bajaban las bragas. Yo no accedia ni a entrar. Pero aquella vez, con Marguerite, fue distinto. Me lo pidio y dije que si, espontaneamente, sin pensarlo, sin sentir ningun miedo. Era tres o cuatro anos mayor que yo. Estaba en el ultimo curso de bachillerato. Los demas habian entrado ya en la cueva, fuera solo quedabamos nosotras dos. Entonces me cogio de la mano y me dijo que entraramos, y yo me deje llevar.

LOS DADOS DE LA MUERTE

[?Finales de 1988?]

He recibido un telegrama de Paris. Louise senalo un papel azul que estaba doblado encima de la mesa de cristal. Se ha muerto Alston Hughes.

?Alston Hugues? repeti, incredulo, y senti que se me nublaba la vista. Sylvie me cogio la mano y la apreto con fuerza.

Sientate. Se lo que significa para ti.

?Quieres algo de beber, Gal? me pregunto Sylvie. Le dije que no.

El telegrama es de Moreau. Bueno, no me esperaba un desenlace asi tan pronto, pero tampoco es exactamente una sorpresa, ?no, Gal?

Le di la razon a Louise.

En su ultima carta Anzaldua me decia que Alston estaba hecho un desastre. Se meaba y se cagaba en el colchon. Insultaba a todo el mundo. Proclamaba a los cuatro vientos que le iban a dar el Premio Nobel. Estaba tan alcoholizado que el sindrome de abstinencia lo despertaba en plena madrugada. Se levantaba para seguir bebiendo y, cuando volvia a estar borracho, se ponia a cantar o a dar gritos hasta que se cansaba. Luego se sentaba a escribir. Escribia poemas, cartas, fragmentos de libros en los que mezclaba fragmentos en cuatro idiomas. (?Me he vuelto aloglota! proclamaba jubiloso en una carta.) Arrancaba paginas de su diario y las pegaba en las paredes. Empezo a hacer un collage, un mural que ocupaba toda su habitacion, para el que les pidio a sus amigos, repartidos por todo el planeta, que le mandaran fotos. Se estaba despidiendo de la vida. A veces intentaba escribir y no podia, y entonces se ponia a chillar, como hacen los ninos pequenos cuando no consiguen inmediatamente lo que quieren. Lo asombroso era que fuera capaz de escribir en semejante estado. A mi me mandaba una carta casi todas las semanas. Y lo mismo hacia con muchos otros. Tambien componia poemas, que se acababan abruptamente, mezclandose con desvarios. Ecolalia. Muchas veces lo que escribia no tenia ningun sentido, pero otras, inopinadamente, le salian fragmentos de una belleza extrana, escalofriante. Tambien en su vida privada desvariaba mucho. Se peleo con Moreau, con Anzaldua, con Gilgames, con todos los que lo habian ayudado en su indigencia. Presumia de ello. Se jactaba de morder la mano de quien le daba de comer. Lo proclamaba con orgullo. Decia que pensaba donar una parte del dinero que le dieran por el Premio Nobel para la lucha contra el sida.

Murio anteayer, dijo Louise. Ese mismo dia llego al Chelsea un sobre para ti.

No se por que lo mandaria a mi direccion. Sylvie fue a por el sobre y me lo acerco. Lo abri. En su interior habia un objeto maltrecho, que posiblemente hubiera sido un libro alguna vez, ahora era un fajo desordenado de papeles mal cosidos. Busque una carta, una nota, pero no habia nada. Louise, Sylvie y yo nos quedamos contemplando la portada, que era una fotocopia de infima calidad.

A nosotras tambien nos lo ha mandado, dijo Sylvie. Sin ninguna nota, solo el libro. Parece ser que un conocido que trabaja en la embajada de Panama en Paris hizo una edicion limitada para un grupito de amigos, seis o siete ejemplares en total.

Por fin se animo a publicar, dijo Louise, riendose.

No es su primer libro, dije yo. Anzaldua me enseno otros.

Si, en la Editorial Invisible, de su amigo Gilgames, confirmo ella.

Era totalmente cierto. Habia publicado un epistolario con Maria Zambrano y una coleccion de poemas. Yo le pedi copias a Gilgames y me dijo que quedaba un ejemplar de cada titulo en la Casa del Libro de Madrid, en la Gran Via. Alzandua se tomo la molestia de ir a por ellos y enviarmelos por correo. Volvi a contemplar el volumen que nos acababa de llegar. Estaba sin paginar. En la misera portada no figuraba el nombre del autor. La ilustracion era la conocida instantanea de Harold E. Edgerton en que se ve una gota de leche que al caer forma una corona. Alston la habia tomado de la ilustracion que aparece en On Growth and Form, el libro de D'Arcy Thompson. La fotocopia era tan oscura que la leche parecia sangre.

La sangre negra que le emponzonaba el corazon, dijo Louise, tratando de hacerme reir.

Aquella misma tarde lei el libro de Alston. No sabria decir que es. Una especie de autobiografia espiritual. Como memorias, creo, son interesantes, no digo para mi, sino para cualquiera que no haya oido hablar jamas de el. Busque rescatar algo de lo que habia alli para incorporarlo a Brooklyn. En seguida supe que elegir. Es un cuento extraordinario, sobre todo teniendo en cuenta que Alston no escribia nunca ficcion. Se titula Salsipuedes. Numere las paginas impares del libro, a lapiz, en el margen derecho. El cuento empieza en la pagina 33 y es muy corto. Tarde una hora en transcribirlo. Por la noche llame a Chus a Barcelona. Lo encontre muy afectado. Me conto que iba a escribir algo sobre Alston. Cuando colgue, volvi a coger el libro. No me podia despegar de el. Antes de abrirlo, volvi a mirar con cierto detenimiento la portada. De tan sobada, el blanco habia adquirido el tono de una pintura cuarteada. Cuando lo mire con Louise y Sylvie me dio la impresion de que era un cuadro a medio restaurar. El cerco de salpicaduras de sangre recordaba una corona de espinas. Tras ella, un alto cuadrado: la noche, de bordes bien trazados y en lo alto un punto luminoso y lejano: el ojo primordial de la luna.

Me recuerda algo, pero no se que, le dije a Louise.

Te recuerda los cuadrados misticos de Malevich (cuadrados, dijo, no cuadros).

Era verdad. Me fascina lo penetrante que es la mirada de esta mujer. Blanco sobre blanco, una superficie invisible sobre la nada. Hice una fotocopia de la fotocopia, tape con ella las paginas del cuento y anote encima: «Los dados de la muerte». Tarde tres dias en conseguirlo, pero por fin pude llorar.

KADDISH & ?Л

[Bajo este titulo enigmatico aparece una anotacion a boligrafo de Gal que dice: Cuento de Atlantic Monthly. Traducir, e incluir aqui. ?Yuxtaponer a la farsa? Mandar los dos a Nadia. Sin embargo, en Brooklyn solo figura un espacio en blanco. Decido mantener el hueco tal y como lo encontre en el Cuaderno.]

Texto integro de la conferencia pronunciada por el Ilustrisimo Senor Don Felipe Alfau el 1 de abril de 1964 en El Periscopio, sede de la Honorable Orden de los Caballeros Incoherentes del Bajo Manhattan en homenaje a Mr. T., alias la Sombra. Transcrita por el Profesor Ginebra, miembro fundador, secretario perpetuo y estenografo de la cofradia. [1]

Socios numerarios y honorarios, cofrades y contertulios, gorrones e invitados, enemigos y amigos:

Nos hemos reunido aqui a fin de celebrar, si, esa es la palabra, la muerte de Mr. T., alias la Sombra, miembro supernumerario y estrambotico de nuestra inclita orden. Nos consta que vivia bajo tierra, pero no tenemos ni idea de cuando le dio por ahi. Tampoco sabemos donde nacio ni a que se dedicaba. Vestia siempre igual, con raida elegancia, pero no voy a describir su indumentaria, que esto no es una novela. El caso es que una noche al ano, la del 16 de marzo, se alojaba en el Hotel Chelsea. Hoy, primero de abril, dia de Todos los Tontos, fecha en la que cada ano, nuestra sociedad abre sus puertas al publico, me corresponde a mi dar una leccion magistral y para honrar la memoria de nuestro amigo, he decidido que mi conferencia verse sobre el lugar donde decidio celebrar sus anticumpleanos y poner fin a su vida. Mi alocucion va dedicada de manera especial a los alumnos del taller de escritura Don Miguel de Unamuno, aqui presentes, quienes al termino de mi charla recibiran un diploma que los acredita como escritores, Dios coja a sus lectores confesados.

Antes de entrar en materia, quisiera invocar la ayuda de don Miguel, por quien

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