una cabina telefonica situada frente al numero 12 de la calle Cornelia, una casa de tres pisos. Inmediatamente, el teniente Nicholas J. Deluise, detective jefe del precinto, despacho a los agentes Kenneth Payumo y Maureen Smith al lugar de los hechos. Dentro del contenedor habia una bolsa de plastico amarillo. Al abrirla, los agentes encontraron el cadaver de una nina recien nacida. «Habian envuelto el cuerpo con sumo cuidado», declaro la agente Smith, quien afirmo que el responsable habia hecho un trabajo «inmaculado». La nina iba vestida con un pijama de flores y llevaba puesto un panal. Estaba envuelta en una manta blanca, donde habian dejado una nota, atravesada con un alfiler. «Lamentablemente, recibimos muchos avisos de este tipo», comento el teniente Deluise. «Son cosas que pasan.»
(R. Miller, NYT).
Lo que Gal llamaba transcripcion verbatim era su propia traduccion, a todas luces literal, de la noticia que habia leido en el
«Por favor, Haganse cargo de mi Hija.
Nacio el 26 de abril de 1991,
a las 12:42 p.m. Se llama April Olivia».
I Love Her very much
Thank You
Murio a las 10:30 a.m.
El 29 de abril de 1991
Lo siento»
En el segundo cuadernillo habia una especie de croquis de la zona que Gal llamaba
El tercer cuadernillo contenia una copia en papel carbon de una carta de Nadia, cuidadosamente traducida y mecanografiada por Gal. Exactamente igual que con la carta que le habia escrito Abe Lewis a Ben Ackerman dandole cuenta de su encuentro con Pietri, tampoco en este caso he podido dar con el original ni con la version a maquina «en limpio».
Querido Gal:
Estoy en Coney Island y te escribo porque no se que me pasa. Tengo ganas de llorar pero no puedo. ?Te acuerdas cuando te decia que a veces, cuando me sentia asi, me venian imagenes del mar, como si quisieran rescatarme? Tu te reias, pero es lo que me acaba de pasar. Hace un rato, escuche una vocecilla muy debil, costaba trabajo oirla. No, no es una de mis locuras, dejame que te lo cuente a mi manera. Era yo, era mi voz, de nina, en Laryat. Me tienes que creer. He hecho la prueba. He cerrado los ojos y lo he vuelto a ver todo, el cielo de color opalo, y un lago. No, no es en Laryat y no es un lago, es el mar y tengo cuatro anos, porque en la carretera de la playa esta el mustang azul de papa, y cuando vinimos a America yo tenia cuatro anos, eso nunca se me olvidara. Es en Nantucket, porque alli pasamos el primer verano, en la playa. Estoy sola con mis padres, no se por que falta mi hermano Sasha. Mis padres son muy jovenes, tienen menos anos de los que tengo yo ahora. Esa idea me llena de inquietud, pero sigo con el recuerdo. Veo el cuerpo de mi padre, atletico, viril; lleva un banador cenido, de color negro con una raya blanca a cada lado. Se me acerca sonriendo, me levanta en vilo, y me da un beso. Mi madre esta sentada. Lleva gafas de sol y se embadurna las piernas con un potingue blanco. ?Tu crees, Gal, que es posible recordar con tanta nitidez cosas que vivi cuando tenia cuatro anos?
Mi padre me sienta en mi toallita y se aleja corriendo hacia la orilla. Cuando el agua le llega a las caderas se zambulle limpiamente y mi madre vuelve a su libro. Las crestas de las olas avanzan en filas ordenadas, formando hondonadas entre las que desaparece por momentos la figura de mi padre. Yo no puedo apartar la vista de su cabecita, cada vez mas pequena, hasta que llega un punto en que dejo de verla por completo. Me da panico que no regrese, que se lo haya tragado el mar. Miro a mi madre, pero en ella no hay la menor senal de alarma, y eso me calma, aunque algo ha debido de notar, porque se ha quitado las gafas de sol y me sonrie, como diciendome que no pasa nada. Tengo una foto suya en aquella misma playa, mirando a la camara con las gafas en la mano, con el mismo banador, estampado de flores y anemonas que contrastan con su piel. Y las unas de los pies, pintadas de un rojo muy vivo, un rojo que veo con toda claridad, aunque la foto es en blanco y negro.
Papa no se ha ahogado, su cabeza ha vuelto a aparecer; distingo el destello ritmico de los brazos al entrar y salir del agua, la estela de espuma que deja tras de si al avanzar. Cuando veo que vuelve, que cada vez esta mas cerca, doy gritos de alegria. Incapaz de controlarme, corro a su encuentro, para que me coja en brazos. El agua esta helada, y siento escalofrios, pero es algo que me encanta. Nos acercamos a mi madre, que deja el libro en la cestita y se levanta. Ahora es ella la unica que existe. Se pone el gorro de bano, recoge la masa de pelo, con un gesto rapido, dejando fuera solo el vello de la nuca, y se abrocha la tira de goma por debajo de la barbilla.
Ella lo hace todo de otra manera. No se mete en el agua de repente; cuando el agua le cubre las rodillas, se agacha, se salpica los hombros y el pecho con cuidado y luego sigue hasta dejar de hacer pie. Su forma de nadar es elegante y delicada, y no se aleja mar adentro, sino que se desplaza paralelamente a la orilla. No me da miedo que se vaya a ahogar, primero porque siempre esta a la vista y sobre todo porque, como sabe que estoy pendiente de ella, de vez en cuando saluda desde lejos levantando el brazo.
A papa no le gusta leer, siempre se inventa algo que hacer. Me lleva de la mano y me cuenta cosas acerca de todo lo que se nos cruza en el camino. Me gustaban tanto sus explicaciones, tan precisas, oirle pronunciar aquellas palabras que solo conocia el. Me hacia repetirlas hasta que me las aprendia de memoria. Habia muchas. ?Te acuerdas de que te las decia yo a ti? Las piedras del espigon eran tetrapodos. Una que no habia manera de pronunciar porque me daba risa era celentereo. Me gustaban mucho aquellos paseos que mi padre decia que eran para buscar palabras. El juego se terminaba cuando mi madre empezaba a nadar hacia la orilla, y los dos ibamos a esperarla.
Algo mas tarde, estando los tres en la arena, vimos que a lo lejos se ponia a hervir el agua. Mi padre me explico que era una bandada de delfines, otra palabra nueva. Unos dias despues, en el
