Pelo rapado al uno con tatuaje en el cogote, patillas muy finas bajandole por el menton, traje gris oscuro o negro con buena caida pero incongruentemente con deportivas en lugar de zapatos, tal vez seria la moda, y en lugar de camisa un sueter de cuello alto tambien negro. Tony iba en plan clasico y al lado del otro su traje parecia de saldo. Hablaban con cierta confianza, pero como no podia adivinar lo que decian ni queria ser sorprendido mirandoles me escurri hacia los ascensores y ahi se acabo todo de momento.

Del esfuerzo de ir a toda prisa por los pasillos y escaleras tenia el cuerpo revuelto. A la hora de cenar me tome una tortilla francesa en mi bar de siempre y al regreso llame a mi hija desde el telefono publico del hotel. Hacia tantos dias que no hablaba con ella que de pronto temi que le hubiese ocurrido algo, estaba demasiado preocupado por gente que no conocia y descuidaba a las personas realmente importantes, las personas para las que yo significaba algo. Siempre me habia pasado igual. «Siempre» fue a partir de estar en el campo. Todo lo que conoci a partir del campo entraba en la palabra siempre. Siempre estuve mas pendiente de aquellos que me habian hecho dano que de aquellos que me querian, y siempre habia algo mas urgente que tumbarme en la playa a contemplar como crecia mi hija y se untaba la crema lenta y minuciosamente mi mujer.

Ella me decia, te arrepentiras cuando la vida pase y te des cuenta de que era lo verdaderamente importante. Lo importante es lo que luego queda involuntariamente en la cabeza, un dia de sol, una comida agradable, un paseo al atardecer. Raquel tenia razon, hasta que no pasa el tiempo no se sabe que ha sido lo importante en nuestra vida. Se me habia quedado grabada mi hija de nina jugando en el patio del colegio mientras yo la veia detras de la verja y tambien Raquel cuando los viernes se arreglaba para que nos fuesemos al cine y luego a cenar.

Mi hija estaba bien, pero muy preocupada por mi. Me pidio que por todos los santos me comprara un movil para estar localizable. Me pregunto si comia bien, si me tomaba la medicacion, si me habia tomado la tension en alguna farmacia, si me controlaba el azucar, las tipicas cosas que se le preguntan a los viejos tocados del ala. Le dije que nunca me habia encontrado mejor y que lo de la casita de verano estaba en marcha. Le dije que habia hecho unos cuantos amigos y le iba a hablar de Sandra, de que podria ser mi nieta, pero mi hija no podia tener hijos y me parecio cruel decir algo asi. Le dije que se trataba de un grupo de gente que vivia en una residencia de la tercera edad, y que aqui habia mucho abuelo intentando quemar los ultimos cartuchos.

Mi hija se lo creyo a medias, pero callo porque deseaba creerselo, deseaba con todas sus fuerzas que yo fuese un jubilado viudo con ganas de jarana y de aprovechar el tiempo que me quedaba. El problema es que colgaria el telefono pensativa porque me conocia y no entraba en mis calculos divertirme porque si. Antes de «siempre» podria haberlo hecho, pero despues de «siempre» ya era imposible. Los seres anodinos y mediocres como Hitler no podian soportar que otros seres humanos supieran sacarle a la vida mas jugo y mas gracia que ellos, por lo que no solo querian aterrar y aniquilar sino quitar las ganas de vivir, Hitler queria que el mundo fuera horrible. Y asi fue ya siempre para muchos. Tambien para mi el mundo se convirtio en un sitio que podia ser horrible si a alguien con poder le salia de los cojones.

Abri la habitacion. No habia entrado nadie. Podria ser que por esta noche el mundo fuera suficientemente apacible. Por las cristaleras que daban a la terraza se veian las estrellas y el rayo laser de alguna discoteca y los nubarrones negros se deshacian en una oscuridad profundamente azulada, y encendi la lamparita de noche que habia junto a la cama.

Pero con el nuevo dia, con la luz, venia la accion. No queria impacientarme con los resultados de los analisis y espere hasta la tarde, no queria que en el laboratorio recelaran mas de lo debido.

Para aprovechar la manana me fui hasta el Nordic Club, donde solian jugar al golf Fred y Otto con otros viejos nazis extranjeros y simpatizantes espanoles. Tambien estaba Martin y mas tarde se incorporo la Anguila. La Anguila jugaba. Iba muy bien equipado y era de modales suaves. Martin se limitaba a mirar, pero todos hablaban, quiza estuvieran hablando de Sandra porque en un momento determinado Fred dio un golpe seco con el baston en la tierra, le estaban sacando de sus casillas. Los demas reanudaron sin hacer mucho caso el juego y uno de ellos golpeo la pelota y la mando lejos. Los estuve observando hasta que se fueron alejando hacia otros hoyos y regrese al coche. No podia dejarme ver despues de saber por Sandra que tenian mi foto, por lo menos no podia precipitar las ganas de estos tipos de quitarme de en medio.

Iba a esperar a que salieran para seguir a alguno hasta que se me ocurrio que ahora que estaban aqui reunidos seria el momento de vigilar que hacia la fria Frida. Pasaria primero por la casa comunitaria que compartia con Martin y otros como el, aunque a estas horas estaria limpiando en casa de Fred y Karin. Tendria que actuar con cuidado porque por lo que me habia contado Sandra debian de haber distribuido mi foto entre la gente de la Hermandad. Seria una manera de prevenirse contra mi o de pedir mi cabeza. Desconocia hasta que punto sabrian quien era yo cuando ni siquiera mi propia gente lo sabia, aunque lo podrian haber deducido facilmente por el hecho de que tuviese tanto interes en ellos alguien de su edad, alguien a quien no podrian enganar.

Sandra me habia dicho que Frida trabajaba tres horas diarias, de ocho a once, y que a veces se quedaba mas tiempo si era necesario. Asi que me situe junto a la plaza mirando hacia Villa Sol. Eran las once menos diez y solo tuve que esperar hasta las once y cinco. Entonces la vi cerrando la verja y montando en la bicicleta. Deje que se adelantara bastante y fui tras ella. Enseguida comprendi que iba camino de la casa de Otto y Alice. La gran puerta negra del numero 50 se abrio, entro, espere un rato hasta que pense que era una tonteria montar guardia, seguramente Frida tambien estaria limpiando esta casa. Pero, no, habia hecho bien en esperar, a veces la intuicion es mas poderosa que la razon, me lo confirmo el ver como salia un Audi macizo y brillante. Lo conducia Frida y Alice iba a su lado.

?Adonde irian? Temia que Frida me descubriese y me reconociese, asi que callejee detras de ellas, lo mas distante que podia y con el corazon en un puno, hasta la carretera principal. En una calle junto al puerto, se detuvieron ante una pequena tienda de artesania de nombre Transilvania. La primera que salio del coche con una agilidad pasmosa fue Alice. Llevaba una melena lisa entre castana y rubia a la altura del cuello, tan perfecta que parecia una peluca, y unos vaqueros debajo de un chaqueton de piel, quiza excesivo para este clima pero muy a tono con el Audi. Por sus andares nadie le habria echado mas de cincuenta anos. Frida enseguida llego a su altura, exhibia sus fuertes piernas enfundadas en unas mallas negras debajo de los pantalones cortos, una vestimenta desconcertante. Miro hacia atras para controlar la calle pero no pudo verme. Pasaron Alice delante y Frida detras. Al rato salieron con una caja de carton que llevaba Frida en los brazos. La caja iba cerrada, no era la tipica caja que solo sirve para llevar las cosas hasta el coche, yo habia usado muchas cajas de esta forma. En el supermercado muchas veces me ponian la compra en una caja para que la transportara mas facilmente, pero no era este el caso. Durante un instante dude si ir tras ellas o entrar en la tienda. En esta ocasion pense con cierta rapidez que la tienda seguiria aqui por la tarde. Maniobre con una pericia que me asombro, sin miedo a rozar al de detras, ni a nada. Si le contase a Leonidas, mi amigo de Buenos Aires, las aventuras que estaba corriendo, mientras el jugaba la partida, no se lo creeria. No me moleste en disimular que las seguia. Iban hablando tan acaloradamente que no se fijarian en mi.

Casi tardamos media hora en llegar a los apartamentos Bremer. Puro lujo, una fortaleza con una estricta vigilancia a la entrada. Incluso los olores y ruidos que saltaban por los muros de flores tenian un estilo mas adinerado que el resto.

Pero ?como saber si estaba en lo cierto, si lo que habian recogido en la tienda eran las famosas inyecciones? Todo eran suposiciones. Estaba tan nervioso pensando en los resultados del laboratorio que no podria estarme quieto.

Los vigilantes del complejo Bremer levantaron la barrera para que entrara el brillante y largo Audi de Alice. De alguna forma parecia que Salva me iba guiando desde el pasado. Me prepare para esperar dentro del coche con la botella de agua al lado, no tenia otra cosa mejor que hacer ni otro sitio mejor en el que estar. ?Habria hecho estos mismos recorridos mi amigo Salva? No se como se las arreglaria sin conducir y teniendo que depender de taxis. Debio de resultarle muy dificil. Yo por lo menos llevaba un coche y no dependia de nadie. Crei que Salva en mi caso habria hecho lo mismo que yo.

Despues de una hora me adormilaba dentro del coche y puse la radio. De vez en cuando daban noticias de lo que ocurria en el mundo, al contrario de esto, que tambien ocurria pero que no era noticia. No tenia prisa, Alice no podia quedarse en un lugar que no era su casa eternamente, en algun momento tendria que salir. Y efectivamente, a eso de la una y media, salieron Alice y un viejo playboy con un traje de lana gris marengo y

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