desempenado toda clase de trabajos antes de que lo nombraran jefe de tipografia, pero su sueno secreto siempre habia sido escribir. Nos dio la noticia el dia de mi cumpleanos, aprovechando que estaba toda la familia reunida. Su idea era sacar a la luz los cientos de historias que yacian ocultas en los distintos barrios de Brooklyn. Lo que le habia mandado al director era solo una muestra, tenia mucho mas oculto en la trastienda. Como habia tanto que contar, le dedicaria una serie a cada barrio, empezando por Coney Island. Tras decir esto, me puso la mano en el hombro y mirando a mis padres anadio: Voy a necesitar un buen ayudante de campo. La abuela May se fue corriendo a la cocina y volvio con una tarta de frambuesa con diez velas encendidas. Los viajes empezaron en cuanto me dieron vacaciones. Mi trabajo consistia fundamentalmente en hacerle compania, escucharle y, ocasionalmente, tomar notas en una libretita cuya unica funcion, ahora me doy cuenta, era que yo me sintiera util. En su casa, David guardaba una serie de ficheros donde acumulaba el material relacionado con cada barrio. Nunca los llamaba por su nombre; indefectiblemente anadia una muletilla. Las recuerdo todas perfectamente. Coney Island era la Isla de los Suenos; Brooklyn Heights, un «enclave de escritores elegante y senorial». ?Sabes, Yaco, me pregunto un dia (despues explicare el origen del nombre que me habia puesto), que fue alli donde se publico la primera edicion de
El viaje en metro duraba alrededor de hora y media. David venia a buscarme muy temprano. El primer dia, antes de salir, desplego un mapa y poniendo el indice encima de una franja anaranjada que tenia forma de sillin de bicicleta lo arrastro lentamente por encima del nombre, dejando las letras al descubierto una a una:
C-O-N-E-Y I-S-L-A-N-D
Despues de la Septima Avenida, el metro dejaba de circular bajo tierra. Era una maravilla ver el paisaje urbano desde los railes elevados. A la altura de Brighton Beach, torciamos, dejando el mar a nuestra izquierda. La vista de la playa era impresionante: miles y miles de banistas pululando por la arena, formando un magma movedizo que se adentraba entre las olas. El momento culminante era cuando despues de cruzar un puente de piedra veiamos surgir ante nosotros la arquitectura visionaria de los parques de atracciones: cupulas, agujas, minaretes, las gigantescas ruedas de las norias, el perfil de las montanas rusas, y presidiendolo todo, la estructura metalica del Salto del Paracaidas.
La primera sensacion, nada mas llegar, era de terror. Para salir del metro habia que atravesar un pasadizo muy largo, casi sin iluminar, hasta donde llegaba la risa diabolica de unos automatas. Yo apretaba con fuerza la mano de mi abuelo y el, que recurria a la mitologia griega para todo, me decia que no habia nada que temer. Estamos en la Boca del Hades, decia, y asi daba comienzo a la primera explicacion. Antes, hace muchos anos, habia una caverna artificial conocida como la Puerta del Infierno. La vigilaba un diablo gigantesco que desplegaba unas alas de varios metros de envergadura, mientras observaba a la gente que hacia cola para entrar. No era un comentario muy tranquilizador, pero al llegar a la superficie, nos aguardaba una explosion de vida y color que lo cambiaba todo.
Regresar a Coney Island despues de tantos anos me ha hecho sentir una enorme nostalgia. Le pedi a Nadia que me acompanara al Archivo de Ben, para sacar de alli las cronicas del
Me doy cuenta de que mi relacion con Coney Island ha cambiado y no es solo porque estoy con Nadia. Todo es distinto: la gente, las calles y, quizas mas que nada, la luz. Ahora es invierno, los dias son muy cortos y apenas hay bullicio. Por las mananas la acompano a la parada de metro, y luego recorro en solitario las calles vacias de Brighton Beach, entro en algun cafe y me siento a escribir y leer.
Los dias que Nadia no tiene que ir a Juilliard nos levantamos tarde y si el tiempo no esta muy desapacible, la llevo a los lugares que descubri en compania de mi abuelo. Me gusta observarla mientras lee las cronicas de David. Muchas veces, cuando termina una, la leo yo, tratando de imaginarme que ha podido sentir ella:
Coney Island mira al mar orlada por un paseo maritimo construido con solidos tablones de madera. La playa es una larga franja de arena blanca y fina, la misma siempre, por mas que los letreros designen con distintos nombres sus tramos sucesivos: hacia levante, Manhattan Beach; a mediodia, Brighton Beach; y por fin, hacia el poniente, Coney Island Beach. Desde tiempo inmemorial, los barcos no consideraban que habian llegado a Nueva York hasta que se encontraban a la altura de Sea Gate. Coney Island se quedaba fuera de la rada, como una polis inquieta y avezada, con la mirada puesta en el oceano. Sus proporciones son relativamente exiguas: media milla de ancho por dos y media de longitud. Dos salientes de tierra protegen su marina de los embates del mar. Cuando el explorador Henry Hudson, arribo a lo que habria de ser la ciudad de Nueva York a bordo del
Escritas, las palabras de David me hacen revivir las mismas emociones que sentia cuando escuchaba sus historias de viva voz. Ayer me tropece con una cronica que me remonto a uno de nuestros primeros paseos. Mi abuelo me habia pedido que anotara los nombres de todas las avenidas que nos ibamos cruzando en un tramo del Bowery. Al llegar a una esquina lei:
NAUTILUS AVENUE
?La nave del capitan Nemo! exclame, fascinado. Mi abuelo se detuvo, sonriente, y me acaricio la cabeza. Un detalle de este tipo era todo lo que necesitaba para poner en marcha sus poderes de fabulacion. Asi empieza la cronica que escribio como homenaje a mi pequeno descubrimiento:
Carta abierta a mi nieto
Querido Yaco: Los nautilus pertenecen a la familia de los moluscos, al igual que las almejas o las ostras, pongamos por caso, solo que su concha tiene una forma muy elaborada, y sobre todo, Yaco, que son muy raros de ver. Su habitat natural son los mares del sur, el indico sobre todo y en menor medida el Pacifico. El nautilus vive en el interior de una camara espiral que tiene las paredes interiores tapizadas de nacar. De particular interes es la variedad (o subespecie) conocida como «nautilo de papel», perteneciente al genero de los Argonautas. Has de saber que se llaman asi porque las hembras (no asi los machos) moran en el interior de una camara nupcial cuya textura se asemeja sobremanera a la del papel. Tal vez ignores de donde viene el nombre de Argonautas. Pues bien: procede, como tantas cosas, de la mitologia griega. No es este el lugar
