vez multitud de claros. Levante la vista al cielo que habia estado encapotado desde que llegue y entonces presencie un hermoso fenomeno atmosferico. Un halo gigantesco se asomo por detras de la Torre de la Telefonica. Al cabo de unos minutos no quedaba ni rastro de la tormenta, solo un frio seco y el viento que silbaba en las tinieblas madrilenas, por encima de un incomparable paisaje de tejados y azoteas. El globo de la luna, limpio y redondo, se empezo a elevar por detras de una cupula de aspecto oriental, al otro lado de la Gran Via, lanzando sus rayos contra las claraboyas, contra las tejas, agujas y esculturas que remataban los edificios de aquella ciudad extranamente hermosa. Cerre los ojos, para llegar mas lejos, y vi con la imaginacion la sierra, bajo el palio de la noche, y mas alla los campos de Castilla. Me vinieron a la memoria lo que decian los libros de Ben acerca de aquella ciudad que habian fundado los arabes, Magerit. Vi pasar ante mi episodios que hablaban de conspiraciones palaciegas y revueltas populares. No podria explicar mis sentimientos. Todo, no solo el paisaje de las buhardillas fantasmagoricas y senoriales, tenia un aire de irrealidad.

Espere a sentirme mas calmado antes de volver al interior. Lewis me esperaba de pie junto a la chimenea apagada.

?Estas bien? me pregunto cuando llegue junto a el.

Asenti.

Ahora que hemos dejado todo eso atras, le oi decir en algun momento, podemos centrar nuestra atencion en cosas mas livianas. Manana me pasare a recogerte e iremos juntos al Museo del Prado. La idea es de Ben. Me has dicho que tu pension queda por Atocha. Dame la direccion exacta y me paso a recogerte a eso de las once, ?te parece bien?

Fuimos al ascensor y bajamos al vestibulo. Abe Lewis salio conmigo hasta la puerta del hotel y me dio la mano, sin decir nada. Cruce al otro lado de Montera y me volvi. La silueta imponente del brigadista negro se recortaba contra la marquesina del hotel. Lo devore con los ojos, tratando de grabar su imagen para siempre.

[En el avion, inmediatamente despues de despegar.]

En la terraza del Hotel Florida me habia sentido fuera de lugar, expulsado de las coordenadas de mi propia historia, como si nada de lo que habia escuchado tuviera que ver conmigo. Habia estado en Madrid, como hubiera podido hacerlo en la Bagdad de Las mil y una noches. Habia venido en un vuelo regular de la TWA, pero podria haberlo hecho en una alfombra magica. ?Quien demonios era Umberto Pietri? ?Que tenia que ver conmigo? Las personas y lugares del relato desgranado por Abraham Lewis desfilaban ante mi, tan irreales como la vision nocturna de la ciudad, como el reflejo de las luces que flanqueaban aquella avenida mundana y elegante del sur de Europa. No, no me sentia vinculado a la historia de aquel hombre que necesitaba perderse en un laberinto de capillas tratando de expiar una accion ignominiosa. En cuanto a Abraham Lewis, no sabia bien que pensar de el. Ben lo habia definido como «un hombre bueno, fiel solo a la voz de su conciencia». Pero habia algo extrano, casi turbio en el. ?Era verdaderamente necesario que me transmitiera todo lo que Pietri le habia contado a el? La pregunta era ociosa, ya no habia vuelta de hoja. Lo que me habia dicho aquel hombre jamas lo podre borrar de mi memoria.

[Tras una docena de renglones tachados, se puede leer con trazo grueso y firme.]

Me desperte muy temprano, por la diferencia de horario. Tenia una cita con Abraham Lewis, pero desde el primer momento supe que no acudiria. Recogi el equipaje, pague la cuenta y sali a la calle. En los alrededores de la estacion de Atocha detuve un taxi y le pedi que me llevara al aeropuerto de Barajas, sin siquiera saber cuando salia el siguiente vuelo con destino a Nueva York.

[…]

?Que contarle a Ben?

Lo mismo que si Teresa estuviera viva y se lo tuviera que contar a ella. Es decir, cualquier cosa, menos la verdad. Me inventare un pasado heroico para Umberto Pietri.

O tal vez le cuente la verdad.

Diez . DIALOGO DE LOS MUERTOS

1 de junio de 1992

Mi primer encuentro a solas con las paginas vivas de Brooklyn tuvo lugar un primero de junio, la fecha de mayor carga simbolica en el calendario secreto de Gal. Estaba viendo libros usados en el mercadillo de Court Street cuando senti un golpecito en el hombro.

Era el.

Le salude efusivamente, pero lo sombrio de su expresion me hizo cambiar instantaneamente de actitud.

?Ocurre algo, Gal?

Queria hablar contigo, y como es miercoles pense que a lo mejor te pasarias por el puesto de Fuad.

Efectivamente, los dias de mercadillo suelo ir por alli. Fuad es un beiruti de unos sesenta anos que ha vivido mucho tiempo en Panama y chapurrea espanol. En su tenderete, perdido entre los objetos mas dispares que quepa imaginar, hay siempre un cajon lleno de libros viejos, y si se toma uno la molestia de examinarlos, no es raro que se lleve una sorpresa, empezando por el hecho de que muchos de los titulos estan en castellano. Gal me hablo de los libros de Fuad al poco de conocernos, y no era raro que coincidieramos los miercoles en el puesto del libanes. Aquel dia acababa de toparme con una edicion mejicana de La lampara maravillosa, de Valle-Inclan, tan vieja que las paginas, de color ocre, parecia que se cuartearian con solo pasarlas. Iba a mostrarle a Gal mi hallazgo, cuando agarrandome de la manga dijo con vehemencia:

?Sabes que dia es hoy, verdad?

Tuve que pensarlo un momento.

Uno de junio. ?Por que?

?No caes en la cuenta?

?De que?

De que es el cumpleanos de Nadia.

?El cumpleanos de Nadia?

Claro que tu no tienes por que saberlo; el caso es que he decidido felicitarla por sorpresa.

No dije nada. Hacia cuatro anos que Nadia no daba senales de vida. Habia desaparecido sin dejar rastro.

Hablo en serio. La voy a llamar.

?Adonde?

A Las Vegas.

A Las Vegas, repeti.

No sabiendo que decir, le pase el libro y me di media vuelta, fingiendo interes por seguir buscando en el cajon. Despues de su desaparicion, Nadia mantuvo un silencio que duro varios meses. Al cabo de aquel tiempo llego una carta suya al Oakland. Gal penso que se trataba de un gesto aislado, pero varias semanas despues llego una segunda carta, a la que siguieron otras. Al principio escribia de manera esporadica, pero al cabo de un ano lo empezo a hacer con regularidad, una, incluso dos veces al mes. Eran cartas sin remite, que Gal no tenia posibilidad de contestar ni devolver, pero al menos le servian para saber que Nadia seguia con vida y que pensaba en el, que lo necesitaba, como me llego a confesar en una ocasion. Hacia el final del segundo ano las cartas empezaron a espaciarse, hasta que dejaron de llegar. La ultima vez que le escribio fue a principios del 87, una postal, precisamente desde Las Vegas. Desde entonces no se habian vuelto a tener noticias de ella.

?Como sabes que esta en Las Vegas? pregunte, aun de espaldas. Como tardaba en contestar, me volvi.

Вы читаете Llamame Brooklyn
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату