punto de vista fisiologico, seguia estando capacitada para tener hijos. No le dio el menor credito a su teoria de que los abortos los provocaba ella, poniendo involuntariamente en marcha sus instintos autodestructivos, pero de todos modos le aconsejo que consultara con un psicologo. Mi madre contesto que no hacia falta, que las cosas habian cambiado. El ginecologo asintio, asegurandole que haria cuanto estuviera en su mano. Nadia espero hasta mediados del tercer mes antes de anunciarle a Bruno que estaba embarazaba. Mi padre le confeso que en algun momento habia llegado a sospecharlo, pero que en seguida desecho la idea. Lo importante, ahora que estaba al tanto, era que compartia al ciento por ciento su certeza de que todo iba a salir bien. El embarazo llego al cuarto mes, y al quinto. Nunca habia logrado alcanzar un estado tan avanzado de gestacion. De noche escuchaba atentamente las senales que le llegaban del interior de su propio cuerpo, unas senales que le confirmaban que todo se iba desarrollando en conformidad con los designios de la naturaleza. Llegaron el sexto, el septimo, el octavo mes. El embarazo entro en su fase final. Salio de cuentas y dio a luz poco despues, en un parto sin complicaciones.

Normalmente, cuando se cuenta una historia es porque se quieren referir sucesos singulares o extraordinarios. En la historia de mi gestacion no hay nada que merezca la pena destacar; lo insolito fue la falta de incidencias, que no pasara nada digno de mencion. Esa es tambien un poco la historia de Nadia a partir de que naci yo. Segun me dijo ella misma, la maternidad le transformo el caracter, aunque en mi opinion el cambio se empezo a operar antes, cuando conocio a Bruno. En general fue un cambio para bien, aunque hubo cosas que se perdieron. Se limaron ciertas aristas de su personalidad; la rabia que siempre habia sido parte de su caracter, y que era inseparable de su creatividad desaparecio como por ensalmo.

Fue un fenomeno complejo, que no entendi bien hasta mucho despues, cuando ya no la tenia a mi lado para hablar con ella. Donde mejor se aprecia lo que le sucedio es en su relacion con la musica. Siguio siendo el centro de su vida, como lo habia sido desde que era nina. Habia llegado hasta Paris gracias a su talento musical. Sus estudios con Bedier eran la culminacion de muchos anos de esfuerzos. Pero las cosas no eran exactamente igual que antes: la ambicion que hasta entonces habia sido el motor de todo cuanto hacia, se habia esfumado. Nadia Orlov, la violinista prodigio de quien tanto esperaban sus profesores, perdio el interes por competir, por luchar, por destacar. Ser mejor que los demas dejo de ser un acicate para ella. Siguio sometida a la rigida disciplina que le habia impuesto Bedier hasta que se cumplio el termino de la beca, pero en su fuero interno habia renunciado a la idea de ser concertista. La musica le siguio interesando tanto o mas que siempre, pero se trataba de un interes puramente espiritual, interno. El mundo y sus vanidades no tenian nada que ver en ello.

En eso coincidia plenamente con mi padre. Bruno Gouvy era hijo y nieto de diplomaticos. Se podria decir que llevaba la carrera en la sangre. Y sin embargo, ironicamente, carecia de vocacion. No es que su profesion le disgustara, pero la verdad es que se resigno a seguir la tradicion familiar mas que nada porque no violentaba en exceso su caracter. Para el la diplomacia era la coartada perfecta. Elegancia, buenas formas, saber llevar con discrecion una mascara. Sin necesidad de hacer ningun esfuerzo, el verdadero ser de Bruno Gouvy quedaba oculto, protegido. Solo cuando se sabia lejos de todo protocolo, de puertas para dentro, en la intimidad, era capaz de permitirse el lujo de ser el mismo. Para mi padre preservar su identidad de las agresiones del mundo exterior era algo mas que un mecanismo de defensa. Tenia algo de sagrado. Pocas cosas le parecian mas importantes, quiza ninguna. De todo esto me fui dando cuenta poco apoco, pero ahora que me ha llegado tambien a mi el turno de salir al mundo y enfrentarme en solitario a sus asechanzas, lo veo de manera muy palpable.

En cuanto a mi fui una nina protegida hasta lo enfermizo. Mi infancia discurrio en el interior de una capsula esterilizada, ajena por completo a la realidad circundante. Despues de nacer yo, mis padres construyeron una torre de marfil en la que solo habia cabida para ellos dos y para mi. Les bastaba con su hija, con su compania mutua, y mas alla de esto, con un circulo muy restringido de amigos. Dentro de aquella fortaleza (esto es crucial para entender su matrimonio) solo tenia valor lo que guardaba relacion con las artes. Vivian en un universo ficticio cuya unica religion era la belleza. Papa aporto a aquella alianza su pasion por la pintura; mama, su pasion por la musica. Entre uno y otro polo, habian tendido un hilo conductor en el que se engarzaban las distintas artes. Lo que no tuviera que ver con la belleza no importaba.

En contraste con lo que le dije antes hablando de cuando se quedo embarazada de mi, la historia de Nadia antes de su matrimonio, es sumamente singular. Nacio, crecio y se educo en Laryat, Siberia, en una ciudad artificial cuyos habitantes eran casi en su totalidad cientificos. Si antes hable de la religion de la belleza, ahora habria que hablar de la del pensamiento, el conocimiento y la cultura. Habia un cuadro de educadores cuya mision era que los ninos recibieran una formacion enciclopedica: musica, idiomas, fisica, matematicas, astronomia, historia, literatura, filosofia, ciencias sociales. Nadia se fue siendo aun demasiado pequena. Muy joven, ya en los Estados Unidos, se puso de manifiesto que su vocacion era la musica. Tenia un talento extraordinario para el violin. Antes de cumplir los doce anos, la admitieron en el Conservatorio de Boston. Aunque es una institucion habituada a los ninos prodigio, el tribunal se quedo asombrado cuando la oyo tocar en el examen de ingreso. Anos despues, cuando entro en la Juilliard despues de graduarse de Smith College, causo una impresion semejante. A lo largo de su carrera colmo ampliamente las expectativas que sus profesores habian puesto en ella. Cuando se graduo le dieron el premio extraordinario de su promocion y una beca para estudiar tecnicas avanzadas de interpretacion en el Conservatorio de Paris. Todo esto se lo cuento, Chapman, porque el final engarza de manera misteriosa con el principio de la historia. La idea era propiciar las condiciones ideales para que debutara como concertista, pero a raiz de conocer a Bruno y de tenerme a mi, aquello paso a un segundo plano. Nadia eligio llevar un tipo de vida completamente diferente. Ahora que lo veo con cierta perspectiva, ocurrio algo muy extrano. Nadia Orlov (despues Rossofi pero de esa etapa de su vida no se nada) desaparecio, dando paso a una persona muy distinta, Nadia Gouvy.

Mi padre y yo nunca hablamos de cosas intimas. Le resulta sencillamente imposible. Es un hombre refinado, de una sensibilidad exquisita, capaz de sentimientos muy profundos, solo que no necesita el orden de lo verbal para comunicarlos. La pasion de Bruno Gouvy no podia ser otra que la pintura: una forma de expresion estatica, visual, contemplativa. Yo he heredado las inclinaciones de mis padres a partes iguales. Para mi el arte y la musica constituyen una combinacion perfecta. Son mis grandes pasiones, y siempre he pensado que mi vocacion por la arquitectura se debe a que, en cierto modo, es un punto de equilibrio perfecto entre los mundos de mis padres. Una cosa curiosa de Bruno es que pese a lo apacible de su caracter, su pasion por la pintura roza en ocasiones la locura. Es perfectamente capaz de recorrer miles de kilometros solo para poder estar delante de un cuadro. Recuerdo que cuando yo tenia, que se yo, unos diez anos, quiso que Nadia y yo le acompanaramos en uno de aquellos viajes. Tenia que desempenar no se que mision diplomatica en la Ciudad del Vaticano. Finalizada la mision, nos anuncio que en lugar de volver a Londres, ibamos a acercarnos a Palermo, y al dia siguiente por la manana alquilo un coche. ?Nos llevo de un tiron nada menos que a Sicilia! Se dice pronto. Todo porque queria que vieramos con el la Nunziata de Antonello da Messina.

Llegamos al museo donde se conserva el oleo despues del horario de visitas. Un empleado del palazzo nos esperaba a la puerta. Bruno habia concertado con el una cita a traves de la embajada. Abrieron el museo solo para nosotros. Guiados por el funcionario, fuimos directamente a la sala donde se encontraba la Nunziata. Yo era muy pequena para pensar en los terminos que estoy empleando al hablar con usted ahora, pero retrospectivamente le doy toda la razon a Bruno. Vale la pena ir a Sicilia para contemplar la tabla de Antonello da Messina. Es una experiencia inolvidable. Hicimos noche en un hotel del centro, y al dia siguiente por la manana, volvimos a ver el cuadro para despedirnos de el, e inmediatamente despues emprendimos el viaje de regreso a Roma. ?Se imagina, Nestor, hacer una cosa asi? Pues bien, ese es Bruno Gouvy.

Mi padre defiende una teoria muy curiosa, segun la cual, lo sepa o no, cada individuo tiene un cuadro que es el suyo, uno solo, una obra maestra que contiene las claves de nuestra personalidad, una obra de arte que nos identifica y que en cierto modo resume nuestra forma de entender la vida, nuestro mundo estetico y espiritual. En aquel viaje, cuando Nadia la tuvo delante, sintio que la Nunziata de Da Messina era su cuadro, en el sentido que le habia oido decir tantas veces a Bruno. Espero a estar en Londres para preguntarle a papa si la habia llevado a verlo porque sospechaba que iba a ocurrir aquello, y el le contesto con toda franqueza que no. El motivo por el que nos pidio que fueramos con el a Palermo era su deseo de compartir con nosotras la experiencia de contemplar el original de una obra que le fascinaba desde hacia mucho tiempo, a pesar de que solo la conocia a traves de reproducciones.

?El cuadro favorito de Bruno? Por supuesto que no me importa decirselo, no es

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