pronto. Le dije que no tenia el menor inconveniente, que en cuanto Jansson viniera por el bar le daria la carta. Me la entrego, me dio las gracias efusivamente y se largo. Y yo tambien os tengo que dejar, dijo Frank bruscamente, como si estuviera buscando una excusa para quitarse de en medio. Mi hijo Raul me reclama.
Tardaste mucho en volver a tomar la palabra. Necesitabas tiempo para volver a adquirir el grado de intimidad que habiamos alcanzado al principio de la conversacion, antes de que llegara Frank. Cuando te sentiste preparado, te volviste a llevar el vaso a los labios.
Que esperaba Claussen de la carta, nunca se sabra. No me hablo de eso. Lo unico que consiguio fue una humillacion adicional. Visto desde fuera, puede parecer que Jansson actuo con crueldad, pero la verdad es que si me pongo en su lugar, le entiendo.
Cogiendo la goma negra con los dedos, volviste a asegurar la libreta.
Cumpliendo su palabra, cuando se presento la ocasion, Frank le dijo a Jansson que Niels Claussen habia dejado una carta para el. El capitan del
Al llegar a este punto de la historia, empezaste a beber mas despacio. Te dabas cuenta de que habias alcanzado un estado de conciencia insostenible. En vez de vaciar el vaso de un trago, dabas sorbos cortos con los que parecias ir apuntalando las frases.
Jansson llevaba tres noches en Brooklyn cuando Niels aparecio en el Oakland. No deberia haberlo hecho. La actitud de Jansson no dejaba lugar a dudas. Pero la estupidez del ser humano es ilimitada, y Claussen hizo lo peor que pudo hacer. Se presento en el Oakland de uniforme. Fue una escena surrealista, que a Frank jamas se le podra borrar de la memoria. Era de noche y habia mucha gente. El bar de Frank es un mundo cerrado. Todos sabian quien era el albino y estaban perfectamente al tanto de lo sucedido, por eso cuando lo vieron aparecer vestido de uniforme se hizo un silencio sobrecogedor en el local. Niels busco a su antiguo capitan con la mirada y se dirigio hacia su mesa y cuando estuvo a unos pasos de el se detuvo, sin saber que hacer. Jansson endurecio el gesto, se puso en pie y le pidio a Otero que fuera a buscar la carta. Cuando la tuvo en la mano, se acerco a su antiguo subordinado e hizo ademan de devolverle el sobre. En lugar de cogerlo, Claussen se cuadro militarmente.
Frank recuerda lo que ocurrio a continuacion como si lo hubiera sonado. A Jansson le temblaba la mano derecha y, al cabo de un momento interminable, dejo caer la carta al suelo. Sabe dios que le pasaria por la cabeza. Lo mas probable es que se sintiera afrentado por el hecho de que Claussen hubiera tenido la osadia de presentarse ante el vistiendo el uniforme que habia desechado. La mano le temblaba cada vez mas. Por un momento, Frank penso que se disponia a devolverle el saludo, pero, en lugar de ello, Jansson cogio impulso y le propino una bofetada que resono en medio del silencio como un latigazo. Niels trastabillo y, recuperando la posicion inicial, mantuvo el saludo. Resultaba patetico verlo alli, rodeado de gente que era incapaz de apartar la vista de el. Parecia una marioneta abandonada por la persona que maneja los hilos. Tenia el rostro tenso. En la comisura de los labios aparecio una gota de sangre. Jansson le dio la espalda y siguio hablando con Frank como si no hubiera ocurrido nada. Niels siguio inmovil un buen rato, tratando de contener las lagrimas, hasta que, incapaz de soportar mas la humillacion, dejo caer el brazo y en medio de un silencio intolerable, se agacho a recoger la carta, giro sobre sus talones y se largo por donde habia venido. A una senal de Frank, Ernie Johnson se apresuro a poner musica. El fragor de la Wurlitzer fue como una tormenta cuyos truenos ocultaban el recuerdo de lo que habia sucedido.
Recorrias el borde del vaso con la yema del dedo, lentamente, retrasando el momento de beber, como si supieras que te encontrabas en un punto equidistante entre la lucidez y la borrachera. El nivel de vodka parecia marcar la frontera entre los dos estados.
?Alguna vez le llego a explicar Jansson a Frank sus motivos?
No hubo ocasion. Se quito de en medio. Desaparecio. Pidio que lo relevaran de la ruta del Atlantico Norte, y jamas se volvieron a ver. En anos sucesivos se tuvo alguna noticia suya a traves de los marineros daneses, que jamas dejaron de venir asiduamente por el bar. Se retiro en 1964. A finales de los setenta, despues de muchos anos de no saber nada de el, llego al Oakland un telegrama con la noticia de que el antiguo capitan del
?Y Niels?
Todos pensaron que se habria vuelto a Dinamarca, pero no fue asi. Lo ultimo que se habia sabido de el era que andaba por Bedford Stuyvessant, pero eso fue antes del asesinato. Un dia, un conocido de Frank le dijo que lo habia visto por Red Hook, pidiendo limosna y completamente ido. Noticias subsiguientes confirmaron que en efecto vivia en un recodo de un parque colindante con un vertedero de basura, en compania de un punado de mendigos. Frank fue a buscarlo en persona e inmediatamente lo reconocio. Lo que vio fue a un
?Y Niels lo reconocio a el?
Para entonces ya habia perdido la razon. Estaba como lo ves ahi. Solo que ahora se ocupa de el Manuel el Cubano. No recuerda nada. Le puedes decir lo que quieras de su pasado, que no reacciona. Una vez lo pusimos delante de la foto en la que aparece con todos en la cubierta del
Nos miramos a los ojos, seguramente para evitar buscarlo a el, aunque entonces estaba lejos, viendo jugar a Boy y Orlando, en la sala de billar. Empujaste el cuaderno y me invitaste a abrirlo. Me llamo la atencion lo cuidadosamente organizado que estaba. Era un verdadero catalogo de los horrores que es capaz de cometer el ser humano, algo con lo que convivimos sin apenas darnos cuenta, pues esta tomado del periodico, dia a dia. Las monstruosidades se repetian con una monotonia que tenia algo de hipnotico. Era extrano, muy extrano, hacer aquello. Habia demasiado dolor acumulado en aquellos recortes. Fui pasando las hojas sin apenas atreverme a leer, limitandome a mirar los titulares por encima. Parecian ventanas abiertas al mal. La frase no es mia, fuiste tu quien la dijo, aunque no en aquel momento.
Te interrumpiste para echar un trago interminable. El fuego del alcohol te asomaba a los ojos. A partir de ahi, te empezo a temblar la voz. Mas que hablar, parecia que escupias las palabras.
Entender, solo entender como es posible que se cometan semejantes atrocidades, dijiste, arrastrando las silabas.
Percibi algo en tu interior que solo volveria a ver las veces que estuve contigo en el Astillero, un fuego que no sabia como definir, pero cuando lo veia, procuraba mantenerme lejos. Raul habia salido del despacho, pero no se acerco, y yo estaba seguro de que Frank se habia quedado dentro para evitar verte en aquel estado. Raul se fue a sentar con Niels, que estaba dormitando pacificamente en la sala de billar. Parecia una gargola, encaramado en el brazo del sillon. Manuel el Cubano estaba sentado junto a el, con la mano apoyada en su espalda.
De todos modos, no me hagas mucho caso, Ness.
Fue la ultima frase que pronunciaste y te costo un enorme esfuerzo hacerlo. Lograste ponerte en pie. Trataste de hacerte con el
