que vendia. Y ni siquiera habia sido idea mia. Fue Marc quien lo envio, haciendose pasar por mi, porque sabe que yo jamas hubiera hecho nada semejante. Lo importante es que, gracias a el, podria hacer frente a los primeros gastos.

Lo mejor, buscar en las paginas amarillas. La unica guia que tengo es de hace tres anos, pero decido que valdra. No todo el mundo va a cambiar de direccion y telefono a la vez. Dejo pasar varias letras hasta llegar a la que busco. Ocupa unas cuantas paginas. Me salto varios oficios y actividades y empiezo a estrechar el cerco: Dentistas, Diamantes, Disenos. Pero no Detectives. Salto al indice alfabetico abreviado, al final de la guia. Alli encuentro: Detectives, Servicio de… Ver:… Y entre varias referencias, por fin: Investigadores.

Es como consultar un diccionario enciclopedico… Hay una lista muy extensa, entre Hoteles y Joyerias. Me detengo en algunos nombres, sin mayor motivo. De repente, al toparse con Meyerson Associates, Inc., pienso en Leichliter, y se me ocurre buscar el nombre, por si fuera una agencia de investigacion. Tendria gracia, pero, por supuesto, alli no figura ningun Leichliter. El nombre mas cercano es Lincoln… Lincoln Controls, Inc. No teniendo criterio para elegir ninguna firma especifica, empiezo a jugar con las posibilidades que se me presentan al azar. Algunos de los hallazgos son de lo mas chusco. Por ejemplo este, en letra grande, marcada en negrita:

PINKERTON CONSULTING & INVESTIGATION SERVICES.

Una firma con prestigio historico y literario. Arrastro el dedo indice para ver bien la direccion: numero 30 de Wall Street. Podria ser, no esta mal ubicada. Y en otra columna, mas discretamente anunciada, leo:

HOLMES DETECTIVE BUREAU, INC. FUNDADA EN 1928.

Hablando de prestigio literario… pero decido seguir buscando. En un recuadro, en la esquina derecha, en el vertice superior de la pagina leo CLARK. El nombre no despierta ninguna asociacion, pero de repente veo algo que me hace decidirme por ellos: el dibujo publicitario. Es una lupa, y en el centro de la lente de aumento, como atrapada in fraganti, la letra C. Pero lo que me hace soltar la carcajada es la sombra que proyecta la lupa. En el centro del circulo hay una mancha que puede sugerir cualquier cosa. La observo atentamente, tratando de decidir que es. Pudiera tratarse de una mosca, pero a lo que mas se asemeja es a una mata de vello pubico. Sigo leyendo: 20 anos de experiencia demostrada. Especialistas en vigilancia. Agentes armados o desarmados. Discrecion y profesionalidad. Tarifas razonables. Viene un numero de telefono, pero ninguna direccion. Vuelvo a la busqueda alfabetica y doy con ella en la columna correspondiente. El dibujo me hace tanta gracia que lo arranco y lo guardo entre las paginas del diario, despues de anotar todos los datos que necesito:

Clark Investigation & Security Services, Ltd.

34-10,56 Woodride, Manhattan (212) 5148741

Ver nuestro anuncio en pagina contigua.

26 de octubre

Era una oficina destartalada, que me hizo pensar en el despacho de un abogado de inmigracion, o el consultorio de un dentista de barrio. Habia varios clientes en la sala de espera. Dos mujeres que parecian madre e hija, y un blanco de unos cuarenta y cinco anos de edad, trajeado, con pajarita de lunares, y que llevaba consigo un estuche de violin. En el revistero habia varios ejemplares atrasados de National Geographic y Sports Illustrated. La recepcionista me hizo rellenar un cuestionario de cuatro paginas. Algunas preguntas eran tan peregrinas que me hicieron reirme, pero lo cumplimente docilmente y se lo entregue a la chica del mostrador.

Son cincuenta dolares por la consulta, me indico. ?Necesita un detective armado?

Me rei.

No creo que sea necesario.

El detective Bob Carberry le atendera en seguida. Tome asiento, por favor.

Eche un vistazo a la sala. El tipo del violin habia desaparecido; la madre y la hija (suponiendo que lo fueran) se disponian en ese momento a entrar en un despacho. Unos diez minutos despues vi salir a una mujer rubia de una oficina. La recepcionista la acompano a la puerta y acercandose a mi, me pidio que la siguiera hasta la oficina de la que habia salido la mujer. Me cedio el paso, entro inmediatamente despues de mi y le entrego al detective el formulario que me habian hecho rellenar.

Senor Ackerman, el agente especial Robert Carberry se encargara de atenderlo, dijo y salio del despacho, cerrando la puerta sin hacer ruido.

El tal Carberry se levanto, me dio la mano y me pidio que tomara asiento.

Con una atencion exagerada, moviendo los labios de un modo que tenia algo de grotesco, Carberry empezo a leer en voz baja las respuestas que habia escrito en el formulario. Mientras lo hacia, iba subrayando los renglones con el indice, profiriendo unos sonidos perfectamente ininteligibles, como si estuviera canturreando, aunque tal vez fuera una manera de hablar consigo mismo. Hasta que comprendi que se trataba de una tecnica que le ayudaba a pensar. De vez en cuando interrumpia la lectura, se quedaba abstraido unos instantes y a continuacion me estudiaba con la mirada. Lo observe a mi vez con atencion, mientras leia el cuestionario. Teniendo en cuenta la profesion que habia elegido, el aspecto fisico del agente Bob Carberry no era de lo mas discreto. Tenia cara de sapo, y su figura al completo me sugeria a un personaje de comics que no lograba identificar. Gordo, de un metro setenta y cinco de estatura, de piel blanquisima, salpicada de pecas. Tenia una enorme papada y los mofletes hinchados, y el pelo cortado al cepillo, casi a ras de craneo. Llevaba camisa blanca, de manga corta, y una corbata de flores, con el nudo corrido hacia un lado. Era obvio que le oprimia el cuello. Rondaria los treinta y ocho anos y su peso el centenar de kilos. Tras los vidrios de las gafas se adivinaba un par de ojillos porcinos, de color azulado. Por si fuera poco, el agente especial Carberry era estrabico. Se levanto para servirse un cucurucho de agua de un botellon que habia en una esquina, junto a la ventana. Pese a su corpulencia, se movia con notable agilidad.

Tardo casi diez minutos en terminar de leer el cuestionario. Cuando lo hizo, se apoyo de codos en el escritorio y dijo: ?Que le parece si entramos en materia, senor Ackerman?

Tenia la voz pastosa, y apenas vocalizaba. Saque una cajetilla de tabaco y le ofreci un cigarrillo, pero declino, extrayendo a su vez del bolsillo de la camisa una boquilla de plastico, visiblemente mordisqueada, que en seguida se llevo a la boca.

Gracias. Estoy intentando dejar de fumar.

Le expuse mi caso. Los dedos gordezuelos de Carberry se adherian como ventosas a una libreta pequena en la que tomaba notas a gran velocidad. Le pregunte si queria que le hablara mas despacio.

En todo caso mas deprisa, senor Ackerman, contesto. Asi salimos los dos ganando. Tiempo y dinero.

Cuando termine de hablar, dejo la libreta en la mesa y dijo.

Asi que escritor. ?Y que es lo que escribe, Ackerman?

Un poco de todo.

El modo en que me miro me permitio ver su juego. Se sentia mas comodo haciendose pasar por idiota. Al cabo de un instante volvio a ser el mismo de antes.

Nadia Orlov, dijo, paladeando las silabas. Mordio la boquilla mentolada con fuerza. Es un caso facil, casi ridiculo. No es que quiera boicotear a la empresa para la que trabajo, a fin de cuentas vivo de esto, pero ?esta seguro de que se quiere gastar el dinero en una cosa asi? En fin, si esta aqui, supongo que si. Yo lo digo porque tengo entendido que los escritores son unos muertos de hambre, dicho sea sin animo de ofender, pero en fin, a veces las apariencias enganan. Vamos a ver. Digamos que le puedo dar un informe definitivo el mismo lunes por la manana. Me gustaria observarla tambien durante el fin de semana, asi le sacara un poco mas de partido a su dinero.

?A cuanto ascienden sus honorarios?

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