a tal efecto en el retrete. Pronto, una sola caja fue insuficiente. Empezo por acumularlas en el bano, pero en seguida se le quedo pequeno y tuvo que recurrir a la cocina y luego al salon, hasta que lo tuvo todo atestado de cajas de madera rebosantes de manuscritos. Cuando murio, los folios acumulados en las cajas de embalaje se contaban por decenas de millar. Uno de los proyectos que se truncaron con su desaparicion era un libro que tenia previsto dedicarle a la historia del hotel.

En 1940, un hungaro que se hacia llamar David Bard le compro el Chelsea a los Knott por 50.000 dolares. Bard continuo la nefasta labor de sus predecesores, volviendo a empequenecer las suites, cargandose mas espejos. Pero el Chelsea no sucumbio. Su aureola de misterio siguio atrayendo a nuevos artistas, sangre joven, musicos, escritores, poetas y pintores de talento, la mayoria, si no todos, drogadictos o borrachos, cuando no las dos cosas a la vez.

?Que dices Burrell? Habla mas alto, hombre de Dios, que no te oigo ?Arthur Miller? No, de el no pienso decir nada, me cae gordo. ?Ah es verdad, que te lo habia prometido! Murhpy quiere que cite una frase de Miller, que segun el hace justicia al hotel. Esta bien, ahi va: «El Chelsea es el unico hotel que conozco que no tiene en cuenta las diferencias de clase». Valiente gilipollez. ?Que, contento? Si hay aqui algun fan de Millar que no se desanime. El dramaturgo todavia vive alli, o sea que pueden ir a pedirle un autografo al final de la conferencia.

La palma de los poetas borrachos se la lleva sin duda Dylan Thomas. Cuando se agarro la monumental cogorza que le costo la vida, lo trasladaron con el higado reventado al cercano hospital de San Vicente. Las ultimas palabras del gales, justo antes de morir, fueron: 18 whiskies, no esta mal. Pero veo que Murphy vuelve a las andadas. ?Y ahora que pasa? ?A que vienen esos aspavientos? ?Que haces con ese despertador descomunal en alto? Eres un payaso, Murphy Burrell. ?Es que no puedes llevar un discreto reloj de pulsera como todo el mundo. ?Y ahora por que enarbolas una bandera roja? ?Es que has perdido el juicio por completo? Ah, vale, ya te entiendo…

Amigos, se ha acabado el tiempo. Es mas, me he pasado. Despues de lo que habia dicho de no aburrir. Les pido perdon sinceramente. Lastima, con todas las chuletas que me quedan. William Burroughs, que pena, con lo que me hubiera encantado hablarles de el. El pelmazo de Nabokov… en este caso, casi es mejor que no nos quede tiempo. En fin, punto final. Tan solo falta guardar un minuto de silencio en honor a nuestro amigo Mister T. Gracias por su atencion. Les ruego que se pongan en pie.

Requiescat in Pace. Amen.

[Sigue un largo espacio en blanco con el que el estenografo quiere dar valor tipografico a sesenta segundos sin palabras.]

EL ANGEL EXTERMINADOR

[Texto original de 1972. Revisado por Gal Ackerman en febrero de 1992.]

Sabado en The Chamberpot, con Marc Capaldi. Colm Talbot, el ex policia, acaba de abrir un bar justo al lado del Wilde Fire.

?Sabes como le ha puesto? me pregunta Marc. The Green Snot. Estos irlandeses son geniales con los nombres, la verdad.

Traduzco mentalmente: The Chamberpot, El Orinal; The Green Snot, El Moco Verde.

?A que no sabes de donde viene el nombre? vuelve a preguntar.

En ese preciso instante, un anciano cochambroso se acerca a pedirle un cigarrillo. La camarera sale de detras del mostrador decidida a ponerle de patitas en la calle, pero Marc la detiene con un gesto de la mano y apuntando con el indice al techo, exclama a voz en cuello:

Dios: ?no es verdad que el mar es una dulce madre gris?

El anciano parpadea, sin saber que decir. Marc continua, imperterrito:

El mar verde moco. El mar escroto galvanizador. Epi oinopa pontos. ?Ah, Dedalus, los griegos!

Marc suelta una carcajada y el anciano se rie con el.

James Joyce, Ulises, pagina uno, le dice Marc y le da un paquete de L &M casi entero. La camarera le dice al mendigo que se largue y no vuelva a asomarse por alli. Bueno, ?que? me pregunta Marc, ?vamos o no?

El Green Snot es una caja de zapatos, incrustada entre dos locales infectos, el Mad Stork (La Ciguena Loca) y el Wilde Fire (Fuego Salvaje). En el Mad Stork tocan jazz los sabados; el Wilde Fire es un topless de mala muerte, un puticlub semiencubierto. En la esquina hay una gasolinera delante de un lote baldio donde pasa de todo. A partir de medianoche, por la acera pulula un enjambre de putas y travestis. Cuando llegamos, en la gasolinera hay un coche patrulla con las luces giratorias encendidas. Los polis tienen las ventanillas bajadas y estan hablando tranquilamente con un par de individuos. Uno de estos saluda a Marc de lejos. Segun el la policia les cobra comision a los chulos, los camellos y los duenos de los bares. Estan un rato en la estacion de servicio, antes de dar un sirenazo y largarse.

En el Green Snot, Marc se va derecho al fondo del local y se queda hablando con un grupo de negros que van muy trajeados. Un pelirrojo grandullon limpia con un trapo humedo el trozo de mostrador que tengo delante.

Yo a ti te conozco, me dice. Tu eres amigo del Poeta, ?has venido con el?

Asiento. No se como diablos consigue Marc que le llamen asi en esos garitos de mala muerte.

Colm Talbot, dice el gordo. Me tiende la mano. Perdona, pero no me acuerdo de tu nombre.

Gal Ackerman.

Encantado. ?Es la primera vez que vienes al Green Snot?

Le digo que si.

En ese caso, invita la casa. ?Que va a ser?

Marc desaparece en el servicio de caballeros con uno de los negros trajeados. Al cabo de unos momentos salen juntos, riendose y restregandose la nariz, y desaparecen por una puerta que da al lote baldio.

?Tienes fuego, mi amor? pregunta una voz femenina a mis espaldas, en un espanol tenido de inflexiones caribenas. Al volverme veo a una mulata de ojos verdes que no puede tener mas de dieciocho anos. Me hurgo en los bolsillos, inutilmente.

Lo siento, digo. Creia que llevaba un mechero encima.

?Y aqui tampoco tienes candela? pregunta, amoldando el hueco de la mano a mis genitales.

Ten cuidado, blanquito, me susurra alguien, en ingles, al oido. Lo que le interesa es tu cartera, no tu polla.

Es Al Green, un amigo de Marc que toca el contrabajo en el Mad Stork. Choca su hombro contra el mio y me pone una bolsita de coca en la palma de la mano. No, gracias, le digo. Al le guina un ojo a la chica, le da fuego y se aleja hacia el water.

?Me invitas a una copa? me pregunta ella.

Le hago una sena a Colm para que la atienda. Pide una budweiser. Se llama Esmeralda y es de Spanish Harlem. Me dice que le han puesto ese nombre porque hace juego con sus ojos. Los abre mucho para que aprecie bien el color y parpadea. Me alegro de que no este Marc. Habria sido capaz de decirle que hacian juego con el nombre del local. Miro a la puerta, preocupado porque tarda en volver. Mi preocupacion no esta justificada. Al final Marc sale indemne de todas. Hace anos, cuando lo conoci, escribi esta semblanza sobre el:

Marc Capaldi, italoamericano, agente publicitario, 46 anos, tres libros de poesia publicados. Quedamos en su casa del West Side. Cuando salimos, se metio uno de sus libros en el bolsillo. No se por que le da por cargar con sus poemas en sus incursiones por aquellos pozos de negrura y soledad, donde busca desesperadamente mitigar el dolor con unos cristalitos de cocaina y las migajas de afecto que caben en un estallido de semen comprado. Le atraen los tipos patibularios, cuanto mas mejor, igual que los antros donde va a

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