la frente banada en sudor, y temblaba. Viendole desvariar tanto, le dije, procurando no herir sus sentimientos:
Vamonos, Gal, ?no ves que aqui no hay nada? Solo llantas podridas, condones usados, capsulas de crack vacias, malas hierbas y huesos de gaviota. ?O es que no lo ves? Por favor, Gal, vamonos de aqui.
?No me vuelvas a decir una cosa asi! ?Nunca! ?Me oyes, joder? ?Que no lo entiendes? De acuerdo. Nadie tiene por que entenderlo. ?Pero no te atrevas a decir que aqui no hay nada, porque eso no es verdad! Lo que pasa es que tu no lo ves, no puedes verlo, porque no tienes fe. No deberia haberte invitado. No tendrias que estar aqui, no tienes ningun derecho. ?Esto no es asunto tuyo! Estamos llegando al Templo del Tiempo, ahi lo tienes. ?Me crees ahora? Un templo que mira al mar, ese mar sucio, oleaginoso, el unico que nos queda despues del vinoso ponto. Ellos y ellas lo saben y por eso vienen; ?como es posible que no te des cuenta de que estan aqui? ?Y sabes por que vienen? Para hablar conmigo. Yo he erigido estos tumulos y altares para todos ellos, para llamarlos, y ellos lo han oido, lo supieron, y vinieron todos, Ness. Todos. Los muertos y los que todavia no lo estan, como ella. Este es un buen lugar. Me gusta. Pronto morire, pero antes de que eso ocurra… Es igual. Lo importante es que puedo convocar a quien me de la gana, a Teresa Quintana, a mi abuelo David, incluso a Umberto Pietri, a quien nunca llegue a ver. ?Sabes quienes son, verdad? ?Lo sabes o no? ?Todavia no te he hablado de ellos? Pronto lo hare. Ahora son mis fantasmas, pero pronto seran los tuyos. Incluso la pequena Brooklyn, la hija que quiso tener Nadia sin conseguirlo. ?Sabes que le iba a poner de nombre Brooklyn? Brooklyn. Fue idea mia. ?No te gusta ese nombre para una mujer, Ness? Ness…
Por un instante me senti totalmente confundido. Tuve una intensa sensacion de desplazamiento, como si me hubiera trasladado efectivamente a aquella tarde lejana. Llegue a oir las palabras de Gal, o eso me parecio, como si las estuviera profiriendo en aquel mismo instante. Tuve que hacer un esfuerzo para no perder del todo las coordenadas del momento. Flotaba aun en mi cabeza el eco de los gritos desquiciados de Gal, cuando de pronto lo divise. Tal y como habia sospechado, estaba en el Templo del Tiempo, delante del altar mayor, donde habia colocado un sinfin de botellas vacias, de todos los tamanos y formas imaginables. A medida que las iba poniendo en orden, las iba enumerando, pronunciando los digitos con solemnidad. A cada poco perdia la cuenta y volvia a empezar por cualquier otro numero, como hacen los ninos cuando aun no han aprendido a contar. Habia algo que inspiraba respeto en aquel ceremonial absurdo. Algo le hizo percatarse de mi presencia y dandose la vuelta, me saludo. Estaba tranquilo. Cuando llegue al pie de la escalera, se dirigio a mi como si hubieramos estado juntos toda la tarde y me hubiera mandado a hacer algun recado del que acababa de regresar. Contemplo las hileras de botellas con aire reconcentrado, como si estuviera efectuando un calculo mental muy complicado, o tratando de decidir si podia dar el visto bueno a los preparativos que habia estado haciendo. En algunas botellas habia embutido ramas y manojos de hierbajos que remedaban arreglos florales. Le debio de parecer que todo respondia al orden por el deseado y sentandose en un escalon, dio unos golpecitos con la palma de la mano en el suelo de cemento, invitandome a que me acomodara junto a el.
Un dia, empezo a decir, Nadia vino al estudio muy contenta y me dijo que me habia traido un regalo. Se suponia que era una sorpresa, aunque no hacia falta ser ningun lince para darse cuenta de que era lo que me traia. El envoltorio de papel plateado se ajustaba con precision a la forma de una botella. Venia atada con un cordon azul. Cuando lo descorri, vi que era una botella pequena de un brebaje de color violeta.
Se llevo la mano al bolsillo de la chaqueta y saco una botella de un cuarto de litro del vodka barato que le gustaba beber. Estaba practicamente entera, pero el la vacio de un solo trago, largo y lento. Cuando termino se puso en pie de un salto, cogio aire y lo expulso violentamente. Casi inmediatamente, le dio un espasmo. Fui a ayudarle, pero me aparto de su lado, se llevo las dos manos al estomago y arrojo violentamente el liquido que acababa de ingerir. Cuando tuvo el estomago vacio se dirigio hacia el altar, dando traspies mientras lanzaba dentelladas al vacio, tragando aire a grandes bocanadas. De repente se puso muy rigido, y perdiendo el equilibrio, se desplomo encima del altar de botellas, como si le hubieran dado un tiro desde lejos.
En aquel momento se empezo a poner el sol. Senti una intensa desazon que no podia ser solo mia, sino la que me habia transmitido el y de la que estaba impregnado el ambiente de todo el lugar. Por unos instantes, no supe que hacer. Apoye la mano en la espalda de mi amigo caido, como si pudiera asi paliar su sufrimiento, y en la paralisis de la tarde, no pude evitar quedarme contemplando la belleza extraordinaria del crepusculo, que arrojaba una cortina de fuego, roja y amarilla, sobre las nubes que flotaban sobre New Jersey y el Hudson. Mire luego el tumulo de botellas, la mitad de ellas derribadas por el suelo del templo y cargue el cuerpo de Gal a hombros. Pesaba mucho y al llegar a la altura de los bidones, me detuve a recuperar fuerzas. Oi voces en lo alto de la cuesta. Dos siluetas bajaban velozmente hacia nosotros. Eran Boy y Orlando, los chicos del Luna Bowl. Llegaron junto a mi, y arrebatandome el cuerpo inerte de Gal lo llevaron entre los dos, con gran facilidad, entre risas. A ellos apenas les pesaba. Les dije que habia que llevarlo hasta el Oakland. De alla venimos, me dijeron. Nos ha mandado Frank. Dijo que era urgente y ni nos dejo acabar la partida de billar.
Victor nos esperaba en la puerta. Cuando Frank vio que Orlando y Boy entraban con Gal a cuestas, hizo una mueca dificil de interpretar. Los pugiles lo saludaron entre risas, preguntando que queria que hicieran con aquel fardo. Les pidio que lo llevaran a su oficina, donde lo soltaron en el sofa y a la salida le pidieron un refresco a Alida. Se lo sirvio el mismo Frank, que les dio un billete de veinte dolares a cada uno. Se me quedo mirando un rato, luego se metio en la trastienda y volvio con una manta. Iba a echarsela a Gal por encima, cuando de repente cambio de idea.
Mejor, vamos a subirlo a su habitacion. ?Has estado arriba alguna vez?
Le dije que no.
Tambien es territorio sagrado, contesto. De otra manera.
Victor transporto el cuerpo de Gal sin la menor dificultad. Alida abrio la puerta con la llave maestra. Entraron todos en el estudio, pero yo no me atrevi a traspasar el umbral. Habia una ventana con los postigos abiertos; encima de una mesa vi acumulados libros, papeles y una maquina de escribir. Frank dejo alli la carpeta verde.
Una vez abajo, Otero insistio en que me tomara algo, pero me habria resultado imposible seguir en el Oakland un momento mas.
Te lo agradezco, Frank, pero necesito descansar. Ha sido un dia muy intenso. Nos vemos manana. ?Tu crees que Gal esta bien?
El gallego se quito la gorra de golf y se rasco la cabeza.
No te preocupes por el, Nestor. Esto no es nuevo. Manana, cuando amanezca, dira que no se acuerda de nada. Me dio una palmada en el hombro, a modo de despedida y anadio: Mejor dicho, no dira nada.
Once . CONEY ISLAND
Cuando yo era nino el mundo se acababa en Coney Island. Aquel arenal situado en el limite inferior de Brooklyn era nuestro Finisterre. Todo empezo en el verano del 47. David le envio al director de su periodico un punado de articulos y a este le gustaron tanto que al dia siguiente lo llamo para ofrecerle una columna semanal. No era la primera vez que le publicaban algo, pero esto era distinto. Llevaba mas de treinta anos trabajando para el
