sucumbido y se desconocia si habia habido prisioneros o fugitivos, aunque se sospechaba de las dos cosas. Como operacion militar habia sido una accion tan desastrosa que se habia abierto una investigacion a fin de exigir responsabilidades. No obstante sus esfuerzos, a Lucia le habia resultado imposible recabar ninguna noticia fidedigna respecto a Umberto Pietri.

Entonces Ben le pregunto de donde habia sacado un nombre asi.

A ti lo mismo te parece una bobada, pero para mi es importante, replico Teresa, y se rio. Un segundo despues se puso muy seria y le refirio la historia de mi nombre.

Poco despues de mi llegada a Madrid, acudi al sepelio de un brigadista de alta graduacion. Presidia la ceremonia el jefe de su unidad, el general polaco Josef Galicz, alias Gal. Seria un gran guerrero, pero aquel dia, en el entierro de su camarada, le vi llorar.

Alguien habia depositado un ramo de claveles rojos en la tumba. El general Galicz estuvo mucho rato en silencio, pensativo, de espaldas a los asistentes. Por fin, se agacho a tocar la tierra, cogio uno de los claveles y se dio la vuelta. Yo me encontraba justo detras de el. Nuestras miradas se cruzaron un instante. Fue entonces cuando comprendi por que habia tardado tanto en volverse: habia estado llorando. Todavia tenia lagrimas en los ojos, pero no se molesto en enjugarlas. Sostuvo mi mirada unos instantes y, dandome el clavel que llevaba en la mano, echo a andar, con la frente alta. Me fije que en la guerrera llevaba una tira de tela con el nombre GAL cosido en hilo negro.

A Ben le vinieron a la cabeza las historias que se contaban acerca de la crueldad del general polaco. Tardo un poco en decidirse a preguntar:

?Pero tu sabes como es el en realidad?

Teresa dijo que no y Ben le conto que el general Galicz tenia fama de sanguinario.

Aunque puede que no sean mas que habladurias. Ya sabes como son estas cosas.

Ni lo se ni me interesa. No lo habia visto nunca antes ni lo he vuelto a ver despues. Con lo que vi aquel dia me llega y me sobra.

Cuando rompio aguas estaba embarazada de ocho meses. La llevaron al Hospital de Maudes, en Cuatro Caminos. El parto fue largo y complicado. Ben estaba dormido en un sofa de la sala de espera cuando lo desperto una comadrona con cara de circunstancias. A su lado estaba el medico que la habia atendido. Por la manera en que se dirigio a el, Ben se dio cuenta de que lo tomaba por el esposo de Teresa.

Algunas veces, le dijo el medico, se da la opcion de elegir entre la vida de la madre y la del recien nacido, pero en este caso no ha sido asi.

Nervioso, Ben le pidio que le explicara con toda exactitud la situacion.

Es nino y esta bien, pero la madre ha muerto, dijo el medico, sin andarse con rodeos. Creame que lo siento.

En aquellos dias de mortandad constante, la perdida de una vida no era una cuestion que revistiera excesiva importancia. Ben se hizo una rapida composicion de lugar. Sabia que nadie acudiria a reclamar el cuerpo. Teresa se habia escapado por su cuenta para unirse a las milicias, y cuando Ben le preguntaba por sus familiares, siempre se mostraba evasiva. Se le paso por la cabeza la idea de ponerse en contacto con su mejor amigo, Alberto Fermi, el italiano del Aurora Roja, a quien habian trasladado a la Brigada de Longo, y de hecho le envio una carta que jamas supo si le llego, pero ?que podia esperar de el? La suerte del recien nacido estaba en sus manos. No necesitaba consultar nada con Lucia; lo que hizo es lo que ella habria esperado de el. Dadas las circunstancias, solo habia una manera de actuar. Declaro que Teresa era su companera y que el nino a quien habia dado a luz era hijo suyo.

Le hicieron pasar a un despacho donde habia un funcionario de la UGT. Ben le entrego sus papeles y los de Teresa. Cuando le dijo que no estaban casados, el tipo lo miro con aire de complicidad y dijo, sonriendo torvamente:

No habiendo vinculo matrimonial, no estas obligado a reconocer al nino, companero. Tu veras.

No vengo a declarar solo un nacimiento. La madre ha muerto contesto. ?Que quiere que haga, que deje al nino aqui y me largue?

El tipo se echo hacia atras y se atuso el bigote.

Tienes acento extranjero. ?De donde eres, eres ingles?

De la puta madre que te pario, le dijo Ben, ?te parece suficientemente bueno mi espanol?

El funcionario le pidio perdon, le hizo firmar en varios libros de registro y le dio sendas copias de los certificados de defuncion y nacimiento. Los restos de Teresa Quintana fueron trasladados al cementerio de Fuencarral, al dia siguiente. En la pension estaba su maleta. Ben examino su contenido y se quedo con apenas un par de recuerdos, muy poca cosa.

Para Benjamin Ackerman la verdad era una religion, y en todo momento tuvo claro que no tenia derecho a ocultarsela al hijo de Teresa Quintana. Lo que nunca me dijo es que motivo le llevo a tomar la decision de contarme la historia de mis origenes precisamente el dia que cumplia catorce anos. Estabamos en el Archivo, y nos acompanaba Lucia. Como puedes suponer, yo no estaba preparado para lo que me esperaba. Quiza no haya manera de preparar a nadie para oir una revelacion asi. No recuerdo que palabras empleo, tan solo el efecto que causaron en mi.

Sufri una conmocion indescriptible. El mundo se tambaleo y se hizo incomprensible. Senti como si alguien hubiera cortado las amarras que me mantenian atado a la realidad, y que empezaba a flotar en el espacio. Mi vinculo con ellos cobro un significado aun mayor cuando averigue la razon por la que no habian tenido otros hijos: Lucia era esteril.

Se lo dijo a mi padre cuando este le propuso matrimonio, y aunque a Ben le encantaban los ninos, no quiso renunciar a ella. Naturalmente, los limites de mi vida trascendian lo que ocurria en la casa. Mi mundo era Brooklyn y sus calles. Alguna vez, al rellenar los papeles del colegio, consignaba con extraneza el dato de que habia nacido en Espana. Bueno, aquello no era tan raro, a fin de cuentas. En clase habia companeros de todas partes, de estados muy lejanos, incluso de otros paises, hijos de inmigrantes italianos, irlandeses, polacos. No creas, Abe, en realidad no me puedo quejar de nada, seria injusto. Ben y Lucia me dieron todo el afecto del que eran capaces; se esmeraron en que tuviera una educacion digna. Cuando termine la escuela secundaria, me matricule en el Brooklyn College. Al menos en el recuerdo, fueron unos anos felices. Y al contarte esto, vaya uno a saber por que, se abre paso en mi memoria la figura de mi abuelo. No estaba en el Archivo aquella tarde, ni lo que te estoy contando en este momento tiene nada que ver con el. Pero por alguna razon que se me escapa, relaciono, no ahora, sino desde siempre, aquella tarde en el Archivo con algo que ocurrio mucho despues, cuando termine la universidad. Quiza la relacion estribe en que entonces comprendi que tenia que enfrentarme solo al mundo. La verdad es que no tenia ni la mas remota idea de lo que queria hacer con mi vida, pero el dia de la ceremonia de graduacion, cuando mi abuelo me pregunto si sabia que queria hacer el resto de mi vida, le conteste resueltamente que queria ser escritor. No se que demonios me impulso a darle aquella respuesta. Lo hice sin pensarlo, pero cuando aquella misma noche lo medite a fondo, me di cuenta de que le habia dicho la verdad.

Volviendo al hilo de mi historia. No se adonde me llevaron mis sentimientos. En algun momento volvi a ser consciente de la voz de Ben, pero la oia como si me llegara desde muy lejos. Y de pronto entendi lo que estaba tratando de decirme: queria mostrarme una foto de mis padres. La habia guardado durante todos aquellos anos y por fin habia llegado el dia de ensenarmela. Dude antes de decirle que me daba miedo verla. No queria que se abriera ante mi aquel abismo, pero Ben insistio en que tenia que hacerlo. Son tus padres, dijo. Lucia me cogio con fuerza de la mano. La verdad existe, independientemente de que tu quieras aceptarla o no. De nada sirve negarse a reconocerla. Por fin acepte, entre asustado y curioso. Tenia ganas de llorar, pero no podia. Al cabo de una eternidad me decidi a alargar la mano.

En la foto se ve a una pareja. Los dos son muy jovenes. Ella tiene diecinueve anos, le oigo decir a Ben. El algo mas, tal vez veinte, veintiuno como mucho. Contemplo la imagen desde una distancia infinita. Me parecen los dos muy atractivos y llenos de vida. El esta vestido de miliciano, muy sonriente, y ella lo tiene cogido del brazo. Es un chico muy delgado, moreno, de rostro afilado y nariz recta, bastante apuesto. Tal vez sea mi imaginacion, pero se les ve muy enamorados, sobre todo a ella. Esta visiblemente embarazada. De

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