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Pense con alivio en el cheque de Atlantic Monthly.

Seis . EL ARCHIVO DE BEN

Genio y figura, siguio diciendo Ben. Se quedo un rato pensando y anadio: Vamos al Archivo. Asi es como se le llamaba en casa a su despacho. Era una habitacion secreta, que siempre estaba cerrada con llave, un lugar magico, sagrado, un santuario cuyo acceso me estaba vedado unicamente en razon de mi edad. Por un momento, pense que no habia oido bien. Alli era donde mi padre guardaba sus papeles, alli estaba el tesoro de sus libros. Dentro se acumulaban los ficheros, atestados de cartas, fotos y toda clase de documentos. Y alli tambien se reunia el en secreto con sus amigos. A lo largo de los anos, yo habia vislumbrado en muchas ocasiones el interior del Archivo; incluso habia estado alguna vez dentro, pero siempre por poco tiempo, y nunca solo. Aquello era diferente; por primera vez se abria el Archivo expresamente para mi. Recuerdo la emocion que senti cuando mi padre empujo la puerta y se hizo a un lado para dejarme pasar. La habitacion estaba a oscuras y olia a cerrado. Ben encendio una bombilla que colgaba de una viga. Las paredes no se podian ver porque estaban cubiertas de estanterias que lo ocupaban todo, desde el zocalo hasta las molduras del techo. Los anaqueles estaban abarrotados de libros y papeles. Habia una sola ventana, que daba al jardin. Ben corrio la cortina, subio la persiana y abrio las hojas acristaladas de par en par. El aire y la luz del sol entraron de golpe en el espacio clausurado del Archivo, cegandome por un momento. Cuando volvi a abrir los ojos, miles de puntitos dorados brillaban suspendidos en las nubes de polvo. Ben se sento en el alfeizar de la ventana y, envuelto en la luz del crepusculo, me dijo, repitiendo lo que me habia dicho unos minutos antes en mi cuarto, cuando me cambie de zapatos:

Eso quiere decir que te considera un adulto, solo que cuando me toco la vez a mi, fue un episodio mucho mas violento. Sacco y Vanzetti todavia estaban vivos. Tu abuelo llego a casa bastante agitado y me anuncio: Nos vamos a Manhattan, hijo mio, preparate. ?A Manhattan, para que? quise saber. A una manifestacion. Date prisa, no tenemos mucho tiempo. Te lo explicare por el camino. Ponte ropa ligera, habra que correr.

A su manera, se tomo la molestia de intentar explicarme que sucedia. Tambien en ese sentido se puede decir que tuve mas suerte que tu. Tu abuelo nunca dice nada, espera a que todo el mundo saque sus propias conclusiones. Pero ese dia hablo algo mas de lo usual en el. Sucintamente, me explico quienes eran Sacco y Vanzetti, la causa que se habia instruido contra ellos, los complicados vericuetos del proceso judicial y, por ultimo, su sentencia de muerte, que se habia dictado dias atras. Una oleada de indignacion recorre el mundo, me dijo. Se han convocado manifestaciones en un sinfin de ciudades, en un intento por impedir que se lleve a cabo una ejecucion tan injusta. Yo voy a ir y quiero que vengas conmigo, al fin y al cabo eres casi un hombre.

Salimos del metro en Rector Street. Muchas de las callejuelas que desembocan en Broadway estaban tomadas por patrullas de policias, tanto a pie como a caballo. La muchedumbre de manifestantes se habia congregado sobre todo en los jardines de Bowling Green, cerca de Wall Street. Hacia un dia nublado, y se respiraba una gran tension en el ambiente. Sorteamos los grupos uniformados y nos sumamos a la multitud, expectantes. Era dificil moverse en medio de tanta gente. Tu abuelo me dijo que me agarrara bien a su chaqueta y no me soltara de el en ningun momento.

De repente, no se como, la muchedumbre empezo a avanzar en direccion a Broadway como un solo hombre. Primero se escucharon unos gritos aislados y al cabo de unos segundos tu abuelo y yo nos vimos sumergidos en un ensordecedor rugido colectivo. El corazon me latia con muchisima fuerza y el pulso de la sangre me retumbaba en las sienes. Los policias montados azuzaron a sus animales. Al principio, no nos embistieron directamente, sino que pasaban velozmente a nuestro lado, sin llegar a tocarnos, como si solo quisieran que nos dispersaramos. A partir de ahi, se apodero de mi tal sentimiento de terror que solo recuerdo escenas sueltas. Hubo un momento en que vi volar verdaderas nubes de piedras, lanzadas por los manifestantes. En seguida cundio el panico tambien entre los caballos, y a la voz de un oficial, la policia por fin cargo resueltamente contra la multitud, que echo a correr en todas direcciones. Se oian gritos, golpes sordos, chocar de herraduras contra los adoquines, gente que caia derribada al suelo. Vi escaparates hechos anicos, vehiculos volcados. En algun lugar saltaron llamas que espantaban a los caballos, haciendoles correr despavoridos, apenas controlados por sus jinetes. Vi gente con el rostro ensangrentado, mujeres que golpeaban a los policias caidos. No entiendo como no nos ocurrio nada. Al cabo de no se cuanto tiempo, corriamos por entre las tumbas del pequeno cementerio que rodea a la iglesia de Saint Paul. Tu abuelo me levanto en vilo y me lanzo por encima de un seto como si fuera un fardo. Salto inmediatamente tras de mi y seguimos corriendo juntos, mezclados entre la gente que huia. Hasta que no llegamos a los confines de Chinatown, pasado Little Italy, no desaparecio del todo el rastro de la violencia callejera.

La manifestacion no sirvio de nada, por supuesto. Ni aquella ni todas las que hubo en otras ciudades de Estados Unidos y el resto del mundo. Jamas se me olvidara la fecha de la ejecucion. Hasta el ultimo momento mantuvimos la esperanza de que las protestas lograrian impedirla, pero cuando llego el dia fijado, el 17 de mayo de 1927, los dos anarquistas fueron ejecutados pese a la falta de pruebas concluyentes. Unos dias antes, el abuelo David habia publicado un articulo incendiario en el Brooklyn Eagle. Muchas veces le he oido decir que es lo mejor que ha escrito. Puede ser, lo cierto es que el articulo tuvo mucho eco, y se citaron algunos parrafos en otros periodicos, incluido el New York Times. A la redaccion del Eagle llegaron numerosas cartas de adhesion que contribuyeron a caldear aun mas el ambiente de repulsa a la decision judicial. Cuando a pesar de los comunicados de protesta que llegaban de todos los rincones del planeta, pidiendo que se revisara la causa, tuvo lugar la ejecucion, se desencadeno una serie imparable de acciones violentas. En Nueva York hubo varios atentados. Como consecuencia del articulo, que estaba plagado de invectivas contra el sistema judicial de nuestro pais, la policia se presento en casa con una orden de arresto contra David Ackerman, acusandolo de incitacion a la violencia. Lo sometieron a todo tipo de interrogatorios, sin ahorrar ninguna forma de coercion, pero al cabo de setenta y dos horas, cuando se cumplio el plazo del habeas corpus, viendo que no podian sacarle nada y ante la carencia total de pruebas, lo soltaron. Siguio siendo anarquista hasta el final de sus dias, pero fiel al sentimiento de repugnancia que inspiraba en el toda forma de proselitismo, jamas trato de inculcar a nadie sus ideas.

Quiza esa fuera la razon, continue, por la que Ben no heredo la ideologia de su padre. Era un intelectual bienintencionado, de izquierdas, eso si, pero sin filiacion politica concreta. Se le podria caracterizar como filocomunista o, mas bien, como una especie de adepto rezagado del socialismo utopico. En cuanto a mi, a pesar de los antecedentes familiares, la politica nunca me ha interesado gran cosa.

Lewis asintio.

Tampoco a mis hijos. Cada generacion responde al mundo conforme a codigos imprevisibles.

La conexion entre la manifestacion que tuvo lugar en Manhattan Sur y el mitin de Boerum Hill es importante: cada uno de esos hechos representa el momento en que David Ackerman considero que su hijo y su nieto habian alcanzado respectivamente la mayoria de edad. El mitin al que asisti con mi abuelo era un homenaje a los dos anarquistas que habian sido asesinados legalmente veinticinco anos antes.

Pensandolo despues, comprendi que el acto publico al que me hizo asistir en Boerum Hill tuvo dos consecuencias simbolicas: en primer lugar, David me daba la bienvenida al mundo de los adultos, cosa en la que se adelanto a mi propio padre; en segundo lugar, y para mi eso fue mas importante, como consecuencia de aquel gesto, se me franqueo la entrada al Archivo. Fue un acontecimiento decisivo: cambiaba un territorio magico por otro; dejaba el paraiso de la infancia, que nunca habia abandonado del todo, para acceder al de los libros, del que ya no habria de salir.

Ben me dio permiso para entrar mas o menos libremente al Archivo unos dos anos despues, en 1954. Por aquel entonces, tambien yo empezaba a amontonar mis propios papeles, a datarlo y a documentarlo todo, con la diferencia de que, en tanto que el no escribia nada propio, yo sentia necesidad de dejar constancia por escrito de cuanto me pasaba. Por otra parte empece a entender el lado mas profundo de mi padre.

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