lance, de modo que tengo un horario muy flexible… (Excusa pesima, subrayada por una risita nerviosa.)
Es usted muy amable, senor… Ackerman, pero la verdad no hace falta que se tome la molestia. Bastante ha hecho con llamarme. Le quedaria muy agradecida si enviara el sobre a Leichliter Associates, a mi nombre. La direccion, si no la sabe, es el 252 E de la calle 61. El distrito postal es el 10028.
?Esta segura que no quiere que se lo lleve…?
Segurisima. De veras, no hace falta. Gracias de nuevo, senor Ackerman. Que tenga usted un buen dia. (Cuelga. Zumbido de la linea telefonica.)
Extranos, intensos estos ultimos diez dias, como un largo tunel entre dos pesadillas, literalmente, una antes de ir a Deauville y la otra despues de la primera noche en Hell's Kitchen. Necesito pensar, recapitular lo que ha ocurrido, casi no he tenido tiempo de asimilarlo. Me sento bien ir a Deauville, como siempre, a pesar del golpe inesperado de la muerte de Sam. Apenas escribi, ni siquiera en el diario; me dedique a pasear, a leer, a pensar, a charlar con Louise. Esta muy bien. Me entiende como nadie y me deja la mayor parte del dia a mi aire. Trabaja sin parar. Esta con el agua al cuello, preparando la exposicion. Al final del dia -siempre deja de trabajar en el momento en que no hay luz natural- le gusta que suba al estudio. Se sirve un whisky -para mi vodka- y me ensena lo que ha hecho, fumando, sin decir gran cosa. Luego, bajamos a la cocina, y durante la cena si que hablamos sin parar. Me pregunto por los cuentos. Le conte lo de Atlantic Monthly, y le di a leer el ultimo que he escrito. Lo acabe el dia antes de ir a Deauville. Se titula
Despues me acerque a pie hasta el rancho de Stewart Foster. Me llevo a los establos, dandome detalles sobre las nuevas adquisiciones y los nacimientos mas recientes. Insistio en que me quedara a almorzar, y naturalmente, Sam estuvo presente en la conversacion. Esa tarde, mientras Louise pintaba, escribi sobre Sam. Pero desde que he vuelto a Hell's Kitchen, su recuerdo se ha vuelto vaporoso. Todo lo tine el encuentro de Port Authority, la carta, la foto. No se por que me afecta tanto esto, es absurdo tratandose de alguien que no conozco, pero lo cierto es que no me puedo quitar a esa mujer, Nadia, de la cabeza.
A la llegada, el sabado, tenia un mensaje de Marc en el contestador, diciendome que me pasara por el Chamberpot, a eso de las ocho. Estaba con su gente, tomando copas y jugando al billar. Me sento bien volver a verlo. Lo de Claudia, no me explico bien como paso. Me pidio que la acompanara hasta su casa y al llegar al portal me pregunto si queria subir a tomar una copa. Le dije que estaba cansado, pero insistio. Me desperte de madrugada, desconcertado, creyendo que todavia estaba en Deauville. Estuve mucho rato desvelado, fumando y hojeando libros, y cuando comprendi que no podria volver a dormir, le deje una nota y me vine aqui.
Marc, por fin te encuentro, te he llamado un par de veces.
Estaba en Long Island, acabo de volver. ?En que lio te has metido ahora? Andate con cuidado, ya viste lo que paso ayer en Midtown.
?Que paso?
?No has visto los periodicos? La banda de los Westties ha ejecutado a un tipo en plena calle. Cuando vi la foto reconoci a la victima. Tu tambien lo conocias. Iba bastante por el McCourt's. Es el tercero que cae esta semana. No se andan con bromas.
No sabia nada. Hace dias que ni me molesto en leer el periodico.
Haces mal. Lo de los Westties es mejor que una novela.
Cambiando de tema, tenemos que hablar.
?De la chica de la foto?
?Como lo sabes?
Porque es lo unico que tienes en la cabeza. Lo demas no te interesa, como acabas de demostrar. Ayer no hablaste de otra cosa en toda la noche.
Hay novedades, por eso te llamo.
?Ah, si? Cuenta, cuenta.
Hace un rato por fin llame al numero del sobre y hable con la tal Zadie. Trabaja para una empresa que se llama Leichliter, no pregunte que tipo de empresa era, pero tiene toda la pinta de ser una inmobiliaria o algo asi. Tengo la direccion. No queda lejos de mi casa, pero por mas que le he insistido, Zadie se niega a que vaya a darle el sobre en persona. Necesito que me eches una mano.
?Yo? ?Y que quieres que haga?
Que vengas conmigo a su oficina. No tengo la menor intencion de mandarle la carta por correo. He pensado que se la entregues tu en mano, haciendote pasar por mi. Yo te esperare en el cafe mas cercano. Tu te ves con ella y a la salida me cuentas como es; de ese modo yo podre seguirla sin que sospeche nada… y dar con su amiga.
Con la chica del autobus.
?Con quien si no? Se llama Nadia.
Ya, ya, no se me ha olvidado. Me lo has dicho como veinte veces. ?Y cuando quieres que vayamos?
Cuanto antes. Hoy ya no puede ser. ?Te puedes escapar manana? Por favor. Es importante para mi.
Ya me habia dado cuenta de eso. Estas de suerte. Puedo ir un poco antes del almuerzo, a eso de las once y media, ?te va bien?
Las cosas resultaron mas o menos como me las habia imaginado. Casi enfrente de Leichliter habia un cafe-bar, el Next Door Lounge. Me sente en la mesa que daba a la ventana y, levemente intranquilo, segui los movimientos de Marc. Habia mucha gente por Midtown a aquella hora. Andando con una solemnidad exagerada, cruzo a la otra acera y me empezo a hacer senales con el sobre en alto. Algunos transeuntes se volvian a mirarlo. Por fin, efectuo una profunda reverencia y, acercandose a un buzon, hizo ademan de ir a echarlo alli. Se llevo la palma derecha a la altura de las cejas, simulando otear el horizonte. Por fin, me volvio a ensenar la carta y pasandose el indice por el cuello, como si se lo estuviera jugando, se dirigio a la puerta de Leichliter Associates. Ahora el que aguzo la vista tratando de ver lo que ocurria al otro lado de la calle fui yo. Desde lejos, pude ver que hablaba con una recepcionista y se quedaba en actitud de espera. Al cabo de unos instantes se acerco a el un botones, y Marc desaparecio en las interioridades de la oficina. Menos de cinco minutos despues regresaba con cara de circunstancias al Next Door Lounge.
?Que tal?
?Quien? ?Zadie? Una preciosidad. Hemos quedado a cenar esta noche. Lastima que no me gusten las chicas.
En serio, Marc.
Pues… la recepcionista me dijo que podia dejarle la carta a ella, pero yo le aclare que tenia instrucciones de entregarle el sobre en mano, asi que llamo al botones, quien me acompano hasta el despacho de la senorita Stewart, en el tercer piso. Es aquel, si no me equivoco.
Senalo hacia una ventana donde se veia el nombre de la firma, formando un arco. Desde abajo, lo unico que se distinguia del interior era el reflejo de unos tubos fluorescentes.
?Y?
Miss Zadie Stewart es una ejecutiva normal y corriente, aunque si me la imagino vestida de otra forma, no carece de atractivo. Es todo, Gal, por mas vueltas que le des, no hay mas. Parecia estar muy ocupada y, a pesar de tus temores, no le molesto en exceso que el senor Ackerman se presentara en persona a entregar la carta, por mas que ello fuera en contra de sus indicaciones expresas.
?Que le dijiste?
