para contarla, pero la historia alude a la travesia maritima que efectuo el heroico Jason en busca del codiciado Vellocino de Oro. Algun dia te la contare. Asi pues, los nautilus son unos vehiculos de forma elegante que desplazan a sus ocupantes por lo mas hondo del abismo marino. No es de extranar que Julio Verne eligiera ese nombre, que ademas es muy hermoso, para darselo al submarino a bordo del cual tu admirado capitan Nenio efectuo sus veinte mil leguas de viaje bajo el mar.

Uno de los lugares a los que tenia mas impaciencia por volver era el Rincon de Cooper. Preferi ir sin Nadia, me daba miedo encontrarlo demasiado cambiado o incluso que hubiera dejado de existir. Mi abuelo era perfectamente consciente de la imposibilidad de ir a Coney Island sin que acudieramos alli y la verdad es que resulta dificil imaginar un espacio donde se pueda acumular mayor cantidad y variedad de juguetes, tebeos, baratijas, golosinas y demas parafernalia pensada para excitar y saciar los deseos de una mentalidad infantil. En ningun lugar he vuelto a ver nada semejante. Como entonces, habia una ruidosa aglomeracion de chiquillos, todos afanados en hacer suyo alguno de los tesoros que se amontonaban alli. Santo cielo, la de emociones que se agolparon en mi en un momento al ver que el Rincon de Cooper seguia exactamente igual que siempre. Me acorde del dia que, estando yo intentando decidirme por algo (solo tenia derecho a un trofeo por visita), se me acerco David con un yoyo luminoso que tenia forma de sirena. Mostrandomelo, me comento que era el simbolo de la isla, y me pidio que a la salida me fijara en la cantidad de imagenes de sirenas que habia por todas partes. El yoyo no saldria de la tienda (le gano la partida un tebeo), pero mi abuelo tenia razon, Coney Island estaba plagado de sirenas: las habia dibujadas, pintadas, esculpidas, de plastico, de madera, de neon; en los bares, en los escaparates, en los anuncios, en las atracciones. El hallazgo del yoyo le habia proporcionado el tema de su siguiente cronica. Durante nuestro paseo de reconocimiento, si encontraba algun detalle llamativo, sacaba del bolsillo su cuaderno y tomaba nota de el. Cuando le parecio que teniamos suficiente material me llevo a Dalton's, el beer garden de Surf Avenue. Sentado en la terraza, delante de una cerveza, me pregunto:

?Tu sabes de donde vienen las sirenas?

A Dalton's si que quise ir con Nadia. Nunca lo habia visto fuera de temporada. Las ventanas estaban selladas y la terraza y el jardin desiertos. Fue aqui donde David me conto el mito de las sirenas. Desde la cerveceria se domina bien el mar. Por un instante me lo imagine poblado de sirenas. Recordando que me habia dicho que los nautilus vivian en los mares del sur, le pregunte a David en que mar vivian las sirenas. Me miro con extraneza y saliendo de entre las telaranas de lo que estaba pensando, dijo:

Sabes de sobra que solo existe lo que cabe comprobar de manera cientifica.

Sus historias estaban repletas de ciclopes, centauros, amazonas, quimeras, arpias, gorgonas y otros entes portentosos, el catalogo era inagotable. ?Me estaba dando a entender que jamas podria ver una sirena ni un nautilus ni ninguno de aquellos otros seres de los que hablaba a todas horas?

Esbozando una sonrisa, me explico que dependia. Los nautilus, por ejemplo, si existian. Las amazonas en cierto modo, tambien… O por lo menos habian existido en un pasado remoto, tras el cual, la imaginacion popular las habia convertido en seres fabulosos. Las sirenas se podian considerar un caso fronterizo. Es decir, habia unos animales marinos (origen de la leyenda) que se les parecian mucho (los manaties), pero tal y como se las representaba (mujeres con cola de pez), no. En cuanto a los centauros, quimeras, y demas, eran seres puramente imaginarios. No existian.

Estabamos sentados a una de las mesas del jardin. Las camareras iban ataviadas como valquirias, cantaban en aleman e incitaban a los clientes a beber. Aquella tarde mi abuelo me puso el apodo de Yaco, que unicamente usaba cuando estabamos los dos a solas. Como siempre, pidio lo que en la jerga de Dalton's se consideraba una jarra pequena, aunque a mi me parecio descomunal (luego supe que eran de litro). Normalmente, cuando acababa mi refresco, solia darme permiso para mojarme los labios en su cerveza, cosa que yo hacia encantado. Lo que nunca le habia visto hacer, por mas que insistieran las valquirias, era consentir que le trajeran una segunda jarra. Aquella tarde, no se bien por que, se le aflojo la voluntad. Hasta la mitad bebio con ganas, pero luego le empezo a resultar dificil mantener el ritmo. Siempre ponia limite a mis sorbos, pero en aquella ocasion me dio permiso para mojarme los labios todas las veces que quisiera. Me di cuenta de que el abuelo estaba algo mareado cuando, despues de darle un buen trago a la jarra, la puso delante de mi, retandome a acabarla. Con gran regocijo por su parte, me puse de pie, la alce en vilo y di cuenta de los dos o tres dedos de cerveza que quedaban. Profiriendo un grito de alegria, me dio una palmada en el hombro y posando dos dedos en mi frente, como si la estuviera ungiendo, declamo, con voz vacilante:

Hijo del dios del vino, desde hoy te llamare Yaco.

Entre los centenares de fichas que se acumulan en el Archivo, encontre una que dice:

Yaco – Una de las epifanias de Dionisos. Era a la vez un nombre y un grito de invocacion, por medio del cual se saludaba al nino dios en los misterios de Eleusis. Yaco y Baco eran avatares de la misma deidad, aunque por otra parte, se supone que Baco era diferente de Dionisos. En cuanto a Yaco, era hijo de Persefone, y ademas de ser el amante de Demeter, mencionado en las historias orficas, era un nino misterioso, que se reia ominosamente en el vientre de su madre, Baubo.

Hay tanto que no se donde ha ido a parar. David no dejo constancia por escrito de nuestras visitas a la Biblioteca Publica de Mermaid Avenue (la Avenida de la Sirena, donde tambien estaba el Rincon de Cooper) ni a los archivos del Brooklyn Daily y del Coney Island Times, los dos periodicos de la isla. Tampoco hace ninguna referencia a los concursos de Miss Brooklyn, que se celebraban cada verano en el Club Atlantis, y que organizaba precisamente el Brooklyn Eagle. Supongo que se me habran olvidado muchas cosas, otras apenas han dejado un poso de bruma en la memoria. Llevo a Nadia a lugares donde habia algo que fue importante para mi pero que ya no existe y mirando un edificio de apartamentos, un supermercado o la sucursal de un banco le cuento que habia antes alli.

Tambien puede ocurrir que el pasado regrese sin que yo lo busque. Anoche, paseando con Nadia, escuche una risa que no habia cambiado un apice con el paso de los anos. El Tunel del Terror, le dije a Nadia, senalando la entrada de una de las pocas atracciones que abrian todo el ano, y le hable de la primera vez que entre alli con mi abuelo. Las carcajadas amplificadas de los automatas se estrellaban contra la boveda y las paredes del tunel. Una luz muy leve penetraba por unas claraboyas, permitiendo apenas vislumbrarlas siluetas de quienes las emitian. Llevabamos unos minutos montados en un tren cuando vimos emerger de las tinieblas a un payaso que llevaba un traje de lunares negros y un sombrero conico. Avanzaba por las vias, hacia nosotros, dando pasos espasmodicos, que hacian rechinar las articulaciones de metal. Nuestro tren llego a su altura y el muneco dejo escapar un alarido espeluznante. Pense que lo habiamos atropellado, pero al cabo de unos instantes de silencio, su risa tetrica regreso con fuerza renovada, repitiendo una cadencia infinita, siempre con las mismas inflexiones. Agarre con fuerza el brazo de Nadia, electrizado por el eco de algo que hace anos me habia llevado al paroxismo del terror.

Aquel verano hice un descubrimiento importante. Tardo tiempo en cobrar forma. Una serie de episodios aislados fueron revelandome poco a poco de que se trataba. Un atardecer, desde lo alto de una colina vimos que habia numerosas parejas haciendo cola en el embarcadero de un lago artificial. Las parejas se subian a unos botes que los llevaban hacia una roca que habia en medio del lago. Despues de zarpar la ultima, sobre la hilera de embarcaciones se desplegaba un tunel de lona verde, que protegia a los enamorados de las miradas ajenas. El Tunel del Amor, comento David cuando desaparecieron las parejas, y me conto que siendo el joven, habia en Coney Island una replica del Moulin Rouge, que describio como un famoso local de Paris dedicado a los placeres, un Templo de la Carne, fue exactamente la expresion que utilizo. Eres muy pequeno para entender esas cosas, me dijo, y nos fuimos de nuestro puesto de observacion.

No tenia tanta razon como pensaba. Yo no le habia querido decir nada, pero a principios de agosto habia sucedido algo que me permitio identificar aquella desazon que a veces se aduenaba de mi y tardaba luego mucho en desaparecer. Basandome en cosas que habia visto, que habia oido decir a los mayores, o que habia leido en algun libro, un dia comprendi que me habia enamorado. Ocurrio de manera inopinada. Yo no dije nada a nadie, ni siquiera al abuelo, porque me daba verguenza. Tenia apenas diez anos y ninguna idea concreta acerca de que pudiera ser el deseo sexual, aunque mas de una vez habia entrevisto lo que hacian algunas parejas debajo de las tablas del malecon.

Muchas tardes, mi abuelo y yo pasabamos por delante de una tombola en la que

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