derramar sobre la mesa el poco liquido que quedaba en la botella. Los ojos de toda la gente que habia en el local estaban pendientes de tus movimientos.
Con paso extranamente firme, te dirigiste hacia la pista de baile y, al tropezar con la oscuridad, te detuviste. Me acerque a encender el interruptor y espere a que atravesaras la sala vacia. Llegaste a las puertas giratorias y desapareciste en el vestibulo del edificio. Los cristales siguieron girando unos segundos, y cuando por fin se detuvieron, vi como se concretaba en ellos el reflejo de una silueta. Tarde en darme cuenta de que aquella mancha perdida entre la fantasmagoria de luces de la pista de baile era yo y, de no ser porque en aquel preciso instante oi la voz de Alida, que me llamaba por mi nombre, me habria resultado imposible saber en que encrucijada del espacio-tiempo me encontraba exactamente.
Ocho . DO YOU KNOW WHO YOU ARE DATING?
Clark Investigation & Security Services, Ltd.
34-10, 56 Woodride, Manhattan. Tel. (212) 514-8741
CASO # 233-NH (CLAVE DE CLASIFICACION 08-1)
FECHA DE CONTRATACION: 25 de octubre de 1973
NOMBRE DEL CLIENTE: Gal Ackerman
Informe preparado por el agente especial Robert C. Carberry, Jr.
SUJETO OBSERVADO: Nadia Orlov. Edad: 23 anos. Nacida en Laryat, Siberia, el 17 de mayo de 1950. Hija de Mikhail y Olga, fisicos nucleares. El matrimonio Orlov solicito y obtuvo asilo politico en los Estados Unidos en 1957. Profesores asociados del Instituto de Tecnologia de Massachusetts. Mikhail Orlov fallecio de cancer de pancreas en 1965; su viuda sigue ejerciendo la docencia y ocupando el domicilio familiar de Boston. Un hijo, hermano de la investigada: Alexander Orlov, alias Sasha, ingeniero industrial, de 26 anos de edad, asimismo residente en Boston. Despues de graduarse en Smith College, Nadia Orlov fue admitida en la Juilliard School of Music de Manhattan, donde cursa estudios de tercer ano. Domicilio actual: 16-62 Ocean Avenue # 30-N, Brighton Beach, Brooklyn. Comparte piso con Zadie Stewart, subdirectora ejecutiva de promocion publicitaria de Leichliter Associates.
DATOS ADICIONALES: La sujeto observada trabaja tres dias a la semana (lunes, martes y jueves) en los archivos de musica de la Biblioteca Publica sita en el Lincoln Center, de 3 a 6 de la tarde (de 5 a 8 los martes). Los sabados y domingos trabaja de camarera en el New Bedford Bistro, en el numero 164 de la Avenida N, en Brooklyn. Carece de antecedentes policiales. Durante los dias de observacion no se hallaron indicios de que mantenga ninguna relacion sentimental. Actividades del fin de semana: llego al restaurante a las cinco de la tarde y se fue pasada la medianoche. Regreso a Brighton Beach en taxi. Nada relevante en su rutina: compras, una visita a la oficina de correos local; un concierto en el Carnegie Hall, el sabado por la tarde; un paseo por Coney Island, el domingo por la manana, sola. Su companera de piso, Zadie Stewart, no aparecio por el apartamento en todo el fin de semana…
Buenos dias, Ackerman. Carberry entra en su despacho y cierra la puerta. Disculpe que le haya hecho esperar. Bueno, al menos asi le ha dado tiempo a echar un vistazo al informe.
Hago ademan de levantarme, pero Carberry me pide que no me mueva y a continuacion me da la mano. Lleva el cigarrillo de plastico en la boca, lo que le impide vocalizar con claridad.
No se lo tome a mal, dice, acodado en el escritorio, pero probablemente este sea el caso mas anodino que he tenido entre manos en todo lo que va de ano. Ya se lo habia advertido, pero en fin, cada uno hace lo que le da la gana con su dinero. La unica circunstancia levemente atipica es la edad de la observada. Es un tipo de encargo que se da con mayor frecuencia en matrimonios de cierta edad, cuando uno de los conyuges, de puro aburrimiento, tiene celos infundados. Es una manera de tirar el dinero como otra cualquiera, ya le digo, aunque por lo general funciona: cuando los clientes leen el informe se suelen quedar tranquilos, cosa que no siempre sucede cuando optan por ir al psiquiatra. En fin, como ha podido comprobar, no hay nada oculto en la vida de esa chica.
Guardo el escueto informe preparado por Carberry en un sobre de color gris.
Tambien saque unas cuantas fotos, sigue diciendo, dejando de mordisquear la boquilla mentolada. Por entretenerme, mas que nada. Desde el punto de vista profesional, son completamente irrelevantes, aunque si me puedo permitir un comentario frivolo, no se puede negar que la observada es una mujer atractiva.
Me pasa otro sobre, del mismo color que el primero. En ese momento suena el interfono. Carberry pulsa un boton. Se escucha una voz femenina, levemente distorsionada.
Gracias, Tracy. Ponlo en espera por la linea dos, por favor. Disculpe, pero tengo que coger esta llamada. En fin, caso cerrado. Le deseo suerte, Ackerman, me alegro de haberle podido ser de alguna utilidad. Ha sido un placer.
El agente especial Robert C. Carberry, Jr. se pone de pie y me da la mano.
Igualmente, acierto a decir, pero desde el momento en que el detective coge el auricular del telefono he dejado de existir para el. Antes de asir el pomo de bronce leo en el cristal de la puerta:
Al cerrar, el nombre de la agencia, escrito en letras doradas, recupera su sentido natural. La recepcionista que me atendio el primer dia deja de escribir a maquina y se acerca al mostrador, sonriendo. En la pechera de la blusa lleva una etiqueta de plastico con su nombre, Tracy Morris. Le doy un cheque debidamente cumplimentado y firmado. Lo estudia unos instantes, antes de entregarme un recibo y me acompana hasta la puerta.
Gracias por recurrir a nuestros servicios, senor Ackerman. Que tenga usted un buen dia.
No hay nadie en el rellano. Mientras espero el ascensor, examino el exterior de los sobres. Uno lleva el logo de CLARK, junto a la lupa y la mancha que no se sabe si es un insecto o un manojo de vello pubico. El otro, mas rigido al tacto, sin ningun distintivo, es el de las fotos. En los dos aparece una pegatina blanca con el nombre de Robert C. Carberry, Jr. mecanografiado. Cuando escribi su semblanza en el cuaderno, lo llame
El sol de la manana cae placidamente sobre Manhattan Sur. Las calles estan llenas de vida; la gente lleva ropa ligera y busca estar al aire libre. Me gustaria volver a casa andando, pero tengo que terminar un trabajo para McGraw-Hill, asi que decido coger el autobus. Pienso en Marc, tengo verdadera necesidad de hablar con el, de contarle con pelos y senales los detalles del informe, de mostrarle las fotos de Carberry, para que vea como es Nadia. Nadia. Vuelvo a pasar el juego de fotos, estudiandolas con detenimiento, una por una. Son ampliaciones de gran tamano, en blanco y negro, que se arquean levemente cuando las despliego. Como imagenes dejan bastante que desear, aunque son mejores que la polaroid, desde luego. En realidad solo hay una que tiene fuerza. Cuando termino de examinar la serie, vuelvo a ella. Carberry sorprendio a Nadia justo en el momento en que salia de la biblioteca del Lincoln Center. El brazo izquierdo esta movido, en la mano lleva un objeto que no logro identificar inmediatamente, pero al fijarme bien veo que son unas gafas de sol. Las esgrime como si fueran un revolver. Ocurre a veces, incluso con fotos de mala calidad. De manera fortuita, la camara capta un instante lleno de misterio y lo congela en el tiempo. Nadia mira a la camara con una fijeza que tiene algo de inquietante. Me viene a la cabeza la imagen de un cervatillo que de pronto detecta la presencia de un cazador en medio del silencio. Los musculos en tension, pero aun perfectamente quieto, un animal suspendido de un vertice del tiempo, apenas unas decimas de segundo antes de emprender la huida. Tambien Nadia acaba de detectar un peligro inconcreto. Me detengo en el dibujo de los labios, en la mirada, de una profundidad que me desasosiega. Se puede percibir su agitacion, el momento en que la sorpresa se transforma en ira. Mi reaccion instintiva es protegerla, pero no necesita proteccion, hay un aura de fortaleza alrededor de ella. Su expresion me
