El reborde mellado de los incisivos asomo por debajo de las cerdas lacias del bigote. Ni pirata ni hombre lobo: bandolero mexicano.

Creo que me queda un hamilton, estoy casi seguro, dijo, hablando en espanol, para mi extraneza.

?Un hamilton?

Se metio la mano peluda en el bolsillo y saco una pelota de papel verde. La desestrujo hasta convertirla en un pliego rectangular que reconoci como un billete de diez dolares.

Alexander Hamilton, dijo, alisando aun la efigie biliosa del padre de la patria, y agrego: En lugar de su vil valor numero-metalico, me refiero a los billetes por el careto del presidente en cuestion: Washington, 1 dolar; Lincoln, 5 dolares; Hamilton, 10 dolares; Jackson, 20 dolares; etc… Las mas altas denominancias veolas con menos frecuencia. Si mueves el culo hasta la barra te invito a una copa. Para mi un tequila sour.

Era torpe de movimientos, al levantarse casi tira la silla al suelo. Dejo el portafolios encima de la mesa, sin que pareciera preocuparle mucho que pudiera interesarse por el alguno de los parroquianos, todos con aspecto de codiciar los bienes ajenos, y se alejo camino del W.C.

Volvi con dos tequila sour, los plante en la mesa y me sente a esperar. A los dos minutos, el desconocido salio del retrete, aun subiendose la bragueta.

Mercibocu, me dijo, sumergio el indice en el tequila sour y lo dejo alli. Codigo 3, exclamo observando el dedo como si no fuera suyo. Respiro hondo y anadio, enigmatico: Me dedico a carcajulearme de ellos, rododendro en ristre. Dicho lo cual, se chupo el dedo banado de tequila sour antes de anadir: Me persiguen. Quieren captar mi efigie. Sonrio. Hace unos anos mi editor me alertuvo de que la revista Time habia mandado a un fotografiador al D.F., a ver si daba conmigo, y me di el piro a Guanajuato. Agarre un autobus meningitico que se paso cuatrocientoscincuentaiseis minutos traqueteando por las montanas. Pero lo peor fue cuando empezaron los premios de los cojonulos.

No tenia la menor idea de que queria decir, pero de todos modos pregunte:

?Es alli donde aprendio espanol? Quiero decir en Mexico.

No, alli es donde lo olvide. El espanol de Castilla lo aprendi en Cascadilla.

?Cascadilla?

?Cascadilla Hall! Es el nombre del edificio donde tenia mi dormitorio, en la Universidad de Cornell. Apunto con los dientes hacia el chorro de luz que caia del techo.

Prrosst, dijo, dando otro sorbito al coctel. ?Y tu de donde sales? ?Donde has aprendido espanol?

En Brooklyn, dije. ?Que se le perdia en Mexico?

Fui a terminar una novela. ?Cual es tu letra favorita?

Nunca se me ha ocurrido pensarlo.

La mia es la V. Tengo fuera el Corvier. Salgamos a la noche iridescente, dijo y apuro el tequila sour.

Le atraia la luz. En la puerta del bar se situo en la encrucijada de los haces que proyectaban dos focos situados a ambos lados de la entrada, uno amarillo y otro azul. Su silueta estriada floto indecisa en la luz liquida.

?Alli esta! dijo, girando sobre sus talones, y se acerco dando tumbos a un Corvier verde con matricula de California.

Se sento al volante, se abrocho el cinturon de seguridad y bajo el parasol derecho, donde guardaba un cigarrillo de marihuana a medio fumar al que se refirio como cucaracha. La encendio con un mechero de plastico violeta, y dio una calada larga y honda, mientras agitaba velozmente las rodillas, como si se estuviese orinando. Retuvo el aire en los pulmones y me paso el cigarrillo. Solto una nube de humo agridulce, que se expandio hasta colmar el interior del Corvier. Aspire. Un bisturi de platino iridiado me sajo longitudinalmente el esofago, abriendo paso a una senal luminosa que salio al exterior por el ombligo.

?Л me observaba divertido.

?Potente, eh? Con una calada te ultratumba, dijo, espero a que se apagara la cucaracha y la volvio a guardar en la solapa del visor. ?A que nunca has visto nadasi? Saco una bolsa de plastico de la guantera, abrio el reborde. Ganja negra. La hierba era de color alquitran. Los indios la cultivan en la alta montana. Azotan las mataplantas con unos latigos trenzados con hebras de plata, lo que hace que produzcan una cantidad mayor de retsina. Su voz me llegaba de muy lejos. Donde debieran estar sus ojos vi dos yescas al rojo vivo. La ganja negra, ques mas salwaje que la macona.

Se le empezo a distorsionar la voz. Los vocablos se encabalgaban. Lo ultimo que oi fue algo asi:

?queS q [yilph kiameth] ue ti fe?

Luego entramos en un tunel de sonidos ininteligibles. A la salida se ensamblo sola esta frase:

?Te gusta el jazz?

Intente articular una respuesta, sin lograrlo.

Thelonious Monk toca hoy en el Village, decia su voz, bailando en el espacio. En una cripta. Hace anos que dejo de tocar. Ocurrio de repente. El silencio se apodero de el. No tocaba, eso era todo. Crudivoro. Nada que ver con cuando tocaba en sitios como el Five Spot en los cincuenta. Le llamabamos Dios. Hoy actua Dios. Eso deciamos. Y que bandas. Bird. John Coltrane. De lo de hoy me ha avisado Edipa. Estoy en Nueva York solo por eso.

En la puerta del club un gorila le pide a ?Л que le ensene algun documento de identidad que demuestre su mayoria de edad. Por su aspecto frisa la cuarentena, pero necesitan comprobarlo. La literalidad yanqui.

No hay fecha de nacimiento, dice el gorila resoplando.

?Л saca un manojo de carnets y los despliega en abanico. El portero los va pasando y cuando se tropieza con el de conducir, grune, satisfecho:

Bienvenido, mister Lippincott. (Mas avanzada la noche comprendi que le gustaba apropiarse de los apellidos de sus personajes.)

Dentro, en una de las mesas justo enfrente del escenario, hay una mujer sentada junto a un tipo flaco, que lleva gafas de sol y gorra de beisbol. Nos hacen senas. ?Л me los presenta como Edipa y Don. Nos sentamos. Thelonious Monk hace aparicion con un sombrero de piel de leopardo y un silencio religioso se aduena de la sala.

Arrodillate ante el misterio, me dice ?Л. Thelonious se inclina sobre el teclado y transcurre una infinidad sin que se decida a tocar la primera nota. Nadie se mueve. Ni un siseo de nerviosismo. Don me susurra al oido: Esta escuchando algo que solo el puede oir.

Sin duda, los musicos lo saben y esperan a que les haga una senal.

Es un genio, dice ?Л a la salida. Un fuckingputopinchegenius, esos lo ques Thelonius Monk. Estrosi. El extasis extratransferial.

Cuando entra en estos trances linguisticos, no hay nada que hacer, dice Edipa, metiendole la mano en un bolsillo.

No podeis dejar que conduzca en ese estado, interviene Don.

En eso estaba, dice Edipa, haciendo tintinear el manojo de llaves que le acaba de quitar a ?Л.

Vamos a mi casa. Tengo mescalina.

Don dice que se tiene que ir al Bronx y se despide. Edipa se sienta al volante. ?Л se pone a tocar los bongos en el asiento trasero del Corvier, hasta caer dormido.

?De que lo conoces? me pregunta Edipa, una vez en marcha.

Me lo encontre en un bar hace un par de horas. Me trajo aqui.

?Entonces no sabes quien es?

Ni idea.

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