alcanzando particular exito como afinador de organos de iglesia, destreza que habia adquirido siendo adolescente, cuando tocaba el organo de su parroquia. Aprendio castellano y catalan. En fin, que era un tipo infatigable, una fuerza desatada de la naturaleza. Le bastaba con dormir tres o cuatro horas al dia, y durante el tiempo restante desplegaba una actividad portentosa. Los espanoles le pusieron de mote el Fantastico. Cuando estallo la guerra civil, Bates se encontraba acampado en los Pirineos, y lo primero que hizo nada mas enterarse fue organizar partidas de montaneros. Durante la contienda alcanzo el rango de comisario, equivalente al de coronel, y desempeno un papel muy activo ayudando a organizar las Brigadas Internacionales. Como bien dijiste tu, el gobierno de la Republica lo envio a los Estados Unidos con el encargo de que efectuara una gira, denunciando lo que estaba pasando en Espana y buscando promover la solidaridad con el gobierno de la Republica. Ademas de cumplir el encargo con el celo y la eficacia que le caracterizaban, tuvo tiempo de enamorarse y de casarse. Conocio a quien seria su esposa, Eve Salzman, en un hotel de Nueva York, despues de un mitin, quien sabe si pudo ser el mismo al que acudiste tu con Ben. Y eso es, en apretadisimo resumen, algo de lo que viene a contar en
Habia dejado de nevar y estaba empezado a oscurecer. Los salones del Lion D'Or seguian abarrotados, aunque algunos grupos de contertulios eran diferentes de los que habia cuando llegamos nosotros.
Antes de cambiar de historia, cambiemos tambien de escenario, dijo Lewis. Te propongo continuar la conversacion en un lugar un tanto curioso, ya veras por que.
Seguramente no sabras quien es Chicote.
No.
Pues no te pierdes nada. Un personajillo de poca monta, afecto al regimen. No hay tiempo para hilvanar todas las historias que nos salen al paso. Baste decir que, diferencias ideologicas aparte, casi todo el mundo esta de acuerdo en que en su bar se sirven los mejores cocteles de Madrid. Queda en la Gran Via, a dos pasos del Hotel Florida, adonde quisiera que fueramos despues. Claro que si no te parece bien, vamos a otro sitio.
La verdad, me da un poco igual.
En ese caso, si aceptas la sugerencia, lo que pega es echarse al coleto un carajillo. No se como no se me ha ocurrido antes. ?Sabes lo que es?
La calle estaba practicamente desierta. Cruzabamos la glorieta de Cibeles desde el lado opuesto a cuando acudi al encuentro con Abe Lewis, solo que ahora se cernia sobre nosotros la oscuridad. No nevaba, el aire estaba limpio y soplaba un viento que cortaba la piel. Justo en el momento en que atravesamos Recoletos se encendieron las luces que iluminaban las fachadas de los edificios que rodeaban la plaza. Pense que aquella misma manana, cuando pase por alli en taxi, habia presenciado el ritual contrario, cuando se apagaron los faroles de la calle. Mi paso por el corazon de Madrid marcaba, pues, con toda exactitud, los limites de un ciclo, el tiempo que habia durado la luz diurna. Iluminada artificialmente, la ciudad me parecio si cabe mas hermosa, aunque de otro modo. La ancha avenida por la que ibamos subiendo se bifurcaba en dos arterias que partian de la base de un edificio rematado por la figura de un dios alado, dos rios de luz que se perdian en la distancia. Por el cielo viajaban velozmente rachas de nubes. A lo lejos, reverberaba espasmodicamente el fulgor de algun relampago rezagado. Caminabamos despacio, sin apenas cruzar palabra, dejandonos empapar por el misterio que impregnaba el aire de la ciudad.
En Chicote, el camarero trajo dos vasos humeantes en una bandeja y los deposito encima de la mesa, no sin advertirnos que no tocaramos el cristal.
A no ser que por algun motivo les apetezca quemarse, anadio.
Busque en su mirada un atisbo de burla, sin encontrarlo. El camarero dejo junto a los vasos una segunda bandejita, de alpaca, con la cuenta.
Ben se embarco con uno de los primeros contingentes de brigadistas que zarparon de Nueva York en el treinta y siete, segui diciendo. De Albacete lo enviaron al frente de Guadalajara y resulto herido en una de las primeras confrontaciones. Recibio tratamiento en un hospital madrileno, donde se hizo amigo de un medico americano, un tal Bernard Maxwell. Durante el periodo de convalecencia conocio a una compatriota que estaba pasando unos dias en Madrid, Lucia Hollander. Lucia sabia catalan, ademas de castellano, motivo por el que la destinaron a Barcelona, donde trabajaba para los servicios de inteligencia de las Brigadas. Conocio a mi padre en una fiesta que dio en su casa un tal Mirko Stauer, un aristocrata montenegrino que militaba en el partido. Ben y Lucia se enamoraron nada mas conocerse y contrajeron matrimonio en plena guerra.
De la misma manera que la palabra padre solo puedo asociarla con la figura de Ben Ackerman, para mi no ha existido mas figura materna que la de Lucia Hollander. Y sin embargo, desde que mi padre me hablo por primera vez de Teresa Quintana y me enseno su foto, cuando yo tenia 14 anos, no ha habido un solo dia que no haya pensado en ella. Al principio, cuando mi imaginacion regresaba constantemente a la miliciana de la foto, sentia el martilleo de mil preguntas en la cabeza: ?Que caracter tendria? ?Como seria su voz? ?Quedaria con vida alguien de su familia? ?Como habria sido su existencia en aquel pueblo de Valladolid, del que Ben ni siquiera recordaba el nombre? ?Y como seria el chico que aparecia a su lado? Por las noches, antes de dormirme, repetia su nombre en voz alta una y otra vez, como si asi pudiera conjurar su aparicion, o provocar algun recuerdo. Tan imposible era una cosa como otra. De algun modo, mi angustia lograba abrirse paso hasta Lucia, que aparecia en mi habitacion y se sentaba al borde de la cama, tratando de consolarme. Pero era Ben el que la habia tratado en vida, y era a el a quien le insistia, cuando estabamos a solas en su estudio, en que me volviera a contar la historia de como se habian conocido. Mil veces le pedi que me la repitiera, y el siempre accedia, aunque no hubiera mucho que anadir a lo que me dijo la primera vez. A la hora de hacer balance, Abe, es poco lo que se de ella y se resume en pocas palabras.
Ben y Teresa se conocieron en Madrid. Lucia, como te he dicho, estaba en Barcelona; todavia no se habian casado, y la comunicacion entre ellos se reducia a las llamadas telefonicas que de cuando en cuando le resultaba posible hacer a ella desde el trabajo, con un poco de suerte una vez a la semana. A pesar de la guerra, en Madrid la vida cotidiana discurria con enorme vitalidad. Siempre le he oido decir a Ben que Madrid es la ciudad mas divertida del mundo. Se alojaba en una pension cerca de Cuatro Caminos. Una manana que estaba tomando cafe en el Aurora Roja vio entrar a una chica que le llamo la atencion por su palidez y por la mezcla de tristeza y determinacion que le parecio detectar en su mirada. La chica se sento unas mesas mas alla de donde estaba el y pidio un tazon de leche y unas magdalenas. Ben es asi: unas veces no se da cuenta de lo obvio, y otras se fija en los detalles mas nimios. Eso fue todo. Al cabo de un rato, la chica se fue, pero por algun motivo, su imagen se le quedo grabada. Eso es algo que nos pasa a todos alguna vez y, cuando ocurre, siempre tendemos a pensar, sobre todo cuando se trata de alguien que nos atrae de una manera especial, no necesariamente sexual, que jamas volveremos a ver a esa persona. Algo asi debio de pensar Ben, por eso se quedo de una pieza cuando ese mismo dia, unas horas mas tarde, la volvio a ver en la sede del cuartel general de las Brigadas Internacionales. La chica estaba hablando con alguien que tenia un fuerte acento britanico. Se la veia muy nerviosa y el brigadista trataba de calmarla. Los ojos negros de la chica se posaron un momento en Ben, sin llegar a verlo. Aunque estaba algo alejado, capto en parte su conversacion. El ingles le decia a la miliciana que la unidad donde militaba su companero habia caido en su totalidad en la ermita de Santa Quiteria, y que no se tenia noticia de que hubiera supervivientes. De eso sabes tu mas que yo.
Ben vio que la muchacha se alejaba del ingles, aturdida, y salia sola a la calle. Sintio el impulso de ir detras de ella, pero no se atrevio a hacerlo. Esta vez tenia la sensacion contraria a la que habia experimentado en el cafe: estaba seguro de que volveria a verla.
Lo que habia entendido de la conversacion le habia dejado intrigado y cuando unas noches despues Lucia lo llamo por telefono a la pension, Ben le hablo de la miliciana de los ojos negros. Le pregunto si habia oido hablar del Escuadron de la Muerte, y Lucia le dijo que era una unidad de anarquistas italianos. Le prometio que haria averiguaciones entre sus companeros del Servicio de Inteligencia, y que le contaria el resultado de sus pesquisas la siguiente vez que tuviera ocasion de llamarlo por telefono. Cuando lo hizo le confirmo todo lo que el habia oido de refilon: que la expedicion habia sido una catastrofe, que los componentes del escuadron habian caido como moscas, exterminados en una ermita de las montanas de Huesca, que no se tenia constancia de que hubiera supervivientes.
La premonicion de Ben resulto cierta. Dias despues, volvio a ver a la chica en el Aurora Roja. En esta ocasion, nada mas entrar, Ben se dio cuenta de que estaba embarazada. Su estado era tan evidente que no entendio como no se habia percatado las otras veces. Teresa pidio un cafe con leche y se sento.
