Oakland, aunque en numerosas ocasiones me volvia su recuerdo, mezclado con las demas cosas que habia visto durante mi primera visita a Brooklyn Heights. Habia sido todo bastante especial, desde la obra de teatro hasta el paseo por algunos de los rincones mas singulares del barrio. A todas las impresiones se sobreponia la que dejo en mi el baile de disfraces que se celebraba en aquel extrano bar de marineros, y siempre que pensaba en el me venia a la cabeza la imagen de aquel individuo que escribia en un cuaderno, ajeno a los enmascarados que atestaban el local.
Me dispongo a pedir otra cerveza cuando veo llegar a Frank y Victor.
Hombre, si esta aqui nuestro amigo el periodista, dice Frank, quitandose la gorra de golf y ocupando su sitio en la Mesa del Capitan. Victor me dirige una sonrisa a modo de saludo y se acerca a la barra, a charlar con Erme.
?Ernie! ?Ponme una cerveza helada, haz el favor! Reclama Frank, dando una voz. ?Tu que quieres, Ness? Por cierto, te hacia en Chicago.
He vuelto esta manana y no se por que me dio la ventolera de venir directamente del aeropuerto aqui, con la mala suerte de que me lo encontre cerrado.
Ernie deja dos heinekens perladas de un sudor helado encima de la mesa.
Es que hoy le entregaban la casa a Raul.
Eso me dijo Gal. Menos mal que estaba aqui. A proposito, me he tomado la libertad de dejar la maleta en tu despacho, espero que no te moleste.
El Oakland es tu casa, muchacho, ya lo sabes.
Gracias, Frank. Por cierto, que esta manana me parecio que Gal estaba de un humor muy raro. ?Tu lo llegaste a ver?
Andaba merodeando por el local, pero como ibamos con prisa no le hice mucho caso. Ernie le dejo unas llaves. ?Que es lo que te inquieta?
Empezo a beber muy pronto, a las doce, cosa que no hacia desde hace tiempo. Y tambien me extrana no verle ahora, porque ultimamente era la hora que mas le gustaba para escribir. A no ser que dejara de hacerlo mientras yo estaba en Chicago.
Tienes razon. Es la primera vez que no lo veo a esta hora en mucho tiempo. No se, quiza haya alguna pelea interesante en el Luna Bowl, aunque me extrana. Victor me habria pedido permiso para ir ?Victor!, dice, dando una voz. Hazme un favor, llama desde mi despacho a donde Jimmy Castellano y pregunta si saben algo de Gal.
Fue en el Luna Bowl, el gimnasio que tiene Jimmy Castellano cerca de los muelles, donde Gal descubrio a su
Se apellidaba Baez. Era alto y delgado, tenia veinticinco anos, el pelo ensortijado y los ojos de color verdoso. A pesar de que llevaba tiempo boxeando, conservaba el rostro intacto, a excepcion de una leve cicatriz en el pomulo derecho. Es rapido, tiene buena pegada, su juego de piernas no puede ser mas agil y es buen fajador, me dijo Gal. Tecnicamente, no le falta nada, el problema es que no es competitivo. Carece por completo de malicia. Cuando se lo presento, Frank le entendio a la perfeccion. Tiene alma de artista, fue lo que le dijo, solo que ha nacido pobre y negro. Pero no te apures, que yo me encargo de el. En cuestion de semanas, se habia hecho imprescindible. Les costo mucho, pero al final, entre Gal y Frank Otero lograron quitarle de la cabeza la idea de dedicarse al boxeo profesional. Lo que no hubo manera de impedir es que de vez en cuando siguiera apuntandose a combates de aficionados.
Gal no esta en el Luna Bowl, jefe. Segun el viejo Cletus, hace semanas que no se le ve el pelo por alli.
?No estara en el Astillero? se me ocurre preguntar.
Frank y Victor cruzan una mirada de alarma. Gal solo va por el Astillero en los momentos mas oscuros. La ultima vez que desaparecio lo encontraron inconsciente entre los escombros de un solar.
Esperemos que no, dice Frank.
Voy a darme una vuelta por alli, por si las moscas, digo. Si no doy con el, lo mas seguro es que me vaya directamente a Manhattan, sin pasar por aqui. ?Te importa que deje la maleta en tu despacho hasta manana?
Frank esta tan ensimismado que no oye la pregunta.
Camino del Astillero, pienso en la primera vez que Gal me llevo al Luna Bowl. Recuerdo perfectamente que cuando los pugiles saltaban al ring, se le iluminaba la mirada. Desconcertado, me pregunte que buscaba yendo a un lugar asi. Era evidente que el espectaculo le fascinaba, pero ?por que? ?Que sentido tenia para el contemplar aquel derroche de violencia? Fue justo antes de una pelea de Victor, y cuando sono la campana del primer asalto, deje de existir para el. Lo que mas me sorprendio fue la cantidad de gente que se acerco a saludarle al final del combate. Principiantes, viejos sonados, los empleados, todo el mundo le tenia afecto. Ya en la entrada, nada mas llegar, me habia llamado la atencion que Cletus Wilson, el portero, un negro de casi ochenta anos, se negara a cobrarle la entrada. Cuando se lo conte a Frank me dijo que eso es algo que solo hacia con Gal. Tal vez sean imaginaciones mias, pero creo que hay algo en el que hace sentir a los demas algo asi como que esta a merced de algun peligro indefinible. Es lo que senti la primera vez que lo vi: un
