con quien tuve cierto trato en todo el tiempo que vivi en el cuarto de Gal fue una tal Linnea. Era una mujer muy atractiva, entre treinta y cinco y cuarenta anos, con aspecto de actriz de cine negro. Llego al motel en pleno invierno, unos ocho meses despues que yo. Se tenia el pelo de rubio platino y siempre llevaba joyas y pieles caras. Cuando me tropezaba con ella, se paraba invariablemente a hablar conmigo. La primera vez que nos cruzamos yo salia del estudio y me pidio fuego. Se lo di y me conto que habia vivido en el motel en los viejos tiempos y me pregunto que habia sido de Gal. No estaba al tanto de su muerte y cuando se lo dije se quedo muy impresionada. Le conte que estaba poniendo en orden sus escritos con idea de terminar un libro que habia dejado a medio hacer, y me dijo que siempre habia sabido que Gal era un artista. Se fue sin despedirse, como si de repente hubiera caido en la cuenta de que no era conveniente que la vieran hablando con un desconocido en los pasillos del motel. Las demas veces actuo igual: con la excusa de pedirme fuego, se detenia unos momentos a charlar, hasta que se interrumpia con brusquedad y se alejaba sin decir adios. Nunca supe si era una call-girl de lujo, o la amante de algun pez gordo. La traian y llevaban en una limousine negra de la que, aparte del chofer, un tipo de aspecto hostil que tenia acento haitiano, no se bajaba nunca nadie. Una tarde me sorprendio ver un monton de maletas frente a su puerta. El haitiano aparecio de repente y al verme parado junto al equipaje me fulmino con la mirada. Recuerdo que nevaba. Desde mi habitacion vi la limousine aparcada en doble fila. Por una de las ventanillas asomaba la boquilla humeante de Linnea. Al cabo de unos instantes, el chofer metio los bultos del equipaje en el maletero, se sento al volante y se llevo a la amiga de Gal para siempre. Con el resto de los inquilinos no tuve nunca el menor trato. Podian pasar semanas sin que me tropezara con nadie en los pasillos. Sabia cuando se habia desalojado algun cuarto, porque entonces Alida dejaba la llave puesta en la cerradura por la parte de fuera.
Lo que Frank llamaba el motel constaba de un total de seis habitaciones, de distintos tamanos, y estaban todas sin numerar, salvo la mia. Algunas eran suites, y otras autenticos cuchitriles. Despues de que se fuera Linnea, adquiri la costumbre de meterme en los cuartos que se quedaban desocupados y merodear por sus espacios vacios. No se por que lo hacia. Me asomaba a las ventanas y me quedaba mucho tiempo contemplando Atlantic Avenue y las luces del puerto. Una manana, desaparecia la llave de la cerradura y era asi como sabia que el cuarto volvia a estar ocupado. No tenia nada de raro que la gente desapareciera del motel, despues de haber pasado alli meses, sin que se hubieran cruzado en mi camino una sola vez.
Frank ponia especial cuidado en que no hubiera puntos de fuga entre el motel y el Oakland. Eran universos paralelos, sin la menor comunicacion entre si. Los inquilinos del primer piso no entraban en el bar, y al reves, a ningun parroquiano del Oakland se le habria ocurrido bajo ningun concepto asomar las narices en la parte de arriba. De hecho, cada espacio tenia su propia salida a la calle, aunque al fondo de la pista de baile habia una puerta revolver que daba al pasillo interior del edificio. Por alguna razon, Frank la mantenia abierta, pero era raro que nadie la usara, excepto Gal. Desde siempre, reservo uno de los cuartos de arriba para uso propio. Durante muchos anos lo ocupo Raul. Despues que se fue a vivir a Teaneck, Frank se lo ofrecio a Gal, y cuando me puse a trabajar en la novela, a mi. En la puerta figuraba el numero 305, con digitos de bronce, que habia puesto el propio Gal. Nunca llegue a conocer el significado de aquella cifra. El numero de la habitacion del Hotel Chelsea donde se suicido Mr. T. era tambien el 305. En cuanto al motel en si, Frank actuaba sencillamente como si no existiera. Nunca hablaba de el ni habia nada que lo delatara: ni un rotulo en la calle, ni un mostrador de recepcion, nada. Los nombres de los inquilinos no figuraban en ningun libro de registro. Podian pasar alli largas temporadas, pero eran invisibles. Nunca llegue a saber que clase de manejos se traian. En la memoria me bailan algunas imagenes borrosas: un Bentley que llegaba en plena madrugada y permanecia aparcado durante varias horas frente a la puerta sin que hubiera rastro de el por la manana; grupos de individuos que entraban y salian sigilosamente del edificio. Una noche sin luna, desde mi ventana, vi a Frank escoltado por Victor repartiendo dinero entre varios tipos que se acababan de bajar de una camioneta entoldada. En otra ocasion me tropece en el vestibulo con un grupo de chicas extranamente disfrazadas. Si en el primer piso del Oakland se llevaban a cabo manejos mas o menos ilegales, yo nunca llegue a saber en que consistian. No creo que Frank estuviera directamente implicado. Mi impresion es que se limitaba a alquilar las habitaciones sin meterse en averiguaciones. Otero le franqueo a Gal la entrada en aquel mundo porque sabia que era la discrecion en persona. Cuando llegue yo, no vio ninguna razon para actuar de otra manera. En cuanto al Oakland, aunque no era un espacio secreto, tampoco era exactamente un lugar abierto a todo el mundo. En cierto modo habia que descubrirlo. Una visita esporadica daba igual, pero a largo plazo, Frank solo aceptaba en su bar a quienes le caian bien. Tenia debilidad por los tipos raros, gente con historias mas bien oscuras a sus espaldas. Era a ellos a quienes acogia preferentemente. Mas de uno dependia de el para subsistir; habia incluso quienes recibian un pequeno estipendio semanal. A cambio de su ayuda, sus protegidos tenian que hacer ciertos trabajos. Alida y Ernie se encargaban de eso y lo hacian con la misma discrecion que si estuvieran blanqueando dinero. A otros les fiaba las copas, y cuando llegaba la hora de saldar la deuda, podia suceder que solo les cobrara una parte, segun las circunstancias. En todo caso, los criterios de seleccion de Frank no eran siempre comprensibles. Fundamentalmente, si alguien no encajaba en su vision… no lo admitia en su circulo y punto.
Una vez dentro, habia que acatar sus reglas. Frank gobernaba el Oakland conforme a un codigo de leyes no escritas que era preciso observar escrupulosamente. Una cosa que me llamo en seguida la atencion fue que no se ocupaba solo de las necesidades materiales de su gente. Muchos de los habituales del Oakland eran, para usar una expresion de Gal Ackerman, gente derrotada por la vida, individuos que habian perdido el norte y de repente se sentian seguros alli. Le paso a muchos: a Manuel el Cubano, a Niels Claussen, al propio Gal. A mi estuvo a punto de ocurrirme, pero supe reaccionar a tiempo. Gal no. Estaba cansado de dar tumbos cuando, un buen dia, dio con sus pasos en el Oakland y se quedo atrapado en sus redes para siempre. No fue algo inmediato. Al principio consiguio salir, alejarse, seguir adelante con su vida, pero al final habia siempre un punto en que volvia. Las espantadas que le vi dar poco despues de mi llegada, cuando desaparecia por espacio de varios dias, fueron sus ultimos coletazos. Era como si la remota tarde que llego alli por primera vez, alguien hubiera trazado un circulo invisible a su alrededor. Al principio probablemente fuera muy holgado, pero con el paso de los anos el cerco se habia estrechado tanto que llego un momento en que ya no le resulto posible salir de el.
Se llamaba Bruno Gouvy y era diplomatico. Lo conocio en Paris, en septiembre del 85, en una exposicion patrocinada por la embajada belga, en la que el ocupaba el cargo de primer secretario. Ella tenia una beca para estudiar con Bedier en el conservatorio. Su idilio fue muy breve. Se casaron en diciembre, en una ceremonia civil poco menos que secreta. Yo naci a finales del 87. Cuando yo tenia dieciseis o diecisiete anos, Nadia me confeso que nunca se habia enamorado asi. Queria decir que nunca habia conocido una relacion exenta de sobresaltos, como lo era aquella. Sus historias de amor habian sido siempre muy atormentadas.
Me desorientaba que mi madre me hablara de sus sentimientos intimos con tanta franqueza. Oirle decir que habia estado enamorada de otros hombres me llenaba de inquietud. Para mi el universo se sostenia gracias a mis padres. La miraba entre fascinada y asustada, tratando de imaginarme su vida anterior. Mi vision del mundo se empezo a tambalear. Senti que se abria un abismo a mis pies. El vertigo me hizo abrazarme a ella con todas mis fuerzas. Queria sacudir la imagen que surgia ante mi y quedarme con la que siempre habia conocido. Sabia que mi madre adoraba a Bruno, no era eso lo que me inquietaba. Habia sido asi desde el primer momento, y nunca habria de cambiar. Se sentia segura junto a el, le transmitia paz. A su lado descubrio una calma interior que no sospechaba que pudiera existir.
Anos despues, estando muy enferma, me confeso que si habia podido dar a luz era gracias a la estabilidad que le proporcionaba el. Antes de conocerlo se habia quedado embarazada muchas veces, pero en torno al cuarto mes, indefectiblemente, abortaba. Perdia el feto de manera espontanea. Lo terrible era que no habia ninguna causa fisiologica para que fuera asi. Estaba convencida de que la culpa era suya, de que en su interior anidaba una fuerza autodestructiva que atentaba contra sus instintos mas profundos. No entendia por que, pero le aterraba la posibilidad de dar una respuesta positiva al misterio de la vida. Esa era la explicacion que se daba a si misma. La ultima vez que le ocurrio, el medico fue tajante: no podia permitirse un solo aborto mas; era demasiado peligroso. Tenia que resignarse a la idea de que no podia tener hijos. Eso fue antes de que se conocieran, cuando ella aun vivia en Estados Unidos. Unos meses despues de casarse, se le metio en la cabeza la idea de que con Bruno iba a poder tener el hijo que tanto deseaba. Nunca habia estado tan segura de nada en todos los dias de su vida. Espero a quedarse encinta, cosa que no tardo mucho en suceder, tenia mucha facilidad para eso, el problema venia despues. Busco un buen ginecologo. Lo puso en antecedentes, y le anuncio que estaba decidida a intentar llevar a termino aquel nuevo embarazo. Despues de examinarla, el medico le dijo que efectivamente, los abortos que habia tenido en el pasado habian hecho mella en su organismo, aunque desde el
