enrollada en la nuca y los ojos de humo brillando en su rostro pecoso, para decirme que esa trifulca no era nada de mi incumbencia y no habia razon para tener miedo, que me sacudiera el susto y echaramos a andar juntas. Me puse de pie y le tome la mano.
No pude encontrar a ninguno de mis conocidos, tampoco tuve valor para volver a la calle Republica, porque cada vez que me aproximaba veia las patrullas estacionadas y supuse que me esperaban a mi. Nada sabia de Elvira desde hacia mucho tiempo y descarte la idea de buscar a mi Madrina, que en esa epoca ya habia perdido la razon por completo y solo se interesaba en jugar a la loteria, convencida de que los santos le indicarian por telefono el numero ganador, pero la corte celestial se equivocaba en las predicciones tanto como cualquier mortal.
La celebre Revuelta de las Putas puso todo patas arriba. Al principio el publico aplaudio la energica reaccion del Gobierno y el Obispo fue el primero en hacer una declaracion a favor de la mano dura contra el vicio; pero la situacion se invirtio cuando un periodico humoristico editado por un grupo de artistas e intelectuales, publico bajo el titulo de Sodoma y Gomorra las caricaturas de altos funcionarios implicados en la corrupcion. Dos de los dibujos se parecian peligrosamente al General y al Hombre de la Gardenia, cuya participacion en traficos de toda indole era conocida, pero hasta ese momento nadie se habia atrevido a ponerla en letras de molde. La Seguridad allano el local del diario, rompio las maquinas, quemo el papel, detuvo a los empleados que pudo atrapar y declaro profugo al director; pero al dia siguiente aparecio su cadaver con huellas de tortura y degollado, en el interior de un automovil estacionado en pleno centro. A nadie le cupo duda de quienes eran los responsables de su muerte, los mismos de la matanza de universitarios y la desaparicion de tantos otros, cuyos cuerpos iban a parar a pozos sin fondo, con la esperanza de que si en el futuro eran encontrados, serian confundidos con fosiles. Este crimen colmo la paciencia de la opinion publica, que llevaba anos soportando los abusos de la dictadura, y en pocas horas se organizo una manifestacion masiva, muy diferente a los mitines relampagos con que la oposicion protestaba en vano contra el Gobierno. Se atocharon las calles cercanas a la Plaza del Padre de la Patria con miles de estudiantes y obreros, que elevaron banderas, pegaron pancartas quemaron cauchos. Parecia que por fin el miedo habia retrocedido para dar paso a la rebelion. En medio del tumulto avanzo por una avenida lateral una breve columna de extrano aspecto, eran las ciudadanas de la calle Republica, quienes no habian comprendido el alcance del escandalo politico y creyeron que el pueblo se alzaba en su defensa. Conmovidas, algunas ninfas treparon a una improvisada tribuna para agradecer el gesto solidario hacia las olvidadas de la sociedad, como se autodesignaron. Y esta bien que asi sea, compatriotas, porque, ?podrian las madres, las novias y las esposas dormir en paz si nosotras no realizaramos nuestro trabajo? ?donde se desfogarian sus hijos, sus novios y sus maridos si no cumplieramos con nuestro deber? La multitud las ovaciono de tal forma, que por poco se arma un carnaval, pero antes de que eso sucediera el General saco el Ejercito a la calle. Las tanquetas avanzaron con estrepito de paquidermos, pero no llegaron lejos, porque se hundio el pavimento colonial de las calles centricas y la gente aprovecho los adoquines para arremeter contra la autoridad. Hubo tantos heridos y contusos, que se declaro al pais en estado de sitio y se impuso toque de queda. Estas medidas aumentaron la violencia, que exploto por todas partes como incendios de verano. Los estudiantes colocaron bombas de fabricacion domestica hasta en los pulpitos de las iglesias, el populacho derribo las cortinas metalicas de los almacenes de los portugueses para apoderarse de la mercaderia, un grupo de escolares atrapo a un policia y lo paseo desnudo por la Avenida Independencia. Hubo muchos destrozos y victimas que lamentar, pero fue una estupenda pelotera que ofrecio al pueblo la oportunidad de gritar hasta desganitarse, cometer desmanes y sentirse libre de nuevo. No faltaron bandas de musicos improvisados tocando en tambores de gasolina vacios y largas filas de bailarines sacudiendose al son de los ritmos de Cuba y Jamaica. La asonada duro cuatro dias, pero finalmente se apaciguaron los animos, porque todos estaban exhaustos y nadie podia recordar con precision el origen de lo ocurrido. El ministro responsable presento su renuncia y fue remplazado por un conocido mio. Al pasar delante de un kiosko, vi su retrato en la primera pagina de un periodico y me costo reconocerlo, porque la imagen de aquel hombre severo, con el ceno fruncido y la mano en alto, no correspondia a la de quien deje humillado en un sillon de felpa obispal.
Hacia el fin de semana el Gobierno recupero el control de la ciudad y el General partio a descansar a su isla privada, panza arriba bajo el sol del Caribe, seguro de que hasta los suenos de sus compatriotas estaban en su puno. Esperaba gobernar el resto de su vida, porque para eso tenia al Hombre de la Gardenia vigilando que no se conspirara en los cuarteles ni en la calle, y ademas estaba convencido de que el relampago de la democracia no habia durado suficiente como para dejar huellas importantes en la memoria del pueblo. El saldo de ese tremendo bochinche fue algunos muertos y un numero indeterminado de presos y exilados. Se abrieron otra vez las timbas y serrallos de la calle Republica y regresaron sus ocupantes a las labores habituales, como si nada hubiera sucedido. Las autoridades continuaron recibiendo sus porcentajes y el nuevo ministro se mantuvo en su puesto sin contratiempos, despues de ordenar a la policia que no molestara al hampa y se dedicara, como siempre, a perseguir a los opositores politicos y dar caza a los locos y mendigos para afeitarles la cabeza, rociarlos con desinfectante y soltarlos en las carreteras para que desaparecieran por vias naturales. El General no se inmuto ante las habladurias, confiado en que las acusaciones de abuso y corrupcion solidificarian su prestigio. Habia hecho suya la leccion del Benefactor y creia que la historia consagra a los jefes audaces, porque el pueblo desprecia la honestidad como una condicion de frailes y de mujeres, poco deseable para ornamento de buen varon. Estaba convencido de que los hombres doctos sirven para honrarlos con estatuas y es conveniente disponer de dos o tres de ellos para exhibir en los textos escolares, pero a la hora de repartirse el poder, solo los caudillos arbitrarios y temibles tienen oportunidad de triunfar.
Muchos dias anduve vagando de un lado para otro. No participe en la Revuelta de las Putas, porque me cuide de evitar los desordenes. A pesar de la presencia visible de mi madre, al principio sentia un vago ardor en el centro del cuerpo y la boca seca, aspera, llena de arena, pero despues me acostumbre. Olvide los firmes habitos de limpieza inculcados por la Madrina y Elvira y deje de acercarme a las fuentes y grifos publicos para lavarme. Me converti en una criatura sucia, que en el dia caminaba sin rumbo fijo, comiendo lo que pudiera conseguir, y al atardecer me refugiaba en un sitio oscuro para ocultarme durante el toque de queda, cuando solo los coches de la Seguridad circulaban por las calles.
Un dia a eso de las seis de la tarde conoci a Riad Halabi. Yo estaba en una esquina y el, que pasaba por la misma acera, se detuvo a contemplarme. Levante la cara y divise a un hombre de mediana edad, corpulento, de ojos languidos y parpados gruesos. Creo que usaba traje claro y corbata, pero yo lo recuerdo siempre vestido con esas impecables guayaberas de batista que poco despues yo misma plancharia con esmero.
– Pst, muchachita… me llamo con voz gangosa
Y entonces note su defecto en la boca, una hendidura profunda entre el labio superior y la nariz, los dientes separados, a traves de los cuales asomaba la lengua. El hombre saco un panuelo y se lo llevo a la cara para ocultar su deformidad, sonriendome con sus ojos de aceituna. Empece a retroceder, pero me invadio de pronto una profunda fatiga, un anhelo insoportable de abandonarme y dormir, se me doblaron las rodillas y cai sentada, mirando al desconocido a traves de una neblina espesa. El se inclino, me tomo de los brazos, obligandome a ponerme en pie, a dar un paso, dos, tres, hasta que me encontre instalada en una cafeteria ante un enorme emparedado y un vaso de leche. Los cogi con manos temblorosas, aspirando el olor del pan caliente. Al masticar y tragar senti un dolor sordo, un placer agudo, una ansiedad feroz, que despues solo he encontrado algunas veces en un abrazo de amor. Comi con rapidez y no alcance a terminar, porque me volvio el mareo y esta vez las nauseas fueron incontrolables y vomite. A mi alrededor la gente se aparto asqueada y el mesonero comenzo a proferir insultos, pero el hombre lo hizo callar con un billete y sosteniendome por la cintura me saco de alli.
– ?Donde vives, hija? ?Tienes familia?
Negue avergonzada. El hombre me condujo hasta una calle cercana donde esperaba su camioneta, destartalada y repleta de cajas y bolsas. Me ayudo a subir, me cubrio con su chaqueta, puso el motor en marcha y se dirigio hacia el oriente.
El viaje duro toda la noche a traves de un paraje oscuro, donde las unicas luces eran las alcabalas de la Guardia, los camiones en su ruta hacia los campos petroleros y el Palacio de los Pobres, que se materializo por treinta segundos al borde del camino, como una vision alucinante. En otros tiempos fue la mansion de verano del Benefactor, donde bailaron las mulatas mas bellas del Caribe, pero el mismo dia que murio el tirano empezaron a llegar los indigentes, primero timidamente y despues en tropel. Entraron a los jardines y como nadie los detuvo siguieron avanzando, subieron por las anchas escaleras orilladas por columnas talladas con remaches de bronce, recorrieron los fastuosos salones de marmol blanco de Almeria, rosa de Valencia y gris de Carrara, cruzaron los